El poder de la palabra a través del debate universitario

Debate en Loyola Andalucía

Hace siete mil años ocurrió un hecho insólito en la historia de la evolución humana. Un hito que sin duda cambiaría por completo el rumbo de los acontecimientos al diferenciarnos del resto de las especies. El Homo sapiens comenzó a mostrar los primeros indicios de lo que sería la herramienta más útil del ser humano, el lenguaje, proporcionándonos así el don de la comunicación oral y escrita.

Una posición biológicamente privilegiada

En cierto modo, podría decirse que la casualidad quiso que nos encontráramos en una posición biológicamente privilegiada. El pensamiento crítico, las ideas y la capacidad argumentativa jugaron un papel fundamental como características inherentes al hombre en el desarrollo y asentamiento de las comunidades, poniendo a prueba nuestra capacidad de defensa ante la más ilegítima de las manipulaciones o adoctrinamientos.

Vivimos en una sociedad heterogénea

Con el transcurso del tiempo, aquellas primeras palabras parecieron hacer eco en el seno de los grandes poetas, escritores, filósofos y políticos que hicieron historia en los debates transcendentales desde la Antigua Grecia hasta nuestros sistemas democráticos actuales. Aquellos oradores dieron paso sin saberlo al más firme de los principios que hacen hoy posible la convivencia entre los pueblos: la tolerancia.

Así, poco a poco, el debate se fue adaptando a las necesidades de las sociedades y a las características de las mismas. Si bien es cierto que hubo un tiempo en el que la autoridad de los oradores se impuso al analfabetismo y la discriminación racial, sexual o estamental, hoy en día, afortunadamente, nos encontramos en una sociedad heterogénea.

Protagonismo de los jóvenes en el debate universitario

Al contrario de lo que muchos piensan, se ha de asimilar que el debate nunca ha de ser entendido como la imposición de ideas propias o ni si quiera la convicción del oponente. Realmente se trata de la exposición y el conocimiento de todas las opiniones y la astucia para la búsqueda del consenso entre ellas. De lo contrario, sin el amago de entendimiento-que no por ello renuncia de nuestras propias convicciones- , su utilidad, sería prácticamente nula.

Dichos principios hoy recaen sobre los hombros de jóvenes universitarios, dispuestos a hacer un mundo mejor y a luchar por la defensa de aquello que lograron sus antecesores, aplicando los conocimientos adquiridos en las aulas y fusionándolos a sus habilidades comunicativas.

La importancia del debate universitario

Al fin y al cabo, ¿para qué sirve la tecnicidad cuando no somos capaces de ponerla a disposición de la sociedad? ¿Cuál es el objetivo de formarnos sin la posibilidad de transmitir aquello que aprendemos? He ahí la importancia más que manifiesta del debate, aquella que han sabido atisbar cientos de universidades alrededor del mundo, promulgando actividades complementarias referidas a la palabra, y que cada día ganan más aficionados en España.

Tendencia y certeza de un progreso irrefutable

En esencia, el debate universitario no sólo ha sido siempre el factor diferencial de nuestro ser, sino que hoy es una proyección de lo que significa el constante progreso de los profesionales éticos y creativos a los que aspiramos a convertirnos. Nuestro pasado nos da la certeza de que podemos conseguirlo. Nuestro presente marca una tendencia irrefutable de que así seguirá siendo.

El futuro nunca ha sido tan esperanzador para aquellos que se esfuerzan en ir siempre más allá de la mera formación docente a una formación integral. Y para ello, en palabras de Samuel Johnson, el lenguaje ha de seguir siendo “el vestido del pensamiento”, pues a ojos de la humanidad, siempre será la habilidad que irremediablemente nos vista ante un mundo que va desnudo.

Autora: Marta Isabel Campos Ríos

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