¿Tomamos mejores decisiones cuando estamos deprimidos?

El realismo depresivo es la noción de que las personas con depresión ven el mundo como es en realidad

Si ahora mismo te pidiese que tratases de recordar a una persona cercana que haya estado deprimida en algún momento de su vida, estoy segura de que no te resultará difícil hacerlo. De hecho, probablemente se te ocurran varias personas, incluso tú mismo.

La depresión es actualmente uno de los mayores problemas de salud pública, que afectan a un porcentaje muy alto de la población (en torno al 10% en España, y según un estudio de Kessler y colaboradores en 2003, se estima que más de 13 millones de personas en Estados Unidos se ven afectadas por esta enfermedad cada año).

Cuando una persona nos llega a consulta y establecemos un diagnóstico de depresión, tenemos varias herramientas a utilizar, siendo la terapia cognitiva de Beck una de las que mayor apoyo empírico ha obtenido hasta la fecha (para una lectura detallada, tenéis la referencia del libro de Beck y colaboradores publicado en 1979 en la sección de referencias).

La depresión y la toma de decisiones
Las personas con depresión, ¿pueden tomar mejores decisiones?

La teoría que subyace la terapia cognitiva para la depresión parte de un postulado muy sencillo, según el cual la persona que está deprimida tiene distorsiones cognitivas en sus percepciones, tanto sobre sí mismos, como sobre el mundo, y el futuro. Es decir, están negativamente sesgados.

Nos resultarán familiares las siguientes expresiones: “da igual lo que me esfuerce, no podré conseguirlo”, o “nadie se daría cuenta si me muriera, no le importo a nadie”. Siguiendo esta misma lógica, si el problema fundamental de la depresión estriba en los esquemas incorrectos que nos conducen a ese estado de tristeza crónica, el objetivo principal de la terapia será en que los pacientes vuelvan a un estado objetivo donde la percepción no estaba afectada y no había pensamientos sesgados negativamente.

Hasta aquí tiene todo el sentido del mundo. Uno empieza a ver la realidad como más negativa de lo que realmente es, comienza a percibir que no tiene control sobre lo que le ocurre y, progresivamente, se va deprimiendo. No es un estado de ánimo pasajero, se mantiene en el tiempo. La persona que lo sufre pierde la capacidad de disfrutar de lo que antes le gustaba, pierde relación con sus seres cercanos, abandona sus hobbies.

Tomar decisiones durante la depresión

¿Sería éste el momento más adecuado para tomar una decisión importante como, por ejemplo, comprar una casa? ¿Qué pensáis?

A priori diríamos que no, puesto que al estar deprimidos ya hemos visto que se altera nuestra percepción de la realidad y no es el estado más óptimo para tomar una decisión que requiere de varios procesos cognitivos. Hasta que de repente nos topamos con una serie de artículos científicos (muchos) que hablan de un fenómeno conocido como realismo depresivo. Viene a decir que, en ciertas ocasiones, los deprimidos evalúan mejor la realidad y las probabilidades que los que no están deprimidos, tomando mejores decisiones y siendo más racionales (para saber más, Alloy y Abramson, 1988).

Según la hipótesis desarrollada por estas psicólogas estadounidenses, los individuos deprimidos no solo pueden hacer inferencias causales realistas, sino que pueden hacerlas incluso mejor que individuos no deprimidos. Las personas que no sufren de depresión podrían estar en un estado de “ilusión de control, donde sobreestiman su control sobre lo que está ocurriendo y no perciben adecuadamente la información que se les presenta.

Dicho de otra forma, en estas condiciones experimentales, los deprimidos son más realistas y sus juicios se ajustan mejor a las probabilidades mostradas y, en cambio, los no deprimidos lo ven un poco mejor de lo que realmente es, de color de rosa.

