Economía española siglo XXI, Quo Vadis?

Apostar por un sistema económico sostenible en España

Existen ya suficientes evidencias para admitir que la expansión indiscriminada de la producción de bienes y servicios está acarreando costes medioambientales y sociales que ponen en peligro la supervivencia a escala global. Además, si a partir de cierto umbral la mayor disponibilidad de bienes y servicios no implica necesariamente más bienestar para las personas, qué sentido tiene seguir incrementando indefinidamente la producción material cuando, además, dicha progresión hace aún más evidentes los límites y las carencias medioambientales de esta pauta, revelando así su naturaleza insostenible.

En razón a ello, desde hace algunos años instituciones y organismos internacionales (la UE, la OCDE, las Naciones Unidas o el mismo Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) han propuesto iniciativas para impulsar un cambio de modelo productivo que permita la desmaterialización, la descarbonización y la desenergización de las economías.

A lo largo del siglo XX el aumento de la producción material también ha desencadenado en España procesos de transformación y destrucción del entorno natural. Desde mediados del siglo pasado la economía española ha expandido de manera notable su potencial productivo y, con ello, su huella ecológica, es decir, el volumen de recursos naturales (renovables y no renovables) demandados directa o indirectamente y el nivel de emisiones y vertidos contaminantes.

Se trata pues de un modelo económico que durante el último medio siglo ha puesto de manifiesto su gran dependencia del medio natural para la producción de bienes y servicios. Más recientemente, tras el desencadenamiento de la crisis económica, se han agudizado las debilidades del mencionado modelo, lo que va a provocar un agravamiento de la insostenibilidad tanto socioeconómica como medioambiental. Por todo ello, se puede calificar al modelo de crecimiento económico español como no sostenible.

Las decisiones políticas han de considerar, de forma equilibrada, los procesos sociales, económicos y medioambientales. La conservación y la preservación del medio ambiente han de incorporarse a las prioridades de las reformas que se implementen de cara a superar la crisis económica, para evitar así que se perpetúe este modelo de crecimiento inviable. De igual manera, es necesario integrar los objetivos de desarrollo sostenible en los planes de los diferentes sectores productivos.

En definitiva, se trata de vincular más estrechamente las políticas medioambientales y los diferentes instrumentos de la política económica. Sin embargo, en España no se está incorporando esta orientación a las nuevas políticas con la determinación necesaria, lo que implica que los objetivos en materia de sostenibilidad social y medioambiental no hayan quedado integrados convenientemente en los programas de reformas que se han ido implementando.

Quizá uno de los ejemplos más evidentes de tal circunstancia lo represente la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODS) asociados a ella. Ya hace dos años que se aprobó esta Agenda, pero salvo algunas autonomías con estrategia propia, el país sigue sin hoja de ruta definida para lograr las metas y los objetivos establecidos.

Sistema económico sostenible

La orientación hacia un sistema económico sostenible es una cuestión de supervivencia, como ponen de manifiesto numerosos estudios y demanda la situación de grave deterioro que experimenta la biosfera a escala planetaria. Nos enfrentamos a grandes retos en lo relativo a la protección y conservación del medio ambiente, a la gestión eficiente y racional de los recursos naturales y a la lucha contra el cambio climático.

Ahora, más que nunca, la sociedad española debe exigir que se asuman colectivamente estos retos optando por un modelo de desarrollo sostenible que haga compatible la actividad económica con el aumento del bienestar social y el cuidado del medio ambiente.

Por lo tanto, hay que proponer un nuevo modelo económico, sustentado en un paradigma que incorpore la lógica del desarrollo sostenible, para avanzar hacia una economía perdurable, ecoeficiente y equitativa. Hemos de reorientar el desempeño de nuestra economía para contribuir así a superar una crisis mucho más grave, la ecológica, que no es solo nacional sino global y que exige un compromiso común y universal.

Luis Amador

Luis Amador

Profesor titular del Departamento de Economía en la Universidad Loyola Andalucía. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba. Procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA) donde lleva impartiendo clases en asignaturas vinculadas al área de economía desde 1988. Ha sido Secretario del Departamento de Economía, Ciencias Jurídicas y Sociología (Facultad de CC. EE. y Empresariales-ETEA) y Coordinador del Programa de Doctorado “Planificación, Dirección y Entorno Económico-Social de la Empresa (Universidad de Córdoba). Investigador en temas relacionados con el turismo y el desarrollo sostenible. Desde su creación (año 2000) es miembro del Observatorio de Sostenibilidad de la Provincia de Córdoba, órgano promovido por la Diputación de Córdoba.

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