Balance de la economía española 2018: perspectivas para 2019 y 2020

Balance de la economía española 2018 y perspectivas para 2019 y 2020.

Luces y sombras del ejercicio 2018

Con carácter previo y desde el punto  de vista metodológico cabe reseñar que la  conducción (Gobernanza) de la  Política Económica Española en 2018 sigue instalada en la vertiente coyuntural, cortoplacista, sin que se pueda atisbar ninguna reflexión “estructural” en la que ponga sobre la mesa el principal problema de la Economía Española: el incremento de su base productiva; por decirlo más claro,  poner en valor a todos los factores productivos, como única solución a la convergencia real de nuestra economía con la Unión Europea.

El bajo nivel de población activa (y por supuesto ocupada) con respecto a la población en edad de trabajar, el bajo nivel de producción de una economía con 47,5 millones de habitantes, la alta economía regular (es real, no se la espera), el bajo nivel de industrialización (se ha dejado a este sector productivo sin un Ministerio del ramo), la desertificación/desertización que ha llegado para quedarse, conforman, entre otros aspectos, una Gobernanza de los asuntos económicos muy poco preocupada en los problemas estructurales y en poner en actividad a todos los factores productivos: incrementar la base productiva de la economía y su productividad.

El potencial de la España territorial, poblacional y tecnológica es muy superior a la España económica (real) que estamos analizando año tras año.

Aspectos coyunturales. Resultados

No cabe duda de que la Economía Española ha seguido creciendo en 2018, pero de forma más moderada (es también el signo de la Unión Europea). Creo que debe de hablarse de desaceleración de la tasa de crecimiento del PIB: 2,5/2,6 estimada para este ejercicio (3,0 por ciento año 2017).

Los indicadores en la recta final de 2018 (BE, INE) parecen apuntar a una cierta aceleración del crecimiento del PIB hasta un 0,7 por ciento (IV trimestre), (0,6 por ciento en trimestres anteriores). Ello no debe modificar la tendencia descrita de suave desaceleración en el crecimiento, sino más bien interpretarla como una reaceleración puntual de nuestra economía. En definitiva, un buen año en materia de crecimiento económico sin reformas, pero crecimiento al fin y al cabo.

Por componentes caben destacar los siguientes: tirón de la demanda nacional al 3,0/3,1 por ciento de crecimiento, contribución negativa al crecimiento de la demanda exterior neta (-0,5 puntos), repunte del turismo (pernoctaciones) en el último tramo del año, manteniendo niveles productivos de 2017, leve ascenso del índice de confianza del sector de la construcción, entre otros (BE, INE).

La estadística de movimientos turísticos en fronteras en los 10 primeros meses de 2018 nos indica que el número de turistas que visitan España aumenta un 0,5 respecto a 2017 y roza los 73,9 millones. Un buen dato a tener en cuenta con independencia de la recuperación del sector en la otra orilla del mar mediterráneo.

Reino Unido, Francia y Alemania siguen siendo los principales países emisores. La previsión de turistas para todo el año 2018 se estima entre 81/82 millones de entradas. Un buen dato que ha ayudado a mantener nuestro crecimiento por encima de la media de la Unión Europea.

En materia de empleo cabe señalar que la tasa de paro (EPA-III trimestre de 2018) se ha situado en el 14,55 por ciento de la población activa, dos puntos por debajo del mismo trimestre del año anterior. La previsión para el ejercicio 2018 es de 14,0 por ciento. Un buen dato sin duda, pero insuficiente dado el elevado volumen de paro existente en nuestro país.

La tasa de actividad se sitúa en el 58,73 por ciento en el III trimestre-2018 con una proyección del 58,70 por ciento a final de año. Los parados asciendes a 3,32 millones de personas, con una proyección a final de año en torno a 3,30 millones de parados. El empleo ha crecido un 2,51 por ciento en los últimos 12 meses.

La inflación anual estimada del IPC en noviembre de 2018 es del 1,7 por ciento de acuerdo con el indicador elaborado por el INE. De confirmarse este dato el mes de noviembre habría tenido un comportamiento bajista de los precios, básicamente en energía y carburantes. La inflación subyacente estaría por debajo del 1,0 por ciento. La Economía Española goza por tanto de estabilidad de precios.