¿Y ahora qué? ¿Compramos o no compramos?

personas con depresion y toma de decisiones

Alloy y Abramson (1988) identificaban una serie de factores clave (o restricciones) para el realismo depresivo, cuatro de ellos de carácter situacional, y otros dos de carácter individual. Comenzando por los situacionales, se menciona en primer lugar si se juzga la propia acción o la acción de otros, viendo que los participantes no deprimidos mostraban un sesgo positivo en su percepción de su propia actuación pero ningún sesgo respecto a la actuación de otros. En cambio, los participantes deprimidos mostraban una percepción realista sobre su propia tarea pero un sesgo positivo cuando evaluaban la actuación de otros (Gotlib y Meltzer, 1987).

En segundo lugar, se menciona si el juicio de una tarea se hace en público o en privado, viendo que los individuos no deprimidos son más optimistas en público que en privado, mientras que los participantes deprimidos no son tan sensibles a que haya gente delante (Benassi y Mahler, 1985).

La tercera restricción situacional habla de cuándo se les pide a los participantes que emitan el juicio sobre la actuación. En el caso de las personas deprimidas, sus percepciones inmediatas eran precisas pero tras una demora se iban sesgando negativamente. Respecto a los no deprimidos, mostraron un sesgo positivo tanto de forma inmediata como demorada (Wenzlaff y Berman, 1985).

Por último, en cuanto a factores situacionales, se menciona si el estímulo a percibir es ambiguo o no, mostrando diferencias en el procesamiento entre participantes deprimidos y no deprimidos cuando el feedback era ambiguo.

tomar decisiones durante la depresion

Los dos factores personales que se mencionan son de vital importancia, el primero hace referencia a la severidad de la depresión que sufra el participante, habiendo una clara tendencia a que los individuos no deprimidos están caracterizados por un sesgo positivo, los levemente deprimidos por percepciones realistas y los severamente deprimidos muestran las distorsiones cognitivas y los sesgos negativos que hipotetizaba Beck (Evans y Hollon, 1988).

El segundo factor individual menciona que los sesgos perceptuales pueden no ser consecuencia (únicamente) del estado de ánimo depresivo y podría haber otras variables que estén relacionadas con la depresión como la autoestima, las actitudes disfuncionales o el estilo atribucional. Todos estos factores estarían relacionados entre sí y podrían dar cuenta del efecto de una forma más adecuada.

Realismo depresivo

Desde la primera publicación, este fenómeno tan interesante ha tenido evidencia mixta (en algunos experimentos salía el efecto de realismo depresivo y en otros no). Por lo tanto, hemos de tener cautela antes de desembolsar todos nuestros ahorros y de hipotecarnos con el banco de la esquina. Pero si partimos de la base de que el realismo depresivo existe, y las personas deprimidas toman mejores decisiones puesto que su habilidad para procesar la información está menos sesgada que la de sus compañeros no deprimidos, ¿entonces cómo es que funciona la terapia cognitiva para la depresión?

La teoría de Beck (1987) que establece la base de la terapia cognitiva propone que la depresión conlleva pensamientos recurrentes de contenido negativo que a menudo son automáticos; estos pensamientos nacen de creencias disfuncionales muy profundamente arraigadas en nosotros y en esquemas negativos sobre nosotros mismos, el mundo y el futuro. Uno de los objetivos principales de esta terapia es enseñar a los pacientes a monitorizar pormenorizadamente su propio comportamiento, para detectar las distorsiones cognitivas y reemplazarlas por pensamientos más adecuados.

En definitiva, ¿qué ocurre en realidad? ¿Existe el realismo depresivo? ¿Lo sufren solo las personas que están más severamente deprimidas? ¿Por eso la terapia de Beck sí funciona, pero en pacientes subclínicos no funcionaría? ¿Deberíamos esperar a tener un mal día para tomar decisiones importantes?

