Formación del Gobierno ¿pacto o elecciones?

España Sin Presidente

Los dos grandes partidos, el Partido Popular (PP) con 123 escaños y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con 90, son los que más posibilidades tienen de formar gobierno, pero ni se valen por sí solos ni tendrían suficiente con el apoyo de un solo partido cada uno.

A priori, se ven tres posibles opciones. Una primera sería el llamado “pacto a la alemana”, propuesto por el Partido Popular y que incluiría también a Ciudadanos (40 escaños) y PSOE, los partidos que en teoría defienden la unidad de España frente al desafío secesionista.

Otra opción, el que Pedro Sánchez ha denominado “pacto a la portuguesa”, un pacto de izquierdas que englobaría a PSOE, Podemos (69 diputados sumando a los de En Comú Podem, En Marea y Compromís), PNV e IU, con seis y  dos escaños respectivamente. Debería contar además con la abstención de Esquerra Republicana y de Democracia y Libertad, partidos independentistas catalanes que suman 17 escaños.

Pactos muy complejos y que deberán evitar caer en la fórmula que terminó de sentenciar políticamente a Artur Mas: “Lo que no nos dieron las urnas lo corregimos con la negociación”.

¿Sin solución para crear un Gobierno?

A día de hoy, parece estar lejos un gran acuerdo entre partidos que dé lugar a la configuración de un Gobierno, por lo que va cobrando fuerza la tercera y última opción: nuevas elecciones. Es en este punto precisamente donde surgen numerosas dudas.

¿Cuánto tiempo disponen para negociar? ¿Qué ocurre si no hay acuerdo? ¿Por qué se reúne el Rey con todas las fuerzas políticas? Una vez más, la Constitución de 1978 nos alumbra con su artículo 99.

En su apartado primero se establece que “el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno”. Probablemente este sea el punto más conflictivo y el que, con toda seguridad, cree más controversia.

Durante las anteriores legislaturas ha sido relativamente fácil proponer un Presidente del Gobierno a la Cámara; las mayorías absolutas (o casi absolutas) hacían prácticamente incuestionable el candidato. Sin embargo, actualmente, el panorama político nos deja a un partido que ha ganado las elecciones pero que está muy lejos de la mayoría absoluta, y a otro que ni siquiera llega a los cien escaños pero que tiene opción de formar Gobierno con el apoyo de varios partidos.

Esta difícil circunstancia deja al Rey en una situación comprometida. Deberá posicionarse de una manera o de otra, rompiendo con la neutralidad que caracteriza a la institución y que él mismo ha querido transmitir durante sus últimos discursos, sin entrar siquiera en el asunto catalán.

¿Qué candidato debe proponer el Rey?

Congreso Diputados Bloqueo

¿Mariano Rajoy? ¿Pedro Sánchez? ¿Pablo Iglesias o Albert Rivera? ¿Será algún otro miembro de estos partidos? Cabe incluso la duda de que proponga a un tecnócrata independiente para solucionar esta situación de crisis, no solo económica sino también política, como hiciera el Presidente de la República Italiana en 2013, al encargar la formación de Gobierno a Mario Monti.

En el caso español, la potestad del Rey se deriva del artículo 62 de la Constitución, que establece en su apartado d) que corresponde al Rey “proponer el candidato a Presidente del Gobierno […]”.

En relación con el citado precepto, José Fernando Merino Merchán, Letrado de las Cortes Generales, indica en la web oficial del Congreso de los Diputados que la discrecionalidad del Rey no es absoluta; si bien no está vinculado por las consultas con los representantes de los grupos parlamentarios, sí que se encuentra influido en su decisión por las fuerzas que han adquirido representación en el Congreso.

De esta forma, en caso de que no haya mayoría absoluta, sus propuestas irían en orden de mayor a menor número de escaños.

Sin embargo, si no fuera esto posible, indica Merino Merchán que “habría que dirigirse a candidatos obtenidos por coalición entre las fuerzas políticas con representación”. Una vez propuesto, dicho candidato presentará su programa político ante el Congreso y se realizará una votación, en la que deberá salir elegido por mayoría absoluta, algo que parece imposible salvo que haya un pacto PP-PSOE(-Ciudadanos).

