Andrés del Toro: “Ya no soy un hombre gris”

Andrés del Toro es actualmente profesor e investigador especializado en comunicación corporativa, estrategia y medios sociales en la Universidad Loyola Andalucía; además, es doctor en Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid. Pero ¿cómo llegó un madrileño de Moratalaz a Sevilla?, ¿cuáles son sus raíces? Le hacemos una entrevista a Andrés, muy ilusionado, se abre a nosotros para que lo conozcamos mejor.

La Lisa Simpson de la familia, el pequeño de tres hermanos, “empolloncete”, sociable y como suelen decir de los últimos en llegar, el más independiente. Desde pequeño aprendió a intentar ser buena persona y especifica: “intentar y no a serlo”, porque como nos indica no le gusta valorarse a sí mismo. Este es su lema que le ha ayudado en toda su experiencia vital y más aún en el mundo de la publicidad, un sector a veces agresivo.

Metas claras desde niño: Publicidad y docencia

Siendo niño ya denotaba sus dos pasiones, se sabía de memoria todos los anuncios de televisión. Recuerda con cariño su etapa en el colegio, donde en su clase se encontraban compañeros con los que hoy ya reúne 31 años de amistad.

Un día, en 5º de primaria, el profesor tanteaba las inquietudes de los pequeños y surgió la famosa pregunta: “¿Qué quieres ser de mayor?”, a lo que Andrés contestó firmemente: “Ser científico e investigar, no con microscopio, sino sobre cosas sociales”.

Siempre teniendo definida su meta: “Tenía claro que debía buscar una carrera con la que disfrutar”

A pesar de haber estudiado ciencias en el instituto, entre otras razones por ser lo que se esperaba de un buen estudiante, un test que realizó ya apuntaba su tendencia innata al mundo de la publicidad. Por otra parte, soñaba con ser profesor e investigador en la universidad.

Andrés considera curioso cómo en su vida se han unido piezas que en un momento dado no parecían tener relación, para finalmente acabar encajando y formando la persona que es hoy.

Ya en la carrera tenía por meta llegar a ser planner en una agencia, le encantaba la planificación estratégica. Destaca en este periodo a su profesora de esta asignatura. Ella, a la vez que daba clases se encontraba en activo, pero la vida le ha llevado a buscar y conseguir ejercer otras de sus pasiones y actualmente es enfermera. Andrés menciona que la recuerda y le gustaría volver a contactar con ella, ya que ve una similitud entre sus vidas, ese salto tan grande de ciencias a letras, en el caso de ella al revés, pero que no deja de consistir en esa búsqueda de cumplir sueños.

Un magnífico despertar

Por otra parte, también destacaba en asignaturas de relaciones públicas que en principio no le llamaban mucho la atención. Uno de esos momentos clave en la vida de Andrés comienza por realizar un trabajo sobre una agencia que desconoce y de la que le hace gracia su nombre: Weber Shandwick. Después de realizarlo y ya acabado el curso, Andrés se despertó de la mejor manera de la que se podía interrumpir una siesta: una llamada para una entrevista de trabajo nada más y nada menos que de Francisco Porras, quien formaba parte de la agencia que había investigado para su trabajo de clase.

Esta entrevista estuvo cargada de magia. A pesar de sus escasas opciones para optar al puesto (por falta de un máster y nivel de inglés), resultó que su eterno empeño en llevar una dieta, ser de Moratalaz al igual que la esposa del entrevistador, sumado a la formación con la que contaba, aptitudes y simpatía, le llevaron a formar parte del equipo de nutrición de esta agencia.

La etapa en Weber Shandwick constituyó para Andrés seis años de su vida muy bonitos y que juegan un gran papel en su trayectoria. Allí tuvo la oportunidad de conocer a una de las personas más inspiradoras para él, la que en aquel entonces fue su jefa y actualmente amiga íntima, María.

Aprendió desde el primer día lo que significaba el trabajo en equipo, a hablar del ‘nosotros’ en vez del ‘yo’, en definitiva, a romper con el individualismo; factores que le han marcado para siempre. Además, trabajó codo a codo con el resto de becarios compañeros suyos de clase a quienes él mismo introdujo en la agencia, donde también conoció a José Antonio Muñiz, actual jefe y compañero de la Universidad Loyola Andalucía, que ya por aquel entonces le auguró a Andrés: “Algún día trabajaremos juntos”.

“Toda historia necesita su némesis”

Después de pasar un periodo donde reunió muchas alegrías y aprendizajes en Weber London y continuar en Ogilvy, llegando a ser director de medios sociales en la división de RR.PP., hubo un momento de inflexión en su vida. Por una parte, la dureza de su cargo, que, a pesar de tener dotes para el liderazgo, le resultaba una experiencia más individual.

