Charlie Hebdo en su línea, como siempre

Charlie Hebdo terremoto Italia

Javier Alcobendas, estudiante de 4º del grado en Comunicación, comparte con nosotros una reflexión sobre la viñeta del semanario satírico Charlie Hebdo publicada con motivo del terremoto de Italia del pasado verano.

En este trabajo, nuestro compañero analiza y reflexiona sobre el fenómeno “Je suis Charlie”, con todo lo que ello conllevó, y se detiene en la portada que este medio publicó con motivo de los terremotos que Italia sufrió el pasado 24 de agosto de 2016.

Para ello, Javier Alcobendas ha desarrollado este trabajo respondiendo a tres preguntas; comparando los titulares de los distintos medios nacionales (ABC, El País, Público e Hipertextual sobre las críticas que recibió el semanario francés a raíz de esta portada); a la par que incluyendo su opinión.

Tratamiento de los medios a esta noticia

La primera pregunta que se hizo fue la de intentar averiguar si era capaz de apreciar alguna diferencia significativa entre el tratamiento que dieron los medios a la noticia en cuestión.

En cuanto a lo que titulares se refiere, “no sabría encontrar ninguna diferencia significativa o palpable. Sin embargo, el contenido en la prensa generalista como el ABC, El País o El Público es muy escueto y se limita a cortar y pegar la noticia proporcionada por la agencia de noticias EFE, añadir más o menos contenido o, simplemente, algunos ‘pantallazos’ de las reacciones en Redes Sociales”, explica Javier en su análisis.

Por otro lado, aprecia que “la prensa más independiente, en este caso Hipertextual, hace una reflexión más amplia, introspectiva y reflexiva; argumentando antecedentes relacionados con la revista (como los atentados que sufrió el 7 de enero del 2015). En ese momento, toda Francia, de la mano de Europa y muchos otros países democráticos, se solidarizó con la revista satírica y la libertad de expresión”, añade en el trabajo.

El segundo tema que aborda nuestro compañero es preguntarse, a colación con lo anterior,  si “¿fueron estas diferencias más significativas cuando se produjo el atentado en el año 2015 en la redacción de la revista Charlie Hebdo?“.

Según apunta, “si no recuerdo mal, los medios más conservadores (ABC, El Mundo, La Razón, etc.), aún a pesar de solidarizarse con las víctimas y condenar los atentados, sí se mostraron más críticos con la revista aún a pesar de los sucesos. Mostraron otras trabajos que la revista había realizado para su portada. Muchos de dichos medios se la tenían guardada por algunas cosas como estas, y medio “justificaron (muy, muy entre líneas siendo honestos) estos atentados”.

Por otra parte, señala Javier que “los medios más “progresistas”, por categorizarlo de alguna manera, se centraron más en la magnitud de los atentados: cómo reaccionó la gente, qué significaban estos ataques y dando información mucho más completa y objetiva sobre los sucesos de París, así como alertando de las posibles consecuencias de estos ataques para la comunidad parisina, etc.

Tras contrastar la información de los medios, en ambas fechas, es hora de ponerse en la piel del redactor. De ahí que Javier finalice esta argumentación preguntándose lo siguiente: “Yo, ¿qué habría aportado a esta noticia?”

La opinión de Javier sobre la portada de Charlie Hebdo

“En caso de haber podido, en lugar de una noticia me hubiese animado a escribir una columna de opinión, un artículo o el mismo editorial del periódico. Qué pienso con respecto a esto es claro y conciso: doble moral”, explica Javier.

Y el resultado de esa columna de opinión es el que recogemos a continuación.

Cuando los ‘no-europeos’ nos atacan, tocan nuestras libertades, tocan a nuestras víctimas; cuando el miedo lo podemos oler porque está a la vuelta de la esquina, es cuando todos nos solidarizamos, nos unimos (bueno, todos… todos no; los políticos de los distintos países que acudieron creyeron más conveniente unirse, sí, pero solo entre ellos. Pero bueno, ese es otro debate más tedioso) y salimos a la calle, aunque no hayamos leído Charlie Hebdo en nuestra vida o incluso la hayamos llegado a criticar por más de una portada de mal gusto o que simplemente “atacó” lo que cada uno tenemos como sagrado.

Pero henos aquí, y ahora resulta que es Charlie Hebdo quien decide olvidarse de todo ese apoyo que el mundo occidental le brindó en sus peores momentos y decide atacar a nuestros compañeros italianos, riéndose del sufrimiento y la desgracia ajena.

Primero: la sátira se hace contra los que oprimen, contra el mal, contra los poderosos y sus injusticias para ridiculizarlas. Que la gente se abstraiga, se ría y se regocije viendo como le meten el dedo en el ojo a aquellos o aquellas cosas que normalmente no están a nuestro alcance; pero nunca del sufrimiento y desgracias humanas. Eso ni es humor, ni es sátira. Eso es ser sádico, poco ingenioso y de un mal gusto macabro. Pero esto lo tienen que tener claro en Charlie Hebdo, y si no es así nos basta con no leerla. El tiempo y la ley la pondrán en su lugar.

Segundo: hay que ver lo hipócritas que llegamos a ser en Europa. Ahora ya ninguno ‘Je Suis Charlie’. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza y no merecen compasión. Pero el problema no es suyo (principalmente), siempre ha sido nuestro.

Ellos hacen lo que llevan haciendo desde que empezaron y, les apoyemos o no, van a seguir haciéndolo. Nosotros, la sociedad, somos los que tenemos el problema que, después de haber arropado al semanario, nos sorprende y nos sentimos traicionados por esta portada. Después habernos aprendido de memoria la primera persona del presente de indicativo del verbo être, convertirnos en activistas en Facebook por un día o dos, ahora se portan así. Pensaríamos: “les dimos la mano y ahora nos la tiran a la cara”. Pues no, no nos enteramos.

Ellos nunca pidieron una manifestación, ni pidieron políticos, ni 140 caracteres de todas nuestras cuentas de Twitter o que quemásemos la opción de “compartir” de nuestras Redes Sociales, de tanto uso que le dimos; ya bastante tendrían con lo suyo aquel día supongo.

El doble rasero: consolar y compadecerse del que hace lo que él considera su trabajo: criticar y satirizar todo, hasta lo más sensible e inimaginable (solo si es de lo ajeno, claro); y, sin embargo, indignarnos y ofuscarnos cuando su trabajo lo dirige hacía casa, hacia lo cercano y nuestro.

Por ello, no me puedo sorprender de esta portada, no puedo indignarme más que con muchas otras que ya tenían. El punto de partido es que nadie les explicó en su momento donde están los limites (en su momento, Le Monde DIplomatique ya reflexionó sobre esto) y que si ellos no se los ponían se los tendríamos que poner nosotros o, como ya vimos, otros menos dialogantes oriundos de ‘lo ajeno’.

Trabajo de Javier Alcobendas, estudiante de 4º del Grado en Comunicación

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