El mercado de trabajo sigue siendo masculino

Análisis de la brecha de género en el mercado laboral.

La recuperación económica se consolida, algo incuestionable, tanto a nivel macro como microeconómico. Así lo muestran dos de los principales indicadores económicos, que además van de la mano, el crecimiento económico y la tasa de desempleo.

El primero mostró en España un incremento del 3,1% con respecto al 2016 (volumen del PIB en el conjunto del año 2017), según datos del INE, y el segundo un decremento de 2,4 puntos en su tasa, situándose en el 17,2%. Sin embargo, la recuperación parece marcar una tendencia, ya conocida en España, hacia la brecha de género en el mercado laboral, lo que hace pensar que se sigue perdiendo la oportunidad real de cambio.

Desgranando los datos

La tasa de actividad femenina sigue siendo inferior a la masculina en 11,5 puntos. Es cierto que la mayor brecha en la incorporación de las mujeres al mercado laboral se produce a partir de los 45 años, pero entre 30 y 45 la diferencia ronda los 9 puntos, que tampoco es desdeñable, y ya no se puede achacar a nuestro pasado sin educación universal y con educación profundamente patriarcal previa a la democracia.

Esto hace que debamos mirar a las dificultades que tienen las mujeres para conciliar su vida familiar y laboral, y que se debe a una gran variedad de factores que van desde los culturales (las mujeres como principales cuidadoras), los horarios y vacaciones de guarderías y colegios o centros de dependientes, hasta el propio horario español, pasando por la falta de flexibilidad en el trabajo, los permisos por maternidad/paternidad escasos y discriminatorios hacia ellos, las inexistentes ayudas, etc. Cuestiones de las que poco se habla por parte de los distintos gobiernos y que provocan que tengamos una de las tasas de natalidad más bajas del mundo (1,3 hijos por mujer y supongo que por hombre, que la natalidad no solo es cosa nuestra).

Luego está la segunda parte, cuando decidimos trabajar, resulta que tenemos más dificultades para encontrar empleo y cobramos menos. El desempleo se sigue concentrando más en las mujeres, desde los 25 años ya soportamos mayores tasas de paro, algo que se ve agudizado con la edad hasta alcanzar los 6 puntos de diferencia para ellas entre los 40 y 45 años; y no nos dejemos engañar, a esas edades no tenemos una menor formación que ellos.

Respecto a lo segundo, la brecha salarial es conocida y se ha hecho famosa últimamente. El INE ofrece datos de 2014 y lo alarmante es que esta prácticamente no se reduce, produciéndose en todas las franjas de edad. Si contrastamos esto con los salarios declarados a la Agencia Tributaria, de nuevo se observa esta brecha con una diferencia media a favor de los hombres que rondó los 4.700 euros año en el 2016. Diferencia que se empieza a producir ya desde los 18 años y nos acompaña hasta la jubilación, de modo que, y a riesgo de resultar reiterativa, no se debe a la menor formación femenina.

Un nuevo concepto

Después, una vez que te incorporas al mercado laboral y tienes la suerte de que te paguen lo mismo, tampoco tienes las mismas oportunidades de ascenso, algo que también tiene nombre propio: el techo de cristal.  Este término apareció a finales de los ochenta en el Wall Street Journal y desde entonces se han llevado a cabo bastantes estudios, sobre todo en EEUU, donde se refleja la dificultad de la mujer para acceder a la cúspide de la jerarquía en la empresa privada (y también en la vida pública, aunque sobre esto haya investigado menos).

Esto se produce, según afirma algún estudio, porque los directivos toman las decisiones maximizando su propia utilidad y no la de la organización, y el hecho de ascender a hombres les reporta beneficios no monetarios, lo que viene siendo algún tipo de placer hedónico…

Conclusión: después del esfuerzo realizado desde el siglo XV, ¡¡nos han timado!!

Melania Salazar

Melania Salazar

Profesora titular del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por ETEA, Facultad adscrita a la Universidad de Córdoba, y Titulada Superior en Desarrollo Rural por la Universidad de Córdoba, es Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sevilla. Becaria FPI en el Instituto de Investigación y Formación Agraria (IFAPA) entre 2004 y 2008. Ganadora del VII premio de investigación del Consejo Económico y Social de Andalucía y del premio de Unicaja de investigación agraria en 2009 y 2010. Investigadora en temas relacionados con economía agraria y desarrollo rural en Europa y países en vías de desarrollo

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