Problemas estructurales: una constante en el tiempo

Dentro de los problemas actuales de la Economía Española señalaría como principal y básico la necesidad de aumentar su capacidad productiva. Aumentar la capacidad productiva en el sentido de poner en valor todos los activos existentes, que hoy por hoy no están en producción. Ello implica forzosamente una mirada “estructural” de la Política Económica, que sinceramente no se ve por ninguna parte.

El cortoplacismo gubernamental impregna la acción de la Gobernanza, dejando que la Política Coyuntural, constituya el “antídoto” por excelencia de la conducción de la Economía Española. No se negarán desde estas páginas los avances de la economía en estos últimos cinco años, lo hemos dicho en trabajos anteriores, pero la falta de soluciones tendentes a incrementar la capacidad productiva de la Economía Española es una realidad.

Es evidente que la economía está creciendo (de forma desacelerada, pero creciendo), pero también lo están haciendo las economías de nuestro entorno. Naturalmente la brecha de renta entre España y la media de la Unión Europea sigue existiendo y tiene el nivel que tenía hace 30 años; es decir avanzamos, pero los demás también avanzan, siendo los niveles de renta diferenciales los mismos año tras año, lo que convierte en estructural este problema así como la dimensión del mismo. Sin un nuevo impulso, poner en valor toda la capacidad productiva, no será posible converger en términos de renta con la media de los países de la UE/UEM.

Producimos 1,12 billones de euros (población 47,5 millones de habitantes), cifra importante pero insuficiente, sobre todo pensando en los niveles de producción de Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia. Todo ello con una tasa de actividad del 58 por ciento, muy por debajo de la media de estos cuatro Estados de la Unión Europea. Son problemas estructurales, como ya hemos indicado, que exigen una nueva “dimensión” de la Política Económica Española.

España ha perdido peso industrial. Uno de los sectores más importantes de la Economía Española está rezagado, no llegaremos a los objetivos de la UE/2020, tener un peso industrial no inferior al 20 por ciento del PIB. La propia estructura del Gobierno de España deja a la Gobernanza industrial sin ministerio, o a lo sumo con un Ministerio compartido.

Estamos delante de la IV revolución industrial y no se percibe una preocupación primaria por los retos que ella comporta. Industria más Energía representan un 18 por ciento del PIB (20/21 por ciento de media de la UE). Alemania por ejemplo, 25,5 por ciento: estamos muy lejos de este registro.

El sector exterior siendo importante en volumen exportador sigue restando su saldo exterior peso al crecimiento de la Economía Española (aportación al crecimiento de -0,5 puntos). El crecimiento de las exportaciones, importante, sigue siendo insuficiente para compensar el volumen de importaciones.

La Gobernanza de los asuntos económicos (eficacia y eficiencia) en términos generales es insuficiente, lastrando posibilidades de crecimiento. Igualmente sucede con la incertidumbre politica que disminuye las posibilidades de negocio y retrasa decisiones inversoras por parte de las empresas.

Finalmente, no podemos olvidarnos del problema de las desigualdades derivadas de situaciones de paro, bajos salarios, precariedad laboral, insuficiente nivel educativo, etc. Son la otra cara de la moneda: el crecimiento económico no alcanza a todos, es un crecimiento desigual tanto en lo personal como en lo sectorial.

Según datos de la última “encuesta de condiciones de vida” del INE, el 21,6 por ciento de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza. Es decir, sobrevive con unos ingresos inferiores a 8.500 euros/año. Además, EUROSTAT nos alerta que España es uno de los países centrales europeos en los que más ha crecido esta población en riesgo, siendo acompañado este hecho con una menor inversión pública en protección social que en el resto de la UEM: todo un despropósito. España viene dedicando a estas políticas sociales una inversión en torno al 17,0 por ciento del PIB, por debajo de 20,0 por ciento de la Eurozona.

Nuestro patrón (modelo) de crecimiento sigue mirando al sector terciario (con preponderancia del sector turístico). El grado de tercialización de la Economía Española es muy alto (nos acercamos al 70,0 por ciento), pero con un sector industrial rezagado (18,0 por ciento del PIB) y no acorde con el territorio y población de España.

Estamos por tanto, ante un verdadero problema estructural que exige al Gobierno un activismo reformador a medio y a largo plazo frente al coyunturalismo reinante. Nos va en este cambio de Gobernanza socioeconómica la recuperación del papel de España en la Unión Europea, en todos sus aspectos, pero prioritariamente en la consecución de una convergencia real plena en términos de renta y empleo.

