¿Llega una nueva oleada de fusiones bancarias?

Existen muchos rumores acerca de la posibilidad de fusiones bancarias entre entidades no sólo españolas, sino también europeas.

En los últimos meses estamos asistiendo a un número creciente de noticias y rumores acerca de la posibilidad de fusiones bancarias entre entidades no sólo españolas, sino también europeas. Igualmente, desde algunos ámbitos (en concreto, los reguladores y supervisores) se ve con buenos ojos este proceso, alentando tanto la realización de operaciones entre instituciones dentro de los países, como las de tipo transfronterizo.

Tras varios años de relativa “calma”, parece que el tema ha salido de nuevo a la actualidad y es objeto de atención creciente. ¿Qué es lo que ha cambiado recientemente y por qué de nuevo hay interés en este tipo de movimientos?

Por comenzar en un punto concreto, si nos centramos en nuestro país, este tipo de operaciones no es ni mucho menos algo reciente. Con la vista puesta en hacer frente a lo que fue inicialmente el Mercado Común bancario y, posteriormente, la por entonces futura creación de la Unión Económica y Monetaria, ya en los últimos años del siglo XX se produjeron varias oleadas de fusiones que provocaron un crecimiento importante de la concentración bancaria en España.

Más cercano en el tiempo, el proceso de reestructuración bancaria acometido en España como consecuencia de las dificultades en las que se encontraron las instituciones bancarias llevó a que, entre 2009 y 2018, el número de entidades de depósito españolas se redujera drásticamente.

En estos últimos años, el proceso de reducción en el número de entidades del sistema bancario fue la forma de enfrentarse a problemas como la pérdida de valor de sus activos, especialmente de aquellos relacionados con el sector inmobiliario, el notable aumento de la morosidad, la disminución del negocio como consecuencia de la fuerte caída de la actividad económica, y el exceso sobrevenido del número total de oficinas, a lo que se unió la existencia de un excesivo número de cajas de ahorros, las cuales, debido a su peculiar estructura jurídica, tenían mayores dificultades para obtener recursos propios en los mercados.

La diferencia entre los cambios que comentamos ahora y los acontecidos a finales del siglo XX estriba fundamentalmente en el contexto económico existente en ambos momentos y en la situación por la que atravesaban las entidades que acometieron las fusiones, muy diferente también.

Centrándonos en los últimos meses, y volviendo de nuevo al comienzo de este post, cabe preguntarse cuáles son las circunstancias que explican que de nuevo este tema haya saltado a la actualidad y las posibles operaciones sean objeto de atención y debate. Para contestar a esta cuestión, en primer lugar, haremos referencia a cuáles son los motivos por los que habitualmente se han realizado las fusiones bancarias; en segundo término, comentaremos qué contexto explica actualmente que las entidades se planteen realizarlas de nuevo y cuáles serían las posibles uniones que se comentan en el panorama nacional.

¿Por qué se realizan fusiones bancarias?

Respecto a la primera parte, de forma muy resumida, las entidades de depósito se han planteado en el pasado aumentar su tamaño mediante la unión con otras bien como una forma de prepararse y defenderse ante una mayor competencia, o bien para mejorar sus ratios, ganando eficiencia y productividad mediante el ahorro de costes y las ganancias de rentabilidad. Otra razón que ha explicado ha sido la situación de debilidad de algunas instituciones, lo que ha provocado que deban unirse a otras en mejor situación, las cuales han aprovechado las sinergias que estas uniones les proporcionaban para acometer procesos de ajuste.

En cuanto al contexto actual que puede explicar por qué de nuevo se plantea la necesidad de aumentar el tamaño de la banca europea, cabe hacer referencia a varios factores, si bien debemos tener presente que, en general, ninguno de ellos es nuevo o de reciente aparición, sino que están presentes desde hace algún tiempo.

