Rafael Avilés: “Los refugiados huyen de la muerte y no les abrimos las puertas de Europa”

Rafael Avilés habla sobre su experiencia con los refugiados en Lebos.

Rafael Avilés, periodista y profesor de Comunicación en la Universidad Loyola Andalucía, acaba de llegar de Lesbos. Viene de ‘la isla del desasosiego’, expresión con la que define a esta zona griega en su blog, un espacio en el relata el drama por el que pasan día a día miles de refugiados.

Los primeros cincuenta días del año “han sido muy duros, el frío y el viento han frenado le llegada de refugiados” y “se agolpan en la costa turca a la espera de que amaine el clima”, cuenta Rafael Avilés en El gran carnaval.

Sin dudarlo, se fue a Lesbos para ayudar a los refugiados y documentar lo que ocurre en la isla porque “tengo en mente poner poner en marcha ciertos proyectos fotográficos. Además, PROEM-AID me propuso viajar hasta allí para documentar lo que ellos están haciendo”, lo que motivó finalmente su aventura, afirma Rafael.

Pregunta (P): Bueno Rafael, has creado un blog en el que cuentas todo el drama que viven los refugiados, pero ¿por qué se llama ‘Amor y muerte en la isla de Safo’?

Respuesta (R): Es que amor hay mucho, además le llaman la isla del amor, que es curiosamente y por sorpresa para muchos, el que hay entre los refugiados. Sin esa solidaridad existente entre ellos, no podrían salir adelante. Muerte es toda la que hay, no solo dentro de la isla, también al llegar a ella porque los fondos próximos a la isla están plagados de cadáveres.

En el año 2015 llegaban mil botes al día y morían muchas personas en el intento por llegar vivos. Esos cadáveres no han sido rescatados porque en la propia isla no hay servicios de emergencia marítima, aunque esta realidad pueda parecer inverosímil. El salvamento marítimo que pueda haber lo ponen las ONGs, por ejemplo, PROEM-AID.

(P): ¿Con qué idea del drama de los refugiados vas a Lesbos y cuál es la realidad que te encuentras al llegar a la isla?

(R): Realmente voy con la única información que puedo ver en los medios españoles y los que informan sobre este drama. Solo hemos pensado la crudeza de la situación cuando hemos visto  situaciones tan impactantes como las nevadas, porque no nieva nunca, del campamento de Moria.

Este campamento es un antiguo penal reconvertido en campo de refugiados que controla el Ejército y la Policía. Cuando vemos estas fotografías nosotros nos olvidamos de las personas, los refugiados siguen allí pasándolo realmente mal. Otro aspecto que me sorprendió es que no solo hay refugiados sirios y afganos, hay migrantes económicos que buscan huir de la pobreza de sus países.

El drama de los refugiados: hastiados, sin energía ni educación

(P): De todas las historias personales que hayas podido documentar o presenciar ¿Hay alguna que te haya impactado más?

(R): Uno concretamente. Vimos tres niños junto a su madre y su padre. La cara de todos reflejaba una felicidad inmensa porque habían llegado sanos y salvos, eso sí, con muchísimo frío. Cuando voy a felicitar al hombre por haber llegado bien con los que yo creía que eran sus hijos, me dice que no lo son, que esos pequeños son sus sobrinos. Lo impactante lo encuentras cuando descubres que al padre lo habían asesinado las mafias turcas hace dos días en la costa mientras intentaba negociar los pasajes. Lo emocionante es que ellos estaban contentos por haber llegado vivos, el mar la noche anterior había estado muy picado.

(P): Presenciando conversaciones y viéndoles las caras cada día ¿Qué percibes en ellos cuando los ves?

(R): Ellos no saben para qué están aquí, no saben la razón. Se quieren ir cuanto antes por el desasosiego desesperante en el que están sumidos. Hay familias que llevan 14 meses en un campamento que funciona como un camping, esta situación se sobrelleva cuando llevas una semana como mucho.

