Una revisión crítica del Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU (TTIP)

Análisis del tratado de libre comercio entre EEUU y UE (TTIP)

Desde el fracaso de la Ronda de Doha en 2001 ha habido una evolución hacia acuerdos regionales de comercio, cuyo número, a escala global, alcanza los trecientos en la actualidad, cuando en 1990 eran aproximadamente setenta.

De todos ellos, el Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (TPP) y el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) son los más relevantes. El TTIP es una propuesta de tratado de libre comercio entre EE. UU. y la UE. Ambos representan una nueva generación de acuerdos comerciales no tan orientados hacia el desmantelamiento de las barreras comerciales y sí más al abordaje de problemas más complejos.

A finales del año 2011, algunos líderes europeos y americanos se plantearon la posibilidad de implementar políticas que ayudasen a incrementar el comercio y la inversión entre la UE y EE.UU. Sin embargo, las negociaciones no se iniciaron hasta mediados del 2013, sin que la opinión pública internacional haya tenido apenas conocimiento de tal hecho.

En la web de representación de la Comisión Europea en España se recoge la siguiente información acerca del TTIP: “El TTIP tiene como objetivo eliminar las barreras comerciales entre los EE.UU. y la UE (suprimir aranceles, normativa innecesaria, restricciones a la inversión, etc.) y simplificar la compraventa de bienes y servicios entre estos dos espacios. Eliminar esas barreras supondrá crecimiento económico, creación de empleos y una disminución de los precios”.

Filosofía del Tratado de Libre Comercio

Pero, ¿cuál es la filosofía que persigue este Tratado? En diversos documentos, elaborados por diferentes centros de estudio, se exponen las razones que motivan el acuerdo comercial, que son de diversa índole: desde la más pura razón comercial y económica, pasando por las humanísticas, las éticas o las medioambientales.

En definitiva, lo que se pretende para ambas zonas es que los controles de multitud de productos sean los mismos, o que los niveles de calidad de casi todo (diseño, etiquetado de los productos, etc.) estén armonizados, o que, al menos, exista un reconocimiento mutuo. En definitiva, ambas partes pretenden suprimir las barreras al comercio, especialmente las no tarifarias, es decir, todas aquellas que tienen que ver con la diferentes normas y estándares de calidad, la salud, el medio ambiente o las denominaciones de origen, que dificultan el comercio entre las dos potencias económicas.

El resultado de las negociaciones en curso va a afectar a una gran cantidad de aspectos y sectores de interés para la ciudadanía, como el agrícola, la alimentación, la regulación del empleo de substancias tóxicas, la contratación pública, los servicios o la coordinación en materia de regulación.

Según fuentes oficiales (gobierno estadounidense y UE), con estas iniciativas se promovería el libre comercio al mismo nivel que lo haría la reducción de aranceles, al aumentar el tamaño del mercado y favorecer la circulación de bienes y servicios. Todo ello se traduciría en la generación de beneficios económicos generales, de beneficios sectoriales, en la reducción de las barreras no arancelarias, en la mejora del mercado de trabajo y en una mayor contribución al desarrollo sostenible.

Una vez que esté operativo el TTIP será, con mucha diferencia, el acuerdo político y comercial más ambicioso que se va a implementar a escala global. El mismo no sólo establecerá una nueva forma de entender las relaciones comerciales, si no que modificará nuestra realidad afectando directamente a cuestiones tan relevantes como las relaciones sociales, económicas o laborales, el medioambiente o las cuestiones de salud pública. Sin embargo, a estas alturas, no deja de sorprender la falta de debate, de información y de diálogo que los gobiernos implicados y determinados grupos de control han impuesto sobre las negociaciones del Tratado.

Parece lógico que tal situación haya despertado las sospechas, el recelo y el rechazo de gran parte de la opinión pública y de muchos colectivos, dado el alto nivel de secretismo y la falta de transparencia y de credibilidad que caracterizan a todo el proceso, circunstancias que quedan justificadas todas por la gran cantidad de intereses privados que están en juego.

En EE.UU. el grueso de las protestas contra el TTIP tiene como referente principal las pérdidas de puestos de trabajo que supuso la puesta en funcionamiento del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, EE.UU. y México) y la incorporación de China a la OMC en 2001. Por su parte, en la UE las quejas pretenden denunciar el poder que ejercen las multinacionales norteamericanas, temiendo que se les permita a éstas suavizar la exigente normativa comunitaria, y las implicaciones negativas que pueda tener el TTIP sobre las normas de control de alimentos y la gestión del medio ambiente que, como ya se ha apuntado, son más exigentes en el marco de la UE.

Con toda la contundencia, debemos exigir el esclarecimiento de las condiciones en las que se están desarrollando las negociaciones y que se informe a la opinión pública sobre los contenidos de todos los documentos, estudios y recomendaciones que se están manejando y considerando a lo largo del proceso, pues, por el momento, son numerosas las preguntas sin respuesta:

¿Son fiables las predicciones que se están haciendo sobre los resultados del acuerdo?, ¿Recaerán todos los “beneficios” sobre el conjunto de la población?, ¿Están en peligro las soberanías nacionales?, ¿Qué impacto tendrá en las economías nacionales y familiares la implantación del TTIP?, ¿Se va a producir una pérdida de derechos?, ¿Afectará su aplicación a la calidad democrática de los diferentes países afectados?, ¿Aumenta el riesgo sobre nuestra salud y la del medio ambiente, a escala global, con medidas como las que se van a proponer en el marco de este Tratado?

Todas ellas demandan respuestas claras y comprensibles.

Luis Amador

Luis Amador

Profesor titular del Departamento de Economía. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba. Procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA) donde lleva impartiendo clases en asignaturas vinculadas al área de economía desde 1988. Ha sido Secretario del Departamento de Economía, Ciencias Jurídicas y Sociología (Facultad de CC. EE. y Empresariales-ETEA) y Coordinador del Programa de Doctorado “Planificación, Dirección y Entorno Económico-Social de la Empresa (Universidad de Córdoba). Investigador en temas relacionados con el turismo y el desarrollo sostenible. Desde su creación (año 2000) es miembro del Observatorio de Sostenibilidad de la Provincia de Córdoba, órgano promovido por la Diputación de Córdoba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *