¿Son los agricultores racionales? La economía del comportamiento se sube al tractor

La economía del comportamiento en la agricultura

En una entrada anterior de este Blog nuestra compañera María Espinosa argumentaba que para la nueva Política Agraria Común (PAC) deberíamos tener muy en cuenta las lecciones que la economía del comportamiento podía darnos, sobre todo, si la ambición ambiental de la misma iba a depender de compromisos voluntarios de los agricultores.

La propuesta para la PAC 2020+ ya está en el Parlamento y el Consejo Europeos y en efecto la propuesta refleja una mayor ambición en términos ambientales y climáticos. Para ello, propone una nueva arquitectura que no solo afecta a la flexibilidad que tendrán los estados miembros a la hora de definir requisitos, sino también al volumen de recursos que se podrán dedicar a financiar los mismos.

El lector interesado en estos cambios puede leer tanto la propuesta de la Comisión como el análisis que de la misma ha realizado el Instituto Europeo para la Política Ambiental (IEEP). 

Impacto del cambio en la política agraria

En esta entrada quiero centrarme en el impacto que este cambio puede tener en la forma que diseñamos y evaluamos la política agraria. En primer lugar, estamos ante un cambio significativo en la cantidad de recursos que pueden estar vinculados al desempeño ambiental ya que en primer lugar no deberán estar co-financiados por los estados miembros y en segundo lugar no tienen un límite superior claro.

 En segundo lugar, la proporción de la superficie agraria útil bajo compromisos ambiciosos en términos de desempeño ambiental y climático dependerá de las decisiones de los agricultores. En función de cómo se diseñen las intervenciones podríamos asistir a la paradoja de que aun dedicando más recursos se reduzca la superficie que se gestiona con objetivos ambientales.

Para asegurarse de que esta paradoja no se convierte en realidad será necesario entender mejor como los agricultores responden a esta nueva arquitectura. En este sentido, deberemos entender mejor como la aversión al riesgo de los agricultores y su inercia a mantener su comportamiento en el tiempo afectarán a sus decisiones.

Es verdad que en el pasado los agricultores han demostrado ser rápidos en acomodarse a los cambios legislativos como demuestra el aumento de las superficies de leguminosas, proteaginosas y oleaginosas en España como resultado de la aplicación del verdeo bajo la actual PAC.

Sin embargo, esto no garantiza que cambios de tanto calado como los que se pueden esperar con la aplicación de la nueva propuesta tengan un impacto similar. A la hora de evaluar ex ante el posible impacto de este cambio deberemos complementar los análisis basados en la maximización del beneficio con el papel que juega la interacción entre los agricultores y el resto de la sociedad (que espera la sociedad de los agricultores y si estos consideran que esas expectativas son razonables); cuales son las características de los agricultores actuales y del futuro y si los sesgos de comportamiento que han sido detectados en los ciudadanos también son relevantes para los agentes económicos.

Para ello deberemos seguir a Chetty [1] cuando dice que la economía del comportamiento debe pasar de demostrar que las hipótesis de la economía neoclásica no son realistas a ayudar a responder a las preguntas relevantes del análisis económico. Necesitamos que la economía experimental se suba al tractor para saber si el cambio que se propone para la PAC dará los resultados esperados mejorando nuestras predicciones, y si la respuesta es ‘no’ debemos investigar como podemos diseñar nuevos instrumentos que nos lleven a alcanzar dichos resultados. 

No está claro si durante el año 2019 se llegará a un acuerdo interinstitucional respecto a la PAC 2020+ (mi modesta opinión es que será el nuevo Parlamento Europeo y la nueva Comisión Europea quienes tengan que resolver este nudo gordiano). Sin embargo, los economistas agrarios tienen dos eventos en 2019 que deberían ayudar a entender mejor si necesitamos ampliar la forma en que estudiamos la toma de decisiones de los agricultores incorporando enfoques de la economía del comportamiento.  

En Mayo, en Bruselas la Asociación Europea de Economistas Agrarios (EAAE) organiza su 172 Seminario  bajo el provocador título de “Política agraria para el medio ambiente o política ambiental para la agricultura” , mientras que el Octubre la Red de Investigación en experimentos económicos para la PAC (REECAP) tiene su tercer congreso anual en Osnabrück. Seguro que en ambos eventos el tema de cómo entender mejor al agricultor en su tractor cuando se le remunere no solo por su producción, sino también por cómo la realiza será objeto de una interesante discusión.

Para terminar, y aun corriendo el riesgo de parecer que solo quiero hablar de mi libro, está a punto de salir un número especial de la European Review of Agricultural Economics dedicado a estos temas. En uno de sus artículos reviso junto a F. Dessart y R. van Bavel  como la economía del comportamiento nos ayuda a entender mejor por qué los agricultores adoptan programas voluntarios que tienen por objetivo mejorar el desempeño ambiental de la producción agraria [2]. De dicha revisión salen algunas recomendaciones para garantizar que la ambición ambiental no deja a los agricultores por el camino y a los tractores como barcos abandonados en el mar de Aral.

Referencias

[1] Chetty, R. (2015). Behavioral Economics and Public Policy: A Pragmatic Perspective. American Economic Review, 105(5), 1–33.

[2] Dessart, F.; Barreiro-Hurle, J.; van Bavel, R.; (2019). Informing CAP evaluation experiments with behavioural insights: the case of sustainable farming practices. European Review of Agricultural Economics en prensa.

Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor y en ningún caso pueden ser atribuidas a la institución para la que trabaja.

Jesús Barreiro-Hurle

Jesús Barreiro-Hurle

Profesor asociado en la Universidad Loyola Andalucía. Economista Agrario por la Universidad Autónoma de Madrid (1993) y Doctor en Economía por la Universidad de Zaragoza (1998). Ha trabajado como investigador en el CITA-Aragón y en el IFAPA-Junta de Andalucía y como profesor Ayudante de las Universidades Pública de Navarra y Valladolid. También ha prestado servicios en la FAO desarrollando un sistema de seguimiento de políticas en África. Ha publicado más de 40 artículos en revista con evaluación por pares. Actualmente es funcionario de la Comisión Europea destinado en la Unidad de Análisis Económico de la Agricultura del Centro Común de Investigación en Sevilla y editor asociado de la revista Spanish Journal of Agricultural Research.

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