La regulación del mercado laboral en España: ¿perspectivas de reforma?

En el tema de la regulación del mercado laboral en España, ¿hay perspectivas de reforma?

La reciente crisis económica y financiera, generadora de una intensísima expulsión de trabajadores de nuestro mercado de trabajo (sobre todo de ocupados temporales), puso gravemente en tela de juicio el estado de la regulación. Algunos estudiosos y reformadores se inspiraron entonces en el éxito de países como Dinamarca, promotores de un principio llamado flexicurity, que combinaba una escasa protección frente al despido con generosos subsidios al desempleo y, sobre todo, con unas eficientes e intensas políticas activas.

La reforma laboral con la que se dio respuesta en España a este desafío (aprobada en 2012) puso en marcha una serie de transformaciones bien conocidas por todos, que abundaron mucho más en la flexibilización del mercado (flexi-) que en contener la precariedad y la marginación social (-curity), en parte a causa de unos recursos fiscales muy limitados.

Ya en nuestros días, el nuevo gobierno del PSOE manifestó inicialmente su voluntad de derogar la reforma liberalizadora aprobada en el año 2012. Sin embargo, ante las dificultades planteadas por la aritmética parlamentaria, se adoptó finalmente una actitud menos ambiciosa, que sólo trató de intervenir para reforzar la inspección del cumplimiento de derechos, junto con la transmisión de información dentro de las políticas activas de empleo.

¿Cómo regular el mercado laboral?

No obstante, se habla a menudo de la necesidad de emprender reformas de calado a partir del año 2020, cuando el ejecutivo espera fortalecer su posición en las cámaras legislativas.

La pregunta que nos formulamos en este monográfico es: ¿cabe esperar a medio-largo plazo algún tipo de reforma que aborde la segmentación laboral entre trabajadores indefinidos y temporales, aproximando sus costes de despido? Basamos nuestra respuesta en una perspectiva de economía política, tratando de prever la posición futura de sindicatos y gobierno al respecto de la protección del empleo.

Este es un problema crucial para la adopción de un nuevo modelo productivo que apueste por el desarrollo tecnológico, ya que hoy se mantienen marginados multitud de potenciales trabajadores jóvenes, decisivos (por su cualificación media) para todo impulso que decidiera transformar nuestra estructura productiva.

Basándonos en la composición actual de la población activa, podemos esperar que la posición actual de los sindicatos no varíe a este respecto, máxime cuando se está recuperando la proporción de ocupados por tiempo indefinido (ver gráfico 1); y, sobre todo, cuando un cuantioso colectivo de temporales y desempleados continúan excluidos de las elecciones sindicales.

proporcion trabajadores indefinidos sobre poblacion activa
Gráfico 1

Por lo tanto, la actitud racional por parte de un sindicato que aspira a ser reelegido es promover la estabilidad en el empleo de su propio electorado, en este caso compuesto mayoritariamente por trabajadores indefinidos, de edad madura y con una cualificación (sólo) moderadamente adaptada a las nuevas tecnologías.

Por consiguiente, una nueva reforma liberalizadora sólo puede provenir de un gobierno dispuesto a amenazar el statu quo vigente. Esto tampoco cabe esperarlo a medio plazo del ambiente electoral, a no ser que se deje sentir la presión de un 30% de potenciales trabajadores hoy inactivos, quienes podrían apoyar la posición de otro 30% de temporales y desempleados frente a los intereses de los indefinidos (ver gráfico 2). Es decir, la incógnita política procede del juicio incierto de la población inactiva en edad de trabajar. ¿Qué podemos decir acerca de las inclinaciones políticas de empresarios, autónomos y ejecutivos en este sentido?

Situación del mercado laboral en España
Gráfico 2

A este respecto, es llamativo que cerca de un 40% de autónomos y grandes empresarios se declaren contrarios a una desregulación del mercado, a juzgar por recientes encuestas al respecto. Esta actitud es mucho menos frecuente en países de nuestro entorno europeo.  

¿Cuáles pueden ser las razones de ese 40%? El economista Juan José Dolado insinúa que estos agentes podrían utilizar la rigidez del mercado como barrera de entrada frente a sus competidores potenciales. Una hipótesis cuya comprobación científica sería ciertamente interesante.

En cualquier caso, las perspectivas a medio-largo plazo para introducir reformas institucionales de calado no son halagüeñas, lo que nos lleva a pensar que los promotores diversos de nuestro crecimiento económico deberán remar en contra de las agitadas aguas del mercado laboral.

Adolfo Cristóbal

Adolfo Cristóbal

Profesor auxiliar del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Alcalá (Madrid), y Titulado Superior en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona y Boston University, es Doctor en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid. Becario de La Caixa para realizar estudios de postgrado en EE.UU. Ganador del premio Rosenstein Rodan concedido por el IDE, Boston University. Ha sido profesor ayudante en Tbilisi (Georgia) y Ekaterinburgo (Federación Rusa), además de profesor visitante en los Emiratos Árabes Unidos. Investigador en temas relacionados con el crecimiento económico, la movilidad de factores productivos y la formación de capital humano.

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