Blockchain

Blockchain, ¿qué tenemos que saber sobre la cadena de bloques?

Aún se nos pone un gesto de extrañeza cuando nos topamos con este término. Sabemos que esta innovación tecnológica depara cambios y oportunidades, pero no es como las demás. El término Blockchain no invita a imaginar usos sorprendentes en mundos futuros, como ha sucedido con tantos otros avances cuya utilidad nos resultaba más comprensible. Entonces, ¿por qué tenemos que saber qué es la “cadena de bloques”?

En primer lugar, porque es interesante. Es una de las ideas más revolucionarias e ingeniosas que nos ha deparado el mundo digital en los últimos años. No está destinada a mejorar la vida de un individuo de forma aislada, como sí lo hacen los smartphones o los dispositivos wearables. Pero sí encierra un potencial importante para transformar las maneras en las que se organizan las instituciones públicas y privadas, y en consecuencia la sociedad en su conjunto.

En segundo lugar porque es el futuro. O el presente, si pensamos como el escritor Wiliam Gibson, para quien el futuro está en el presente, pero mal repartido. Bitcoin, esa inquietante moneda que no está respaldada por ningún gobierno y cuyos tenedores pueden vivir gratamente en el anonimato, es uno de los productos estrella basados en la tecnología Blockchain.

Blockchain va de cómo hacer listas de datos, así de sencillo. Algo tan simple como un historial médico es una lista. Las bases de datos son listas. Los registros de la propiedad, también. Las listas nos sirven para organizarnos, para acreditar hechos, como que poseemos capital en el banco, para registrar nuestra vivienda, para saldar los impuestos y deudas, para guardar nuestro expediente académico, para casi cualquier cosa.

Las listas son importantes porque acreditan a qué tenemos derecho y a qué no. Nuestra sociedad se organiza mediante listas, toda la actividad productiva se basa en ellas, y para que todo funcione bien las listas han de ser fiables, consistentes, deben estar protegidas y ser incorruptibles, especialmente algunas de las mencionadas.

Las listas tienen la credibilidad de las instituciones que las administran. De hecho, la única razón de ser de muchas organizaciones es el mantenimiento de dichas listas. Los bancos, los registros de la propiedad, las fábricas estatales de moneda, etc. sirven para mantener las listas (podríamos sustituir la moneda por una lista en la que se anota la cantidad acaudalada por cada individuo). Sin esta protección, las listas no tendrían valor alguno y nuestra capacidad de organización se vería muy restringida. ¿A quién no le apetecería modificar su expediente académico?

Blockchain también sirve para crear listas seguras. La particularidad es que permite crearlas sin ninguna institución que las administre, ningún intermediario. Las listas Blockchain se crean de forma distribuida y están disponibles en abierto para todo el mundo. Además, nadie las puede corromper, son como una cadena sólida en la que solo se puede añadir bloques de información en los extremos. Esto se logra al estructurar la información de modo que cada bloque de datos que se añade a la lista está entrelazado criptográficamente con los anteriores.

Para entender esto, hay que explicar dos ideas. Supongamos que los bloques son meras frases de texto. El primer bloque, por ejemplo, sería “Universidad Loyola Andalucía”. A partir de esta frase, haremos una operación criptográfica muy común en informática parecida a una “digestión de los datos”. Esta operación me permite calcular una serie de letras de longitud fija a partir de dicha frase, llamada digest, o hash. Por ejemplo, el algoritmo de digestión MD5 aplicado a la frase “Universidad Loyola Andalucía” nos daría el hash “a709d06e082fff6168e2b42998187cfc”.

Esta información aparentemente incomprensible sirve para proteger el mensaje original. Si alguien trata de modificar el mensaje, y no tiene manera de actualizar el hash (que se su pone que se ha hecho público por una vía diferente), los lectores detectarán fácilmente que la información está corrompida.

