“Es impresionante lo que te puede llegar a transmitir la sonrisa de un niño”

Voluntariado universidad loyola andalucía

Se acercaba el verano. ¿Sería uno cualquiera? Estaba decidida a vivirlo de forma diferente. Después de la experiencia de su hermana el año anterior en Kenia, ella debía vivir algo parecido. Ana Alonso, estudia segundo del grado de Administración y Dirección de Empresas + Derecho en la Universidad Loyola Andalucía y el pasado mes de julio decidió dedicárselo a los más necesitados.

Buscando por sus propios medios encontró a la ONG ‘Pour un sourire d´enfant’  (por la sonrisa de un niño) que se dedica a ayudar a los niños que viven en situación de pobreza extrema. Y de repente, se encuentra cogiendo tres aviones y un autobús para llegar a Camboya a pasar allí cinco semanas que nunca olvidará.

La ONG tiene campamentos en varias ciudades del país y se dedican a dar alimento, hospedaje y educación a los niños. La mayoría de las familias viven de rebuscar en los vertederos, vender la basura reciclada o incluso a prostituirse. “Lo que más me impresionó fue ver familias enteras viviendo en los basureros” dice  cuando explica el trabajo que ella desempeñaba. “Íbamos a rescatarlos y convencer a las familias de que dejaran a sus hijos venir con nosotros“.

Voluntariado: una experiencia gratificante

De las cinco semanas que estuvieron, la primera fue introductoria para convivir, conocerse y recibir una formación básica. Después de eso se repartieron los grupos de voluntarios y a Ana le tocó desplazarse a Siem Riep, ciudad conocida por los templos de Angkor. Allí pasaron el resto de su estancia desplazándose por diferentes partes de la ciudad.

Es impresionante lo que te puede llegar a transmitir la sonrisa de un niño que ni siquiera sabe hablar tu idioma”, decía al preguntarle qué es lo que más le gustó de la experiencia. “Hablamos por señas y lenguaje corporal, pero nos entendíamos perfectamente”, asegura.

Este tipo de vivencias te cambian totalmente; te abren la mente, te sitúan en el mundo real. “Ana llegó mucho más consciente de lo dura que puede ser la vida, ahora es mucho más agradecida y valora más las cosas”, comenta Consuelo, su madre. Confiesa que lo pasó muy mal cuando su hija decidió irse tan lejos. “Es una experiencia físicamente durísima y a mí me preocupaba que se pusiera mala, como al final se puso, pero sé que aun así lo disfrutó muchísimo”.

En definitiva una experiencia de las que hay que vivir en la vida y que ella nunca olvidará. ¡Anímate a vivirlo, anímate a ayudar a los demás!

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