La Cumbre del Clima de París: del optimismo al pesimismo

Acuerdos de la cumbre del clima de parís

Que el clima está cambiando ya casi nadie lo pone en duda. Así, el calentamiento global responde a un aumento inequívoco y continuo de la temperatura media del sistema climático de la Tierra.

El uso generalizado del carbón, del petróleo y del gas, como fuentes de energía, aumenta el riesgo de que cada vez suframos mayores temporales, olas de calor, sequías, inundaciones, enfermedades infecciosas, etc. Además, esas mismas fuentes energéticas envenenan el aire y el agua durante los procesos que permiten su extracción.

Son 20 años de negociación los que han transcurrido dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). Es en este foro general en el que se determinan los instrumentos para fijar los límites de las emisiones y se concretan los procesos de cooperación, a escala internacional, que hagan posible la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida la interferencia de las actividades humanas en el sistema climático.

Acuerdo de París: limitar la emisión de gases

El acuerdo global alcanzado en la Cumbre del Clima, bautizado como el Acuerdo de París, supone un paso adelante para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. La propuesta ha sido aceptada por todas y cada una de las 196 representaciones.

El documento propone limitar el aumento de la temperatura del planeta “por debajo de los 2 C” y realizar “esfuerzos para aproximar ese aumento a 1,5 C”. La limitación del aumento de la temperatura a 1,5 C, respecto de los valores de la era preindustrial, es una pretensión impulsada por los Estados insulares, particularmente amenazados por el fenómeno del cambio climático.

Con el compromiso asumido por todos los países representados en París se han sentado las bases de los esfuerzos a largo plazo para luchar contra el cambio climático. Sin embargo, se requiere bastante más para asegurar un progreso firme hacia los objetivos de reducción propuestos.

Este acuerdo debe ser fortalecido continuamente y los países han de actuar en todos los ámbitos, con el fin de cerrar la brecha de emisiones, proveer los recursos necesarios para la transición energética y, en particular, proteger a los más vulnerables.

Mientras que el acuerdo de París entrará en vigor en el 2020, la ciencia nos previene de que para alcanzar el objetivo, limitar el calentamiento a 1,5 °C o que no exceda los 2°C, las emisiones deben alcanzar su límite máximo antes de 2020 y después reducirse de manera drástica. Los actuales compromisos sólo nos brindarán la mitad de lo que se necesita, dejando una brecha de 12-16 gigatoneladas de emisiones.

El texto considera aspectos relevantes, pero algunas cuestiones fundamentales han quedado fuera o se han tratado de manera insuficiente en aras del consenso.

Energías renovables

Energías renovables

Se ha perdido una oportunidad de reforzar e internacionalizar un cambio de modelo basado en las energías renovables, que mantenga bajo tierra el 80% de los recursos fósiles, imponga restricciones a las actividades de la industria extractiva y se ajuste a los límites planetarios.

La descarbonización, la justicia climática, la financiación adecuada, los derechos humanos, los refugiados climáticos, la perspectiva de género, entre otras, son cuestiones muy importantes que no han sido consideradas.

En concreto, la meta de la descarbonización de las economías ha quedado minimizada a una vaga referencia sobre la necesidad de alcanzar el pico de emisiones “lo antes posible” y de lograr “un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y las fuentes y absorciones por sumideros de los gases de efecto invernadero”.

Es decir, se confía el cumplimiento de los compromisos a la compensación de las emisiones, en vez de a su reducción significativa, por medio de un cambio en la forma de producir y consumir.

Según el científico estadounidense James Hansen: “No hay acciones, solo promesas. En la medida que el combustible fósil sea el más barato, se seguirá quemando”. Y es que, curiosamente, el documento no incorpora expresiones como combustible fósil, petróleo o carbón.

El texto no contempla las emisiones generadas por el transporte aéreo y marítimo, admitiendo determinados artificios contables para el cálculo de las emisiones.

Compromisos no vinculantes

Por otro lado, se ha optado por la fórmula con menor fuerza legal, la de acuerdo, para un texto, en ocasiones vago y abierto, en el que los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no son vinculantes. La revisión de los compromisos se hará demasiado tarde, cuando estemos próximos a un umbral de emisiones que implicaría superar el límite de 1,5 C.

Además, el acuerdo mantiene los mecanismos de mercantilización del clima ya considerados en tratados previos, como los mercados de carbono, que favorecen la especulación y la continuidad de acción del “económicamente poderoso”, frente a los esfuerzos reales de reducción de las emisiones.

Tampoco hay mecanismos garantistas para la financiación. La provisión de fondos para que los países más vulnerables se adapten ha quedado relegada a una decisión de la cumbre, no al acuerdo vinculante, lo que posibilita una vuelta atrás en el futuro.

En definitiva, y en palabras de Bill McKibben, este acuerdo no va a salvar el planeta, pero al menos es posible que salve la posibilidad de salvarlo... si la movilización popular aumenta la presión a partir de ahora.

Luis Amador

Luis Amador

Profesor titular del Departamento de Economía. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba. Procede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (ETEA) donde lleva impartiendo clases en asignaturas vinculadas al área de economía desde 1988. Ha sido Secretario del Departamento de Economía, Ciencias Jurídicas y Sociología (Facultad de CC. EE. y Empresariales-ETEA) y Coordinador del Programa de Doctorado “Planificación, Dirección y Entorno Económico-Social de la Empresa (Universidad de Córdoba). Investigador en temas relacionados con el turismo y el desarrollo sostenible. Desde su creación (año 2000) es miembro del Observatorio de Sostenibilidad de la Provincia de Córdoba, órgano promovido por la Diputación de Córdoba.

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