En un metanálisis publicado en 2012 por Moore y Fresco se realizó una revisión bibliográfica exhaustiva sobre el realismo depresivo y la terapia para la depresión de Beck (que os recomiendo encarecidamente y en la que me he basado para este artículo divulgativo), y un meta-análisis sobre los estudios que hay hasta la fecha sobre realismo depresivo, concluyendo que los resultados avalan la presencia del realismo depresivo, aunque el tamaño del efecto sea pequeño.

Los autores mencionan que es posible que este efecto esté relacionado también con la ansiedad que acompaña en muchos casos a trastornos depresivos, pudiendo ser este realismo no solo consecuencia específicamente de la depresión, sino que podría ser mejor explicado incluso por síntomas de ansiedad.

Aún queda mucha investigación por delante para establecer claramente qué nos ocurre cuando estamos deprimidos o ansiosos y si ciertamente nuestra percepción de la realidad es más ajustada. Hasta entonces, mucho ojo con las decisiones a tomar, y terminaremos con una cita de Flaubert para alumbrarnos el camino.

“Cuidado con la tristeza. Es un vicio.”

Gustave Flaubert

 

Referencias

  • Alloy, L. B., & Abramson, L. Y. (1988). Depressive realism: Four theoretical perspectives. In L. B. Alloy (Ed.), Cognitive processes in depression (pp. 223-265). New York: Guilford Press.
  • Beck, A. T. (1987). Cognitive models of depression. Journal of Cognitive Psychotherapy: An international Quarterly, 1, 5-37.
  • Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (1979). Cognitive therapy of depression. New York: Guilford Press.
  • Benassi, V. A., & Mahler, H. I. M. (1985). Contingency judgments by depressed college students: Sadder but not always wiser. Journal of Personality and Social Psychology, 49, 1323-1329.
  • Evans, M. D., & Hollon, S. D. (1988). Patterns of personal and causal inference: Implications for the cognitive therapy of depression. In J. Garber, & M. E. P. Seligman (Eds.), Human helplessness: Theory and application (pp. 344-377). New York: Academic Press.
  • Gotlib, I. H., & Meltzer, S. J. (1987). Depression and the perception of social skill in dyadic interaction. Cognitive therapy and research, 11, 41-54.
  • Kessler, R. C., Berglund, P., Demler, O., Jin, R., Koretz, D., Merikangas, K. R. et al. (2003). The epidemiology of major depressive disorder: Results from the National Comorbidity Survey Replication (NCS-R). Journal of the American Medical Association, 289, 3095-3105.
  • Moore, M. T., & Fresco, D. M. (2012). Depressive realism: A meta-analityc review. Clinical Psychology Review, 32, 496-509.
  • Wenzlaff, R. M., & Berman, J. A. (1985). Judgmental accuracy in depression. Paper presented at the meeting of the American Psychological Association, Los Angeles.
Nerea Ortega

Nerea Ortega

Nerea Ortega es Profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía. Doctora en Psicología con mención europea por la Universidad de Deusto, Máster en Psicología Clínica y de la Salud, Máster en Metodología y Ciencias del Comportamiento y de la Salud. Investiga sobre toma de decisiones y racionalidad humana; memoria y aprendizaje.

One thought on “¿Tomamos mejores decisiones cuando estamos deprimidos?

  1. Hola Nerea, me ha parecido un artículo muy interesante. Es un efecto muy interesante, si me permites una aportación quizá algo a tener en cuenta sería que quizá el acento no haya que ponerlo tanto en que el deprimido es más realista, sino que las personas normalmente tienen un sesgo positivo que las hace ver el vaso medio lleno para poder seguir adelante. Quizá el optimismo, y no el realismo, sea adaptativo, y el ser humano esté preparado para ello, y son las personas deprimidas las que no tienen ese sesgo positivo adaptativo que les ayude a seguir adelante a pesar de las dificultades y ser más resilientes. Te dejo un artículo que creo que te puede interesar sobre el tema. https://www.elpradopsicologos.es/blog/resiliencia-resilientes/

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