Resultados positivos pero insuficientes: crecimiento sin reformas y con desigualdades

El año 2018 ha sido un nuevo ejercicio positivo para la Economía Española, tanto en términos de crecimiento económico, generación de empleo, disminución de la tasa de paro y estabilidad de precios. Pero este es un resultado coyuntural, insuficiente, que explica el devenir de una economía en una situación concreta y compleja, tanto en el campo interno como externo, y que no ha abordado, ni lo ha intentado, corregir los grandes problemas macroeconómicos que lastran nuestro crecimiento potencial y que nos impiden converger en términos de renta y empleo con los países de la UEM de la que formamos parte.

Hemos vivido un año más de los resultados de un crecimiento económico sin reformas en el tejido productivo y en el ámbito institucional. La política tecnológica y su consecuente reindustrialización no han sido abordadas, manteniendo el modelo de crecimiento altamente tercializado y muy dependiente del turismo. La capacidad productiva de la economía sigue sin estar ocupada, con una productividad media por debajo de nuestros principales competidores.

El afloramiento de la economía sumergida sigue esperando así como la puesta en marcha de un plan de choque contra la evasión fiscal y una estrategia real de disminución del déficit público (AIReF).

Además, nuestro entorno, la Unión Europea, camina también por la senda de la desaceleración del crecimiento (Comisión Europea, EUROSTAT, BCE). La Comisión Europea ya ha reducido la estimación de crecimiento para las economías más importantes de la Eurozona.

La Unión Europea crecerá un 2,0 por ciento en 2018 y un 1,8/1,9 por ciento en 2019. Italia, por ejemplo, la Comisión Europea ha recortado su estimación de crecimiento a un 1,1 por ciento este año. Alemania y Francia llevan meses mostrando debilidad en los indicadores coyunturales.

Todo esto coincide con el tiempo: debilitación de la economía europea y española y fin de los estímulos financieros que para España se estima que obligará a una desinversión de 22.000 millones de euros en bonos españoles. Además, las transformaciones productivas están en la puerta esperando (industria 4.0): las sucesivas revoluciones industriales han comportado crecimiento económico y aumento de rentas a largo plazo. Finalmente, las desigualdades existentes han aumentado en los últimos años.

A mayor abundamiento la incertidumbre política vuelve a cotizar, tanto en España como en la Unión Europea (Brexit, proteccionismo, populismos, Cataluña, etc.). La Economía Española finaliza 2018 sin que el Gobierno haya presentado los PGE para 2019. Tampoco está nada claro el final del Brexit ni tampoco el coste del proteccionismo. Ejemplos claros, todos ellos, de riesgos políticos con claro impacto en las economías de la Eurozona.

Pero estimamos que no estamos ante un “fin de ciclo” si hay un cambio de orientación de la Política Económica. La Economía Española está necesitada de reformas, de cambios de modelo de crecimiento. Necesita converger realmente en términos de renta, empleo y cohesión social.

Perspectivas para 2019 y 2020

Las perspectivas de la economía mundial han cambiado: el crecimiento es menos uniforme y las tensiones comerciales se acrecientan. El FMI proyecta crecimientos mundiales del 3,9/3,8 por ciento para 2018/2019. Además, estamos ante una crisis de Gobernanza de la economía mundial: las tensiones comerciales son un síntoma de ello. El G-20 reunido a principios del mes de diciembre en Buenos Aires, ha acordado nuevas medidas restrictivas al comercio mundial (propuesta por la OMC) con efectos muy importantes para las economías europeas.

El llamado “Contrato Social” acordado después de la II GM por empresarios y sindicatos prácticamente no existe: es necesario alumbrar uno nuevo.  Además, es necesario atenuar los crecientes desequilibrios de los intercambios entre países así como corregir el aumento de las desigualdades en el reparto de los beneficios de la mundialización. Todos estos elementos forman parte de la crisis de la Eurozona que hay que encauzar, pues las economías que la conforman se resienten de esta pérdida de confianza global.

Las tensiones proteccionistas, unidas al Brexit y al debilitamiento de los mercados europeos ya se reflejan en la desaceleración de la Economía Española, pero aumentarán en los próximos años: el superávit externo, puede desaparecer. Y todo ello bajo la hipótesis, de un precio del petróleo estabilizado en una zona relativamente barata.

