¿Sirven para algo las etiquetas de los productos agroalimentarios?

Las etiquetas de los productos agroalimentarios incluyen información detallada del mismo.

Los consumidores queremos tomar decisiones de compra informadas y para ello utilizamos la información contenida en los envases a través de las etiquetas. Así, el etiquetado se trasforma en lo que se denomina una fuente de información externa, que sin duda favorece el que elijamos aquellos productos que más se adaptan a nuestras necesidades y, por tanto, que van a maximizar nuestra utilidad como consumidores.

Este papel del etiquetado ha cobrado especial relevancia ante el cambio en los patrones de consumo que se lleva produciendo desde la década de los 80, debido principalmente a la extrapolación hacia la alimentación del aumento en la concienciación sobre temáticas vinculadas con la salud y el cuidado de la naturaleza.

El etiquetado de alimentos desde la UE

Es la Unión Europea (UE), el organismo que regula la información obligatoria presente en el etiquetado de los alimentos, tales como la composición, seguridad o características nutricionales. No obstante, también se permite establecer una serie de información para aquellos productos agroalimentarios que tengan determinadas propiedades como las declaraciones nutricionales y propiedades saludables (por ejemplo, cuando en el envase se recoge “alto contenido de ácidos grasos Omega-3”) que abarcan más de 300.

Además, pueden aparecer los denominados sellos de garantía de calidad, de nuevo, cuando los alimentos cumplan determinados requisitos, existiendo de dos tipos: los vinculados al territorio, tales como Denominación de Origen Protegida (DOP) e Indicación Geográfica Protegida (IGP), y vinculados al método de producción, como Especialidades Tradicionales Garantizadas (ETG) y agricultura ecológica u orgánica. A todo esto, se unen los sellos regionales de calidad, como la Calidad Certificada en Andalucía, Marca Q en Cataluña o M Producto Certificado en la Comunidad de Madrid.

¿Demasiada información y poco entendible?

No obstante, puede suceder que, si se desconoce lo que significa, esta información no sea utilizada por los consumidores, o solo lo sea parcialmente, lo que conlleva a que criterios como el precio y/o creencias sobre el producto determinen nuestras elecciones en detrimento de aspectos como la calidad. De hecho, esto suele ser lo más habitual.

Existen diversos estudios donde se muestra que los consumidores no consultamos siempre (ni siquiera frecuentemente) el etiquetado para realizar las compras de alimentos y que nuestro desconocimiento sobre el significado de mucha de esta información es amplio.

Por ello, desde el sistema agroalimentario y asociaciones de consumidores se exige una simplificación de toda esta amalgama informativa, con mecanismos más claros e intuitivos de información en el etiquetado (por ejemplo, en el Reino Unido el contenido nutricional es acompañado de un código de colores – rojo, amarillo y verde – en función de la cantidad de calorías, grasas, azucares y sal).

Es más, en la actualidad desde la UE se está llevando a cabo la evaluación de la regulación sobre alegaciones nutricionales y de salud (REFIT), pretendiéndose una reforma en profundidad de la misma para facilitar la comprensión de las etiquetas. Ya se verá si al final no nos lían más.

Melania Salazar

Melania Salazar

Profesora titular del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por ETEA, Facultad adscrita a la Universidad de Córdoba, y Titulada Superior en Desarrollo Rural por la Universidad de Córdoba, es Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sevilla. Becaria FPI en el Instituto de Investigación y Formación Agraria (IFAPA) entre 2004 y 2008. Ganadora del VII premio de investigación del Consejo Económico y Social de Andalucía y del premio de Unicaja de investigación agraria en 2009 y 2010. Investigadora en temas relacionados con economía agraria y desarrollo rural en Europa y países en vías de desarrollo

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