La semántica del cambio social

Cambio social, desigualdad y pobreza

Condensar cualquier idea en un término implica preguntarse por lo que verdaderamente es en sí misma; el proceso contrario –de inferir la naturaleza de lo referido a partir del referente– nos ofrece una visión que se ciñe a los subjetivismos de cada contexto.

El ser humano tiende a repetir las palabras como un mantra: Aristófanes, el dramaturgo, representaba en sus obras cómo Sócrates hacía demagogia de la realidad a partir de crear un leitmotiv de sus ideas que los jóvenes repetían y difundían. El ser humano no es borrego por su incapacidad para aprehender la realidad, sino por su tendencia al acopio del pensamiento ajeno que contamina las palabras, continente de las ideas.

Pobreza

Pobreza es un sustantivo de adjetival de “pobre” y, como cualquier calificativo, éste existe porque el término al que designa encuentra en el mundo un elemento de comparación. En otras palabras, alguien es pobre porque la realidad vislumbra cuál es su antítesis; uno se halla miserable cuando reconoce la prosperidad en la vida de su prójimo.

Aquella sociedad con una única tipología de individuo no precisaría de caracterización alguna. Es, por ende, que esta palabra es una expresión de las diferencias de cualquier espacio social. Llegados a este punto hay algo que conviene resaltar: la expresión manifiesta de las divergencias en una comunidad es objeto de conflicto, si se razona en términos de clase social; o de movilidad vertical (unas veces) y estancamiento (otras) si, como analistas sociales, defendemos que el individuo es escultor de su historia. En este último caso hablaríamos de posición social.

Dada la naturaleza perspectivista del concepto –tanto por su trasfondo semántico como por la forma de concebir las relaciones humanas–, las vías de intervención de los distintos estados difieren considerablemente dependiendo de su experiencia relativa de la pobreza.

Asimismo, en espacios con niveles de vida similares, el tratamiento de la escasez atiende a un enfoque casi dialéctico o histórico. Los distintos Estados del Bienestar siguen diversos patrones de respuesta ante esta problemática porque sus pilares filosóficos son diversos. También el individualismo actúa como factor de ceguera a largo plazo.

La pobreza podría definirse, pues, como la experiencia de una determinada carestía de relevante índole, identificada por comparación con la abundancia. Ser pobre es, por tanto, ser consciente de un mundo dispar. Sin embargo, hay quienes pensamos que la desigualdad social, concebida como una masa heterogénea y dinámica de individuos es, ante todo, una puerta abierta a superar los rasgos propios de interseccionalidad.

La globalización y el capital cultural han permitido la posibilidad de no ser esclavo del hábito nunca más. En palabras de Pablo Neruda, “muere lentamente quien repite todos los días los mismos trayectos, quien evita una pasión, quien no lee, quien no encuentra gracia en sí mismo”.

La lógica de la sociología del conflicto se basa en identificar el elemento opresor y en acudir a la colectividad a modo de forzar el sistema para posibilitar su cambio. No obstante, si Ghandi u Obama hubieran hecho de esta premisa un patrón de vida, quizá no hubieran dejado su huella en la historia. Las naciones son agregados de individuos y, por ello, razonan como tales: se hunden aquéllas que culpan a la historia y al contexto de sus peores males.

Texto: Gonzalo Romero Martín, alumno del Grado en Economía.

 

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