El primero de ellos es la necesidad a la que se enfrentan las entidades de fortalecer sus balances, especialmente para dar una respuesta adecuada a las exigencias de la regulación, que cada vez en mayor medida les exige aumentar su solvencia para evitar que el sector bancario sufra un debilitamiento que pueda poner en riesgo al conjunto de la economía.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es la necesidad que tienen las entidades de reajustar sus estructuras de funcionamiento, especialmente en lo que se refiere a su presencia en el mercado, sobre todo debido a la creciente importancia de los procedimientos y mecanismos aparecidos de la mano de la revolución tecnológica. Por último, un tercer factor que como los anteriores está presente desde hace tiempo, es la necesidad de mejorar la rentabilidad del negocio bancario.

Entrando un poco más a fondo en este último aspecto, debemos tener presente que la mayoría de los bancos cotizados en España no son todavía lo suficientemente rentables como para cubrir el coste del capital, aunque son más rentables que muchos de sus competidores europeos. La mejora de la rentabilidad, que implica un aumento de los beneficios, puede conseguirse tanto desde el lado de los ingresos (creciendo no sólo en los de tipo financiero, sino también en los derivados de las comisiones), como desde el lado de los costes, reduciéndolos para ser más eficientes.

Y aquí es donde entra en juego un elemento de reciente aparición, que es la decisión del Banco Central Europeo de aplazar las subidas de los tipos de interés, ya que la prolongación de la fase de tipos bajos implica que la etapa de márgenes reducidos y beneficios moderados en el sector se va a alargar aún más, por lo que la búsqueda de la mayor rentabilidad tendrá que venir en algunos casos de los aumentos en la dimensión de las instituciones financieras y las ganancias en las economías de escala derivadas de este proceso.

Las ganancias de rentabilidad que pueden venir desde el lado de los ingresos pasan por planes estratégicos que no tienen resultados inmediatos, pues implican decisiones que tienen efectos a más largo plazo, tales como la apuesta por la diversificación de ingresos ampliando el negocio en el exterior o la potenciación de otras áreas de negocio como la de “bancaseguros” y la gestión de activos.

En este contexto, la estrechez de los márgenes, la menor demanda de crédito por el empeoramiento de las perspectivas económicas y la mayor vigilancia sobre las inversiones en préstamos al consumo por parte de los supervisores para evitar nuevos problemas de morosidad como los sufridos en el pasado, empujan a los bancos a ser más eficientes en los costes. Y en este proceso es donde parece que continuarán teniendo un papel clave las fusiones pues permiten obtener economías de escala a la hora de realizar inversiones en tecnología para profundizar en la transformación digital y reducir costes tanto en los servicios centrales como en la red de oficinas resultante de la suma de las entidades fusionadas.

Fusiones bancarias fuera de España

Los elementos que hemos indicado están presentes tanto en España como en otros países europeos aunque, como hemos indicado, parece que la presión para abordar movimientos de concentración es mayor en mercados distintos al español, pues en éste los niveles de rentabilidad y eficiencia son superiores a la media europea, como consecuencia especialmente de los reajustes efectuados en los últimos años y la mayor concentración tras el proceso de reestructuración bancaria llevado a cabo. Por este motivo, un factor clave que no debe olvidarse es la opinión de los supervisores y reguladores europeos. A este respecto, podemos destacar algunas ideas, que comentamos a continuación.

A nivel europeo, la opinión es favorable a los movimientos de concentración; así, en el Informe anual sobre las actividades de supervisión del BCE, puede leerse que las integraciones «permiten reducir costes y alcanzar cuotas de mercado y presencia geográfica difíciles de lograr de forma orgánica». Igualmente, se observa que estos movimientos son especialmente interesantes si tienen carácter transfronterizo: “las fusiones transfronterizas dentro de la zona del euro podrán reportar tres beneficios principales. (…) intensificarán la integración financiera en la zona (…), los ahorradores tendrán más opciones para invertir su dinero, y las empresas y los hogares podrán recurrir a más fuentes de financiación (…); la compartición de riesgos mejorará, redundando en una mayor estabilidad y eficiencia de la economía de la UE”.