Cuando tus hijos están llenos de polvo, sin una educación completa y una abismal incertidumbre, es entonces cuando te das cuenta que la palabra que les define es hastío. Hasta tal punto llega esta situación que no les queda ni energía para estar desesperados.

Los voluntarios de PROEM-AID ayudan a los refugiados.
Los voluntarios de PROEM-AID juegan con los niños (Foto: Rafael Avilés).

(P): Parece que no nos queda clara la razón de su viaje a Europa…

(R): Para empezar, tenemos que diferenciar entre refugiados y migrantes económicos. Los segundos buscan una vida mejor, los refugiados tienen claro que no van a encontrar nada mejor que una Siria pacificada porque allí se vivía muy bien. Los sirios tienen mucha formación. Aunque nos cueste llegar a entenderlo, hay muchas ciudades que tenían un nivel más alto que algunas de España.

Los refugiados huyen de la muerte, no lo entendemos aquí todavía y somos tan egocéntricos que pensamos que somos el objetivo de estas personas. Los refugiados están huyendo del centro de su mundo porque allí los matan, nosotros no somos el centro del mundo y lo creemos.

(P): ¿Somos solo egocéntricos o también nos falta solidaridad?

(R): Somos egocéntricos, pero no somos solidarios en absoluto. Si acaso somos caritativos, un concepto muy diferente. Nosotros no nos ponemos en la piel de estas personas, intentamos ayudarles con unas migajas y nos olvidamos de ellos. Ellos están allí, en ese gran paréntesis que es Lesbos o incluso Atenas, y nosotros no les abrimos las puertas de Europa.

(P): Realmente parece que esto pudiera tener una solución a medio o largo plazo ¿No?

(R): Como poder, podría tenerla a corto plazo, pero si no la tiene habría que preguntar a los gobernantes que tenemos el porqué. Yo ya no culpo a los que gobiernan, la culpa la tienen los votantes porque saben perfectamente qué han hecho dándole su confianza al partido que hayan votado.

Los gobernantes querían a los refugiados metidos en algún sitio embotellados, ahora hay 50.000 refugiados en Grecia y 25.000 viven en lugares en los que no existe agua corriente o luz. En realidad, se le ha dicho a Grecia que acoja a todos esos refugiados porque tienen una deuda impresionante, entonces o hacen eso o no continúan en la Unión Europea. Este discurso no solo está a nivel político, también es el que se percibe en la calle.

La difícil tarea del periodista en Lesbos

(P): Imagino, entonces, que será difícil trabajar allí como periodista…

(R): El problema es que no gustamos ni a las autoridades ni a los propios refugiados. Muchos periodistas que han ido allí no han contado la historia completa, se quedan una historia muy concreta y morbosa para que pueda llegar a Europa. Otro de los problemas que tenemos aquí es que no procesamos mensajes complejos, tienen que ser cortos y emotivos, algo que solo se consigue con historias personales.

Las autoridades griegas no nos pueden ni ver, no nos dejan pasar a ninguna parte, no hemos contado la presión que tienen encima y esa es la razón de la percepción que tienen de los periodistas. A los refugiados se les ha sacado con muy poca dignidad y con mucha desgracia.

(P): Entonces ¿Cuál es el interés real que tienen los medios allí?

(R): Pues es que a los periódicos les interesan historias muy concretas, impactantes y diferentes a todo lo que se ha visto antes. Cuando voy necesito contar la visión general de lo que ocurre en la Isla, no pueden sentirse discriminados, se ha dado una visión muy parcial de todo lo que ha ocurrido.

(P): ¿Son muy duros los mecanismos de control que tiene el gobierno para la llegada de refugiados?

(R): El principal control es el ejército y ellos funcionan con sus propias reglas, sobre todo en el campamento de refugiados de Moria en el que no entran las leyes de la Unión Europea ni de las Naciones Unidas. Allí se funciona como diga el comandante de turno, se trata mal a los refugiados, como si estuvieran en un penal.

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