Sinergias público-privadas para recuperar una senda de crecimiento en Andalucía

Sinergias público-privadas para recuperar una senda de crecimiento en Andalucía

Es un hecho contrastado: Andalucía hoy sale de la crisis, pero lo hace creciendo a menor ritmo que España en su conjunto; del mismo modo que en su día se vio especialmente afectada por el desplome inmobiliario. Analicemos, por tanto, las sinergias público-privadas para recuperar una senda de crecimiento en Andalucía. 

Ya desde hace décadas todo apunta a que las regiones más pobres de Europa crecen más despacio que las más ricas dentro de cada país, aunque los países en su conjunto convergen entre sí en términos de renta per cápita.

Muchas son las hipótesis que se han aventurado para dar cuenta de esta realidad. Pero aún más importante que destacar las causas del fenómeno es proponer soluciones. Sin embargo, desde Andalucía la actitud predominante es de cierto conformismo: se aboga por hacer productivo el modelo ya existente, sin aventurarse en grandes transformaciones sectoriales. Las resistencias sociales y políticas al cambio parecen excesivas, y desde el empresariado existe – quizá con razón- un recelo hacia la actividad reguladora del sector público, cuya imagen es principalmente la de un agente paquidérmico y burocratizado.

Política industrial

La política industrial europea de hoy en día es fundamentalmente horizontal. Es decir, se trata de crear un mejor “campo de juego” para el empresario en términos generales, destacando la promoción de la I+D acompañada de la mejora en las cualificaciones laborales. Más adelante, serán las fuerzas del mercado las que seleccionen las empresas y sectores ganadores y perdedores, en términos de aprovechamiento de la infraestructura provista por las instituciones. Por lo tanto, se confía en la neutralidad del sector público como herramienta para promover la eficiencia y rehuir la captura por parte de los grupos de interés privado.

No obstante, toda política industrial, aunque sea a priori horizontal, esconde un componente vertical. Si se promueve el capital humano de calidad, por ejemplo, se beneficia especial e implícitamente a determinados segmentos de la población. Y así sucede con casi toda iniciativa política. Por lo tanto, ¿por qué no “dejar las cartas sobre la mesa”, volcándonos sobre las ramas de actividad que consideremos prioritarias?

El estado puede jugar un papel identificador de prioridades, y también facilitador de recursos para quienes asumen riesgos, ampliando el aprendizaje colectivo sobre los nichos de mercado disponibles.

Entretanto, el mercado suministra los precios que actúan como señales para identificar las ventajas comparativas de cada territorio, que deben ser exploradas empíricamente, a través de un diálogo fluido entre la administración y el empresariado. La economista italo-estadounidense Mariana Mazzucato conecta esta actitud de sinergia público-privada con el surgimiento de internet, la biotecnología o la nanotecnología, en países cuyos estados han tenido confianza en sí mismos. Al mismo tiempo, Justin Yifu Lin previene sobre la industrialización acelerada en países en vías de desarrollo que adoptan estrategias similares.

¿Está Europa lastrando su potencial tecnológico y su productividad por carecer de una orientación mayoritaria de esta naturaleza? Es difícil probarlo, pero la intuición sugiere que mirar a otras regiones con similar estructura factorial y un desarrollo económico levemente superior puede ser aconsejable, escogiéndose entre sectores allí maduros que puedan resultar punteros para nosotros. Identificar empíricamente tales sectores debiera ser quizá materia para otro post.

Adolfo Cristóbal

Adolfo Cristóbal

Profesor auxiliar del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Alcalá (Madrid), y Titulado Superior en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona y Boston University, es Doctor en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid. Becario de La Caixa para realizar estudios de postgrado en EE.UU. Ganador del premio Rosenstein Rodan concedido por el IDE, Boston University. Ha sido profesor ayudante en Tbilisi (Georgia) y Ekaterinburgo (Federación Rusa), además de profesor visitante en los Emiratos Árabes Unidos. Investigador en temas relacionados con el crecimiento económico, la movilidad de factores productivos y la formación de capital humano.

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