A pesar de ello, reconocen las dificultades de este tipo de uniones debido a la ausencia de una verdadera unión bancaria (falta el pilar de un único fondo de garantía de depósitos europeo además de que subsisten claras especificidades nacionales que dificultan estas operaciones) lo que las hace prácticamente imposibles al menos a corto plazo. Por otro lado, la reacción ante los movimientos dentro de algunos países, como el protagonizado por Deutsche Bank y Commerzbank, que han iniciado conversaciones tendentes a unirse, parece indicar que sólo consideran adecuados ciertos tipos de acuerdos, pues el propio Mecanismo Único de Supervisión ha indicado que “no le gusta la teoría de los campeones nacionales”, debido probablemente a los problemas de competencia que supone.

En el ámbito más próximo, el Banco de España ha instado recientemente al sector financiero a protagonizar nuevos movimientos de consolidación para hacer frente a la persistente pérdida de rentabilidad. «En el actual contexto de bajos tipos de interés, en el que muchos bancos están operando con rentabilidades por debajo de su coste de capital y con estructuras de costes muy pesadas, las fusiones son una alternativa clara para mejorar la rentabilidad y ganar eficiencia», tal y como ha indicado la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, en la presentación de la Memoria de Supervisión Bancaria.

Esta afirmación general ha venido acompañada también de la preocupación por evitar una excesiva concentración, así como por evitar apoyar alguna operación concreta, ya que el papel del supervisor español «no es decidir qué fusiones son deseables y cuáles no, sino valorar en qué medida una nueva entidad, resultante de un proceso de fusión, tiene como base un modelo de negocio sólido y genera valor en su conjunto».

Así pues, parece que la pelota está en el alero de las propias entidades. Éstas, en algunos casos, ya han iniciado movimientos, centrándose la atención sobre todo en los bancos medianos, además de estudiar los movimientos que se efectúan por las entidades más grandes, especialmente las de menor tamaño entre ellas (Banco Sabadell y Bankia), pues pueden optar tanto a fusionarse con las “grandes” como con las más pequeñas. Y hay que tener en cuenta también el especial caso de Bankia, en cuyo capital participa el sector público, por lo que la decisión está también condicionada por la opinión del gobierno que se forme después de las elecciones celebradas el pasado domingo.

Como vemos, está claro que las fusiones bancarias no han terminado en nuestro país ni tampoco en la zona del euro. Pero no se debe olvidar que aunque estas operaciones tienen ventajas, como la diversificación o la creación de economías de escala, también son complejas, costosas y arriesgadas; su éxito no está garantizado, sino que va a depender de determinadas condiciones propicias.

Las entidades tienen que estar seguras si van a dar este paso y, sobre todo, cuál es el mejor socio con el que acometerlo, teniendo claros y perfectamente estudiados aspectos como la calidad de los activos y la capacidad para generar beneficios tras la fusión. Por otra parte, otro aspecto importante es la pérdida de puestos de trabajo que generalmente va asociada a estas uniones. Y finalmente, desde el punto de vista de la protección de los clientes, no se pueden olvidar los problemas de competencia que generaría un mapa bancario con pocas entidades, algo en lo que no hemos entrado para no alargar aún más este comentario.

En conclusión, las fusiones bancarias no son la panacea ni la solución a todos los problemas y pueden generar problemas que conviene tener presentes. Además, no todas dan lugar a una entidad más fuerte; basta recordar la suma acelerada de entidades que dio lugar a Bankia y el fracaso de esta operación que llevó finalmente a una nacionalización de la entidad y a incurrir en unos elevados costes para su saneamiento.

Carmen López

Carmen López

Profesora de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y Doctora en Ciencias Empresariales por la Universidad de Córdoba, procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA) donde ha impartido clases en asignaturas vinculadas al área de economía. Ha sido Secretaria y, posteriormente, Directora del Departamento de Economía General, Ciencias Jurídicas y Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA), centro adscrito a la Universidad de Córdoba y editora de la Revista de Fomento Social, publicada por la Universidad Loyola Andalucía. Actualmente, junto a su labor docente y de investigación, es la Defensora del universitario de la Universidad Loyola Andalucía. Sus líneas de investigación se han centrado en temas relacionados con la Economía financiera (Unión Monetaria, la política monetaria y los mercados financieros), la Economía regional (especialmente cuestiones relacionadas con el mercado de trabajo, la actividad de las comunidades autónomas españolas y los niveles de desigualdad y desarrollo) y la economía social y la innovación social.

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