El hash, al tener longitud fija (32 caracteres en MD5), independientemente del mensaje original, sirve tanto para verificar la integridad de una breve frase como para las memorias de Chateaubriand. Además, el proceso es irreversible. Sería imposible recomponer la obra literaria a partir de esos extraños caracteres, de hecho la mayor parte de la información se pierde en el proceso. Pero si cambiamos una sola letra del mensaje original, cambaría el hash, y de ahí la utilidad a la hora de proteger la integridad.

La siguiente herramienta necesaria es la firma digital. El hash se puede utilizar para firmar, para comprobar la autenticidad de un documento. Si redactamos un documento con implicaciones legales, generamos su hash MD5, y después encriptamos este último con una clave secreta o privada, estaremos firmando digitalmente el documento. Esta clave secreta nos identifica de manera única, y forma parte de un ingenioso mecanismo que emplea dos claves: una privada, que solo la tengo yo, y una pública que todo el mundo sabe que es mía. La privada se usa para encriptar, mientras que la pública desencripta.

Cuando una persona recibe un mensaje con un hash encriptado, puede desencriptar el hash mediante la clave pública del remitente. Si el resultado es un hash que se corresponde con el del el texto recibido, entonces queda garantizado que el remitente es quien dice ser, pues esto solo lo pudo hacer si poseía la clave privada. Este sistema se usa hoy en día intensivamente en las comunicaciones por Internet, y nos permite acreditar nuestra identidad digital sin que intervenga ningún poder público.

Blockchain no es más que una cadena bloques de datos, algunos firmados digitalmente, en el que cada elemento debe contener un hash del bloque anterior. Por ejemplo, si el primer bloque es “Universidad Loyola Andalucía”, y queremos añadir a continuación “Campus Palmas Altas”, el segundo bloque, para ser válido debería modificarse y contener “Campus Palmas Altas a709d06e082fff6168e2b42998187cfc”. Para un tercer bloque, tendríamos que generar un hash para esto último, y así sucesivamente. Una vez construida la cadena, no podremos alterar ningún elemento intermedio sin romper la integridad de los hash.

Blockchain y moneda Bitcoin

La moneda Bitcoin es viable porque se basa en una lista Blockchain, pública, que registra todas las transacciones que se han hecho con la misma. Al estar registradas todas las transacciones, se puede comprobar cuántos Bitcoin posee cada persona.

Para el funcionamiento de una moneda, no basta con la integridad de la lista, también hace falta una identificación inequívoca de la autoría de las transacciones (que se logra mediante el mecanismo de clave pública/privada, y no requiere identificación legal, o estatal, de la persona física involucrada), y una manera de aumentar el dinero disponible. Esto último se logra mediante un costoso y lento procedimiento de cálculo denominado “minería”, que pueden realizar empresas que destinen recursos para ello, y obtengan beneficios a cambio.

Aunque se evitan los detalles de este proceso por brevedad, la minería de Bitcoin se hace en un mercado competitivo, y de nuevo, no requiere ningún organismo centralizador. Las propiedades criptográficas de los algoritmos garantizan la aparición de competidores dedicados a la creación de nueva moneda.

La esencia de Blockchain es la descentralización. Se pretende que las listas salgan de las instituciones, no porque se desee derribarlas, sino porque las listas se crearían y mantendrían con mucho más dinamismo que el actual, y aparecerían numerosas aplicaciones nuevas. Una de ellas se encuentra en las cadenas de suministro globales. Actualmente, un producto tecnológicamente avanzado puede formarse a partir de componentes y procesos con origen en más de 20 países.

Una cadena Blockchain de todos los procesos implicados permitiría hacer un seguimiento mucho más fiable de los pasos de la fabricación, así como de la calidad del mismo, sin necesidad de un intermediario que se encargue de recabar estos datos en cada ubicación.

Puede que haya un pensamiento utópico detrás de esta idea, como lo ha habido detrás de Facebook y Twitter. Y por supuesto, esta manera de operar, totalmente distribuida, comporta sus riesgos, dado que no hay ningún organismo responsable en caso de conflicto. Pero grandes compañías como IBM o JP Morgan, destinan actualmente importantes recursos a desarrollar y posicionarse adecuadamente en el universo de Blockchain, lo cual refuerza la idea de que los eslabones están ganando solidez.

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