¿Métodos mixtos o suma de métodos?

debemos tener en cuenta que recoger más de un tipo de dato no convierte a un estudio en mixto

Utilizar más de un método durante el desarrollo de una investigación ha sido una práctica común en todas las disciplinas. Sin embargo, en los últimos años ha crecido el interés por sistematizar los diseños que implican la utilización de diversas fuentes de información.

Es así como surgen los llamados “métodos mixtos” y la corriente de investigadores que pretenden facilitar esta sistematización mediante la creación de la Asociación Internacional de Investigación en Métodos Mixtos (MMIRA, por sus siglas en inglés) y de la Revista de Investigación en Métodos Mixtos (JMMR, por sus siglas en inglés).

Ambos recursos pretenden recoger tanto las aplicaciones como las necesidades que plantean los profesionales que, desde distintas áreas de trabajo, utilizan distintos métodos (cuantitativos o/y cualitativos) para desarrollar una investigación.

A pesar de parecer una tarea sencilla, uno de los primeros retos metodológicos consistió (y aún consiste) en determinar qué es un estudio mixto y qué es simplemente una suma de datos. Aunque aún existan desacuerdos en algunos detalles, sí ha sido posible establecer una serie de elementos clave que permiten definir un estudio mixto.

Claves de un estudio mixto

En primer lugar, el desarrollo de un estudio mixto sólo se ve justificado bajo la existencia de una pregunta de investigación que, por su complejidad, no puede ser abordada mediante una única aproximación metodológica. Desde una perspectiva mixta, se aboga por el “pragmatismo”, que pretende priorizar la importancia del objetivo de investigación y poner los métodos al servicio de éste, y no al revés.

Tal y como describen Johnson y Christensen (2008), el pragmatismo es el eje central de los diseños mixtos y es lo que determina la elección del método que debe estar guiada (únicamente) por el objetivo del estudio, más allá de la orientación cuantitativa o cualitativa del investigador.

La segunda idea se refiere a cómo ese objetivo debe plasmarse en un diseño que, desde su inicio, integra las distintas fases del estudio. Esto implica que un diseño mixto no se reduce a unir los resultados obtenidos mediante distintos métodos, sino que requiere la integración de los distintos sub-estudios (por llamarlos de alguna manera) en todas sus fases; es decir, durante el diseño, la creación de materiales, el reclutamiento de participantes, la recogida de datos y el propio análisis.

La clave está en que esos sub-estudios tengan identidad propia y sean capaces de responder (aunque sea parcialmente) al objetivo del estudio, pero que la respuesta a ese objetivo sea más completa y comprehensiva cuando los sub-resultados se integran.

En palabras de Tashakkori y Creswell (2007) una investigación mixta es “aquella investigación en la que se recogen y analizan datos, se integran hallazgos y se formulan inferencias utilizando aproximaciones o métodos cuantitativos y cualitativos en un mismo estudio o programa de investigación” (p. 4).

Por ello, aunque sea muy atractivo describir un estudio como mixto debemos tener en cuenta que recoger más de un tipo de dato no convierte a un estudio en mixto y que es importante distinguir entre un estudio mixto y un estudio en que unimos datos de distinta naturaleza.

Referencias

  • Johnson, B., y Christensen, L. (2008). Educational research quantitative, qualitative, and mixed approaches. Thousand Oaks, CA: Sage.
  • Tashakkori, A., y Creswell, J.W. (2007). Exploring the nature of research questions in mixed methods research. Journal of Mixed Methods Research, 1, 207-211.
Isabel Benítez

Isabel Benítez

Profesora de la Universidad Loyola Andalucía. Doctora con mención europea por la Universidad de Granada (Programa de Doctorado en Psicología con Mención de Calidad). Máster Universitario en Psicología de la intervención Social por la Universidad de Granada. Ha sido becaria FPU en 2012 e investigadora postdoctoral en 2013 en la Universidad de Granada. Durante el doctorado realizó estancias en la Universidad de Twente (Países Bajos), la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), la Universidad de Murcia y la Universidad de Barcelona. Posteriormente, desarrolló un proyecto post-doctoral en la Universidad de Tilburg (Países Bajos), entre septiembre de 2013 y agosto de 2015, que fue contratada como analista en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París. Ha sido miembro investigador de varios proyectos financiados del Ministerio de Ciencia e Innovación. Actualmente, colabora con el departamento de metodología de la Universidad de Granada y el departamento de Cross-cultural psychology de la la Unviersidad de Tilburg en líneas de investigación relacionadas con la metodología mixta y la calidad de vida. Además, participa activamente en otras líneas de investigación en el ámbito de la psicología, en las que proporciona soporte metodológico.

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