Las proyecciones macroeconómicas para España (2019/2020, BE-BCE) nos dejan dos grandes conclusiones: la economía se sigue desacelerando, pero mantenemos un crecimiento no inferior al 2,0 por ciento (2,2 por ciento en 2019 y 1,9/2,0 por ciento en 2020). Si no hay correcciones estructurales entraremos en una zona peligrosa en los próximos años.

La tasa de paro frenará su intensidad de caída: 13,2/13,5 en 2019 y 11,9/12,0 en 2020. La generación de empleo según esta proyección se situará entre un 1,9 y 1,7 por ciento en el citado bienio. De cumplirse este escenario macroeconómico se cerrará el año 2020 con una necesidad de financiación de las AA.PP del 2,0/2,2 por ciento.

El índice armonizado de precios al consumo se situará en los niveles de crecimiento del 1,7 (2019) y 1,5 por ciento (2020). Es decir, estabilidad de precios teniendo en cuenta lo ya expuesto en materia de precio del crudo. La deuda del Estado que ha marcado en septiembre un nuevo máximo de 1,033 billones de euros y sin perspectivas actuales de aprobación presupuestaria para 2019, se presenta complicado la puesta en marcha de un proceso de disminución de deuda que aliviaría la carga por intereses.

La reducción de las desigualdades (brecha existente entre España y Eurozona) sin cambios en la conducción de la Política Económica, no podrá llevarse a cabo en el bienio 2019/2020: la OCDE ha recomendado a España que focalice como prioridad en materia de inversión de gasto social la cantidad del 20 por ciento del PIB (media de la Eurozona).

Los PGE del año 2019 en estos momentos no se sabe si se van a tramitar y en su caso aprobar. Paliar las necesidades de las personas que viven por debajo del umbral de la pobreza (el 21,5 por ciento de la población) implica la existencia de una política presupuestaria claramente expansiva en inversión pública y protección social, lo que técnicamente parece que no se podrá cumplir.

En definitiva, el bienio 2019 y 2020 será moderadamente expansivo (en el entorno del 2,0 por ciento de crecimiento), pero carente de reformas de calado en el tejido productivo y ausencia de una política de corrección de desigualdades. Probablemente seguiremos en el 2019 en el cortoplacismo salvo cambios de calado en la Gobernanza tanto en España como en la UE. No solo está agotado el denominado “Contrato Social” europeo, que ha permitido más de 50 años de expansión económica, sino también la conducción coyuntural de las economías, entre ellas la española.

La necesidad de una nueva Política Económica

La crisis de la UE/UEM, real y evidente, condiciona el devenir de la Política Económica de los Estados miembros, entre ellos España. Los cambios en la elaboración y conducción de la Política Económica en España son más que urgentes, urgentísimos. Falta visión de Estado y sobran tacticismos y coyunturalismos en toda su operativa. El reformismo estructural no está ni se le espera: vivimos pensando en el corto plazo y quedan aplazadas en el tiempo las propuestas de reformas estructurales necesarias para el mantenimiento del crecimiento sostenido de la Economía Española.

Resolver los problemas de la “convergencia real” en renta, empleo y cohesión social con los países de la UEM no es tarea fácil, pero estimamos que ya no puede demorarse por más tiempo bajo las perspectivas de un crecimiento integrador, solidario y tecnológicamente avanzado. Dicho de otra manera, ampliar la capacidad productiva de la Economía Española sigue siendo una asignatura pendiente año tras año.

En este sentido consideramos prioritario el establecimiento de políticas públicas de carácter estructural-reformista para los próximos años 2019-2020/2022 en las siguientes vertientes, entre otras: institucional, instrumental, sectorial y territorial.

Campo institucional

La necesidad de una buena Gobernanza (exigencia social de primer orden) es fundamental para el sistema económico. Aspectos tales como la trasparencia, acceso a la información, igualdad de oportunidades, responsabilidad social de la empresa, tienen que estar presentes en esta nueva conducción de la Política Económica.

También cabe añadir el trabajo relacionado con el establecimiento de cláusulas anticorrupción en todos los contratos del Estado y de naturaleza público-privada. Colaborar en la cooperación económico-jurídica internacional para el diseño de mecanismos que permitan el fortalecimiento anticorrupción, también tienen que estar en nuestro campo de trabajo. Resumiendo: el buen Gobierno, la buena Gobernanza, como nuevo centro de atención de la Política Económica en España es prioritario.