Por otra, recuerda especialmente el día que comenzó su experiencia vital más dura a nivel profesional: “Estaba en la agencia, la gente estaba contenta y había un buen ambiente de equipo, pero recuerdo un día en que era ya ejecutivo y estaba enfrente de mi ordenador igual que todos, miré a mi alrededor. Esa gente callada mirando absortas a las pantallas y me dije ‘ostras’, es muy duro ver que has conseguido lo que supuestamente quieres pero has entrado en la rutina, como observar las caras del metro cada mañana, los desayunos a medias, los hombres grises…

Hay un libro que se llama Momo de Michael Ende, me acordé de ese libro y me vi a mí mismo un hombre gris. Era feliz y estaba contento y orgulloso, pero tenía esa sensación de rutina… que rompí cuando llegué aquí. Ya no soy un hombre gris”.

Un giro de 180 grados bien razonado

En este momento fue cuando apareció el problema de que su doctorado se extinguía y si quería llegar a ser profesor, tenía que terminarlo para que tuviera validez. Fue entonces cuando apareció la oportunidad de venirse a la Universidad Loyola Andalucía en calidad de becario.

Andrés explica que no fue un impulso, fue algo a lo que aspiraba desde niño, a lo que de verdad quería dedicarse, fusionando sus dos pasiones: la publicidad y la docencia.

Comenta la sorpresa por parte de sus amigos, lo valiente que les parecía su decisión, a lo que afirmaba y afirma que para él no fue eso, sino que el no hacerlo suponía una irresponsabilidad por su parte. Si ese era su sueño, ¿cómo no dar ese paso?

Con la experiencia siendo profesor en el IED, Instituto Europeo de Diseño, Andrés dio el gran salto en la docencia aterrizando donde actualmente trabaja. Le apasiona ser profesor y le aporta energía positiva. Es un oficio que reconoce que hasta siendo rico lo seguiría realizando.

Recuerda con cariño presentaciones finales como las del pasado año en su asignatura de tercero Strategic Plannig, que considera trabajos impresionantes, “tan buenos que ya les gustaría a grandes agencias tener presentaciones así”. Y también rememora momentos de muchas risas, llegar aquí supuso un choque positivo de acentos y expresiones, temas culturales como Semana Santa y Feria… Que a él siempre le encanta escuchar.

Desde que se encuentra en la Universidad Loyola, tiene un trato más cercano con el alumnado y sigue en contacto con muchos de ellos, quienes suelen comentarle cómo finalmente se cumplen esas profecías de abuelo cebolleta que siempre dice.

Para Andrés el trabajo es una pieza esencial de sí mismo. Afirma que existe una paradoja en su vida que siempre le ha sucedido en toda su trayectoria y es que hay ciertas disonancias entre sus experiencias a nivel laboral y las de carácter personal. Andrés comenta que se encuentra afrontando retos personales, los gestiona con la valentía y la energía que le dan el ser profesor y freelance, sus dos pasiones.

Cuando echa la vista atrás, reconoce sentirse orgulloso de conseguir sus sueños incluso cuando hubo mucha gente que le decía que nunca podría conseguirlos. Además, se ha demostrado a sí mismo que da igual de dónde partas y lo difícil que sea el inicio, que “si de verdad lo quieres con intensidad, puedes lograrlo”. Así mismo, se siente orgulloso de seguir proponiéndose nuevos objetivos.

Andrés del Toro. Fotografía: Macarena Barroso Olagaray
Andrés del Toro. Fotografía: Macarena Barroso Olagaray

Cambios y nuevas metas

Este año ha decidido hacer un cambio de nuevo, volver al mundo profesional. Considera en su caso concreto, que según el tipo de asignaturas que imparte, debe estar en el día a día y así no caducarse. Busca un equilibrio entre ambas cosas, además, ello le permite vivir entre Madrid y Sevilla, aunque sabe que con los años no será sostenible.

Bajo su punto de vista “debería de dejar de hacer cambios”. Según nos cuenta “viviría en Moratalaz junto a su perrita Lola, con un trabajo estable”, pero reconoce que al final la vida le lleva por lo contrario.

Mirando hacia el futuro a Andrés le gustaría profundizar en el mundo de coaching y crecimiento laboral (Aprender a ayudar a las personas a crecer profesionalmente).

Por otra parte, desvela tener una pasión oculta, el teatro, donde encuentra una similitud con su labor docente, pues como nos dice “ser profesor es ser actor, hacer un papel e interpretarlo”.

Sorpresa final

Finalmente, después de una maravillosa hora descubriendo a Andrés y su alta calidad como persona y profesor, terminamos la entrevista no sin antes agradecerle su tiempo brindado y la inspiración que nos transmite en su día a día en clase. Le hemos preparado un vídeo sorpresa.

Andrés queda tremendamente agradecido y sin palabras. La entrevista acaba cargada de emociones.

Texto de Macarena Barroso Olagaray, alumna del grado de Comunicación.

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One thought on “Andrés del Toro: “Ya no soy un hombre gris”

  1. Magnífica entrevista, sorprendente , directa, llena de matices yque te llevan a conocer a este gran profesor como si fuese un amigo de toda la vida. Enhorabuena

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