Veremos, dijo un ciego, y nunca vio

La ayuda o cooperación internacional para el desarrollo es una política pública relativamente reciente del ámbito de la política exterior de los países.

La ayuda o cooperación internacional para el desarrollo es una política pública relativamente reciente del ámbito de la política exterior de los países. Su nacimiento se vincula principalmente con los procesos de descolonización del siglo XX y con los programas de ayuda norteamericana a Europa, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, para mantener su influencia sobre el oeste europeo, ante la creación de los dos bloques que se enfrentaron durante la Guerra Fría.

Los motivos que originaron esta política pública son variados, principalmente intereses geopolíticos, económicos y comerciales. Sin embargo, a partir de la caída de la URSS y el final de la Guerra Fría, en los años 90, el principio de responsabilidad y solidaridad internacional movió a los países ricos a definir programas de ayuda que contribuyeran, de algún modo, a paliar las situaciones de pobreza de sus antiguas colonias, en un inicio, y a nivel global, más recientemente.

Uno de los primeros resultados de este compromiso fue el acuerdo de los países miembros de Naciones Unidas de ir incrementado progresivamente los aportes a ayuda para luchar contra la pobreza, hasta alcanzar un 0,7% del total de su producto nacional bruto a ayuda al desarrollo.

La incorporación de ese principio de solidaridad global provocó, con el transcurso de los años, que otros agentes privados se sumaran, junto a los gobiernos de los países y las agencias de desarrollo, a las actividades de cooperación internacional. Así, organismos no gubernamentales de desarrollo y, más recientemente, las empresas, han venido realizando importantes intervenciones de desarrollo en los países empobrecidos.

Objetivos del Desarrollo del Milenio

En el año 2015, se alcanzó el final del primer período de programación acordado en la agenda internacional sobre desarrollo en el presente siglo. Este acuerdo global sin precedentes, conocido como “Declaración del Milenio de las Naciones Unidas”, contenía los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); un total de 8 objetivos y 21 metas, diseñados para combatir la pobreza extrema y el hambre, que fueron aprobados en la Cumbre de Desarrollo del Milenio.

En ese mismo año, el siguiente hito en la agenda internacional del desarrollo tuvo lugar el 25 de septiembre, fecha en la que los líderes del mundo aprobaron, en la Cumbre de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, la Declaración “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo”. En esta ocasión, la Agenda para el Desarrollo Sostenible contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con 169 metas.

“La presente Agenda es un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. También tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad. Reconocemos que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, es el mayor desafío a que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible.

Este plan será implementado por todos los países y partes interesadas mediante una alianza de colaboración. Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta. Estamos decididos a tomar las medidas audaces y transformativas que se necesitan urgentemente para reconducir al mundo por el camino de la sostenibilidad y la resiliencia. Al emprender juntos este viaje, prometemos que nadie se quedará atrás” (Asamblea General de Naciones Unidas, 2015).

Pese a los compromisos y voluntades, el volumen de la ayuda oficial al desarrollo de los países ricos hacia los países empobrecidos no ha avanzado al ritmo que se esperaría. Lejos de alcanzar la meta de destinar un 0,7% del PNB, acordada hace ya 40 años, los países del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE han mantenido su ayuda, en media, en torno al 0,3% de su renta nacional bruta.

Fuente: OECD (2019), Net ODA (indicator). doi: 10.1787/33346549-en (Accessed on 06 June 2019)
Fuente: OECD (2019), Net ODA (indicator). doi: 10.1787/33346549-en (Accessed on 06 June 2019)

Solo el Reino Unido ha alcanzado y mantenido este porcentaje de ayuda y Alemania casi lo alcanza. España, sin embargo, ha mantenido su aportación a ayuda oficial al desarrollo en torno al 0,1% de su PNB, si bien aumentó ligeramente hasta un 0,2% en el año 2017, último año registrado en el sistema estadístico de la OCDE (en 2016, se observa un pico en el porcentaje de ayuda, que corresponde no a un mayor aporte, sino a un acuerdo de alivio de deuda con Cuba).

En línea con esta evolución, el gobierno de la Junta de Andalucía anunció la semana pasada que, en el proyecto de presupuestos de 2019, los fondos destinados a luchar contra la pobreza en los países más desfavorecidos disminuirán en 8 millones de euros, por lo que la ayuda al desarrollo andaluza quedará en 35 millones de euros, un 0,1% del presupuesto de la región. Y ello a pesar de las previsiones de crecimiento del PIB andaluz para este año, estimadas en torno a un 2,1%. A ver si en la enmienda a la totalidad al presupuesto de 2019 corrigen el error… veremos, dijo un ciego, y nunca vio.

Mª José Vázquez

Mª José Vázquez

Profesora en la Universidad Loyola Andalucía. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba y Doctora en Desarrollo Inclusivo y Sostenible por la Universidad Loyola Andalucía, con especialidad en evaluación de la cooperación al desarrollo. Procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA); imparte clases en asignaturas vinculadas al área de economía. Es investigadora de la Fundación ETEA, Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola Andalucía, donde lleva a cabo su labor profesional tanto en España como en países en vías de desarrollo desde 2001, con especialidad en formulación, gestión y evaluación de la cooperación internacional. Anteriormente trabajó como auditora en Arthur Andersen, actual Deloitte.

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