Campo instrumental

Ya hemos indicado que uno de los problemas básicos de la Economía Española está en relación con las desigualdades y la pobreza. El crecimiento económico de los últimos años ha sido desigual lejos de reducir diferencias entre rentas, las ha incrementado. Eliminar barreras en el campo de las desigualdades es contribuir a una sociedad mejor y más justa.

El derecho a los servicios básicos, públicos y privados, caso del abastecimiento de agua, energía, servicios medioambientales, etc., tiene que contemplarse en este nuevo programa de Política Económica de lucha contra las desigualdades y la pobreza. También en materia de vivienda y acceso a la misma, tenemos un buen ejemplo para avanzar en políticas públicas de ámbito redistributivo: precio, alquiler, tamaño, calidad, garantía, etc., son elementos a tener en cuenta en los posibles cambios normativos a llevar a cabo. En política de empleo es necesario avanzar en la misma dirección.

Empleo sí, por supuesto, pero empleo de calidad y con salarios aceptables; la Política Económica tiene que analizar más y mejor el concepto de trabajador pobre. También la nueva política pública tiene que acercarse a los problemas derivados de la vulnerabilidad y la exclusión social derivados de los movimientos migratorios en nuestro país.

Campo sectorial

La Economía Española necesita trabajar en materia de desarrollo industrial. La industria 4.0 se ha convertido en una corriente principal de la economía industrial en los principales países de la UEM. Es prioritario para la Economía Española trabajar para asumir esta gran transformación del sector industrial.

En el momento actual es básico disponer de un Ministerio de Industria que permita caminar en el medio y largo plazo hacia un nuevo modelo productivo más tecnológico y competitivo. Las políticas públicas tienen aquí un rol importante, puesto que tendrán que fomentar la dimensión empresarial y ayudar a crear un ecosistema de innovación robusto que facilite la transición de las empresas pequeñas y medianas hacia la industria 4.0. Estamos lejos de alcanzar un PIB industrial del 20-22 por ciento (objetivo de la UE/2020), razón por la cual la prioridad desarrollo tecnológico–revolución industrial debe formar parte de la formulación de la nueva política industrial en España.

Campo territorial

Desde un campo de análisis distinto a los anteriores, pero de enorme trascendencia tenemos que referirnos a la llamada “España vacía” que tras un proceso de desertización se ha quedado (o se está quedando) sin población. Las cifras son apabullantes: en el año 2012 más de 1.200 municipios españoles tenían menos de 100 habitantes; más de 2.700 estaban entre 100 y 500 habitantes. Es decir, casi 4.000 municipios españoles se encontraban por debajo de los 500 habitantes, y con tendencia a aumentar.

Son cerca de 100.000 km2 de territorio español los que están en esta situación. Analizar la España rural tiene que estar en los nuevos planteamientos de Política Económica, pues los riesgos demográficos son enormes. El papel de las políticas públicas de ámbito rural es necesario y además preferencial en estos momentos. Este fenómeno está a la altura del debate de las infraestructuras en el litoral español, en la culminación del llamado corredor mediterráneo.

La solución de los dos problemas estructurales es necesario, pero tenemos que pensar qué tipo de crecimiento económico queremos para España. Es un debate en el que la política economica reformista tiene mucho que decir. Las propuestas del Comité de las Regiones de la UE y de la Comisión de Despoblación de la FEMP, pueden ser buenos documentos de partida. La búsqueda de un desarrollo socioeconómico integrador en España no puede permitir el deterioro (la pérdida de confianza) de la política de desarrollo rural.

José Vallés

José Vallés

Catedrático de Política Económica.. Profesor en la Universidad Loyola Andalucía. Presidente de la Academia Andaluza de Ciencia Regional (CDP/JA). Investigador senior del Instituto Andaluz de Administración Pública. Ha sido Fundador e Investigador Principal del grupo de investigación "Andalucía en la Europa de las Regiones”. Ex-presidente de la Asociación Andaluza de Ciencia Regional. Ha sido Consejero Científico del Instituto de Desarrollo Regional de la Universidad de Sevilla hasta su extinción. Sus líneas de investigación son la economía regional, el sector público y la política económica española.

One thought on “Balance de la economía española 2018: perspectivas para 2019 y 2020

  1. Un artículo q puede entender cualquier persona aunque no tenga estudios en economía.

    Aparte de ideologías hace falta q el gobierno q salga de la elecciones se tome en serio la industria en España, en todas las comunidades autónomas, especialmente en zonas como Andalucía, que tenemos un empleo de pésima calidad basado en el turismo

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