Dado que parece casi imposible alcanzar esta mayoría absoluta, el artículo 99.3 establece una cláusula de escape para estos casos: “se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de lo anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviera la mayoría simple”. Y en este caso, caben las fórmulas que hemos previsto al principio.

Según la costumbre institucional, la primera votación deberá realizarse como muy tarde el día 28 de enero. Sin embargo, unas horas antes de la publicación de este artículo una serie de acontecimientos alteraron todos los plazos. El viernes 22 de enero, Mariano Rajoy renunció a la investidura que le propuso el Rey, si bien aseguró que se mantiene como candidato a la Presidencia del Gobierno. Alegó que no dispone de los suficientes apoyos y no tiene sentido someterse a la investidura para que empiecen a correr los plazos.

Pocas horas antes, después de su reunión con el Rey, Pablo Iglesias tendió la mano a Pedro Sánchez si el líder de Podemos era vicepresidente en el teórico Gobierno y su partido disponía de las carteras de Economía, Educación, Sanidad y Servicios Sociales, Defensa, Interior, Exteriores y… ¿!Plurinacionalidad!? Y el líder socialista, Pedro Sánchez, abrió las puertas a la negociación con Podemos.

Nuevas Elecciones

Queda en manos del Rey iniciar una nueva ronda de contactos que con toda probabilidad comenzará el miércoles 27 de enero. Seguirá el mismo orden que en la anterior ronda, es decir, según el número de escaños. Pero con una gran diferencia: ahora la pelota está en el tejado de Sánchez.

El día 30 se celebrará el Comité Federal del PSOE. No parece que los barones del partido vayan a permitir un pacto con Podemos a cualquier precio, sobre todo, después de que los exvicepresidentes Alfonso Guerra y Alfredo Pérez Rubalcaba hayan tachado la propuesta de Iglesias de irrespetuosa.

Así también lo ha percibido el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien escribió en Twitter que “Sánchez debe decidir si busca acuerdos en la centralidad y el constitucionalismo o en partidos separatistas”.

La renuncia de Rajoy obliga además a retrasar la sesión de investidura ya que, como indiqué anteriormente, el Rey propondrá su candidato después de la ronda de contactos, y con toda probabilidad no habrá votación en el Congreso hasta la semana del 8 de febrero.

En caso de que el nuevo candidato llegue tan siquiera a la mayoría simple, se volverá a repetir el mismo procedimiento, con un límite de dos meses desde la primera votación, tal y como establecen los apartados 4 y 5 del artículo 99. En otras palabras, si el 8 de abril (aproximadamente) sigue sin haber acuerdo para la Presidencia del Gobierno, el Rey disolverá el Congreso y el Senado y convocará nuevas elecciones. Un plazo que no habría pasado del 28 de marzo, si Mariano Rajoy se hubiera sometido a la sesión de investidura.

Cuestión de responsabilidad

Se abre, por tanto, un proceso apasionante desde un punto de vista político pero al mismo tiempo muy incierto e inestable, en todos los ámbitos. Dos meses de negociaciones, incluso dos semanas a este ritmo, pueden provocar un enorme desgaste político para todos los partidos y, muy especialmente, a la Corona, que si me permiten la expresión, deberá posicionarse en cuanto al candidato a la Presidencia del Gobierno y abandonar su característica neutralidad.

Paralelamente, la Bolsa está sufriendo las mayores caídas en muchos años debido, en parte, a la incertidumbre política; si bien hay que reconocer que gran parte de la culpa la tiene la caída de la Bolsa china y del precio del petróleo. Y por último, se deberá hacer frente a un desafío secesionista que ha instaurado en Cataluña un ambiente de cierta crispación.

No voy a manifestarme en cuanto al candidato idóneo o quién creo que debe gobernar, tan solo pretendo que seamos realmente conscientes de la importancia de estos meses que se avecinan, probablemente uno de los más importantes en la historia de España desde la Transición. Y también es un llamamiento a nuestros dirigentes políticos, para que alcancen acuerdos desde la responsabilidad política y, sobre todo, de Estado.

Artículo de opinión: Julio Jiménez Díaz

Edición: Candela Granados / Álvaro Guerrero

Fotografías: Pixabay

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