La economía española y los retos de la economía global

Análisis de la situación de la economía española y retos de la economía global

La sociedad española está inmersa desde hace meses en un atasco político que los partidos más votados son incapaces de resolver pese al mandato reiterativo de las urnas.

La inercia de nuestra economía, en un entorno global que todavía ofrece algunos vientos a favor, permite que la falta de liderazgo no se manifieste en un recrudecimiento a corto plazo de nuestros problemas y desequilibrios. Pero la idea de que sin gobierno estamos mejor tiene una cierta carga de frivolidad y riesgo nada aconsejable.

Hay dos problemas en la economía española que piden respuesta urgente. El primero de ellos es la amenaza de un cambio a corto plazo en el comportamiento de dos variables que han tenido un efecto positivo en problemas como la inflación, los desequilibrios de la balanza de pagos o en la tasa de crecimiento.

Como apuntaba en su crónica semanal, nuestro colega en el Departamento de Economia y Vicerrector de Postgrado, Manuel Alejandro Cardenete, la Reserva Federal estadounidense puede tomar la decisión de subir progresivamente los tipos de interés. ¿Se pueden imaginar el impacto en la demanda interna o en la economía familiar de una escalada de tipos por pequeña que sea?

Por otra parte, los precios del petróleo parecen haber llegado a sus mínimos y, aunque es todavía impredecible, se contempla que podrían subir alterando las cifras de la balanza de pagos. Las positivas cifras macro de la economía española podrían volverse a estropear antes de que los impactos de la crisis puedan recuperarse.

Cambio del modelo productivo

El alcance del segundo problema es de más largo plazo y tiene que ver con una idea que es eje central de la investigación en el Departamento de Economía de esta universidad. Se trata de la necesidad de definir qué entendemos y que políticas demanda el cambio de modelo productivo, ese objetivo recurrentemente citado pero con tan poca concreción.

La economía española ha aplicado estos años una receta bastante ortodoxa de austeridad y ajuste, al menos hasta que llegó la sucesión de elecciones, que ha permitido mejorar significativamente algunos desequilibrios económicos pero que ni es suficiente para recuperar los niveles previos a la crisis, ni llega a compensar los efectos de la crisis en los sectores más afectados.

La economía española acoge hace tiempo el debate sobre la ineficacia de las políticas contra la crisis, o el de la necesidad de acompañar la política monetaria no convencional de estos años con una política fiscal inteligentemente expansiva. Pero la intensidad de la crisis económica y política y la falta de liderazgos no ha dejado espacio para discutir en qué debe consistir un cambio de modelo productivo que nos permita dar una respuesta eficaz a los retos globales y al papel de la economía española en la sociedad global.

Un tic clásico y algo desfasado nos hace poner sobre la mesa la posibilidad de que el estado genere incentivos para conducir la inversión hacia nuevos sectores emergentes. Sin duda pero no es suficiente, no se trata sólo de reemplazar unos sectores por otros por iniciativa estatal.

Un papel renovado para el Estado

El papel renovado del Estado es, sin duda, uno de los ejes del cambio de modelo. Lo ilustraba bien este verano una de las economista de moda, Mariana Mazzucato, hablando en Bloomberg TV de la crisis como una crisis de inversión y no de deuda y preguntándose en qué tipo de infraestructuras deberían invertir el estado y el sector privado.

Mazzucato, por cierto, autora del exitoso El Estado Emprendedor en el año 2013, acaba de publicar con Michael Jacobs un libro prometedor para estos debates Rethinking Capitalism: Economics and Policy for Sustainable and Inclusive Growth. José Moisés Martín Carretero ha trasladado a España este debate global sobre el cambio de modelo en su reciente libro España 2030: gobernar el futuro.

Otro eje del cambio productivo tiene que ver con nuestro tejido empresarial, por ejemplo, con variables como el tamaño de nuestras empresas. Una reciente investigación sobre demografía empresarial elaborada por los profesores José Carlos Fariñas y Elena Huergo  para FEDEA sugería un incremento del 15% del PIB si el tamaño medio de nuestras empresas fuese parecido al de las alemanas o las británicas.

Estos elementos y otros como el pacto por la educación o la necesidad de apostar por una política de I+D pero no sólo en términos cuantitativos, son parte esencial de un debate que es urgente para la economía española. Un debate que podría haber sido eje del reciente debate de investidura pero del que oímos hablar poco.

Pedro Caldentey

Pedro Caldentey

Profesor titular del Departamento de Economía. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por ETEA, Facultad adscrita a la Universidad de Córdoba, es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba y premio extraordinario de doctorado. Procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA) donde lleva impartiendo clases en asignaturas vinculadas al área de economía desde 1990. Actual Director Ejecutivo de Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación. Ha dirigido el Fondo España-SICA en el período 2007-2011 para la Agencia Española de Cooperación internacional para el Desarrollo (AECID) y la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA). Ha sido consultor para la Unión Europea, CEPAL, AECID, Secretaría General del SICA y OCDE. Investigador en temas relacionados con la integración regional comparada en la Unión Europea y en América Latina, políticas de desarrollo y cooperación, economía latinoamericana y política económica en España. Es secretario de la Junta Directiva del Sello Fairtrade Ibérica.

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