Neuromoda, neuropeligros y neuroanalfabetismo neurocientífico

Neurociencia para conocer el comportamiento del cerebro humano

No hay duda de que la neurociencia es una herramienta imprescindible para profundizar en nuestro conocimiento sobre el cerebro humano y el comportamiento. Pero debemos ser prudentes porque, muchas veces, se banalizan sus hallazgos. El prefijo neuro- está de moda y es fácil verlo en una nueva terminología que, a modo de reclamo, va apareciendo en determinados programas de divulgación.

Neuroestética, neurocoaching o neuropolítica son ejemplos de un enorme listado que nada tiene que ver con otros usos perfectamente justificados como, por ejemplo, neuroeconomía o neuroética. No es que con este prefijo se vaya a cambiar el contenido semántico de toda una disciplina, pero debemos estar atentos a su uso presuntuoso por parte de aprovechados que lo utilizan para obtener beneficios privados mediante estrategias de «neuroseducción».

Neurociencia en el marketing

En la actualidad, está despuntando un mal uso de la neurociencia en el marketing (¿o, quizás, un mal uso del marketing en la neurociencia?) con el fin de captar incautos que compren productos con propuestas no científicas. Por ejemplo, es posible ver en los estantes de supermercados «neurobebidas» que ayudan a conseguir una mejor concentración o reducir el nivel de estrés, tal y como vemos en la siguiente imagen.

neurociencia aplicada al marketing
Fuente de la imagen: https://drinkneuro.com/

Estas son bebidas ricas en determinadas sustancias químicas orgánicas; sustancias que se han visto implicadas en la regulación del sueño o de las emociones, entre otras. Para cualquiera con conocimientos en neurociencia, estos argumentos pueden sonar divertidos, pero es primordial no dejarse llevar porque las implicaciones para la ciencia pueden ser muy dañinas.

Por ejemplo, el hecho de que el triptófano sea el precursor de la serotonina -uno de los neurotransmisores más relevantes en la regulación del estado de ánimo- no implica que el consumo de alimentos ricos en triptófano modifique directamente el estado de ánimo.

Y es en la mala interpretación de los resultados, en la extralimitación de las conclusiones o en la descontextualización del vocabulario donde debemos mostrarnos recelosos. Por cierto, si acudís a la web de esta empresa, no encontraréis ni una sola referencia a estudios científicos con ensayos controlados de sus productos. En definitiva, un daño para la comprensión pública de la neurociencia y una medalla para los que se aprovechan de su merecido prestigio.

Neurociencia en comunicación

Estos peligros también abundan en la prensa mediante titulares banales a nivel científico, pero atractivos a nivel comunicativo. El cerebro vende, y los medios aprovechan su impacto generalizando los resultados a unos contenidos más digeribles por el público.

En un estudio se quiso explorar el papel que juega la serotonina en la reacción de las personas al ser tratadas injustamente. Para ello, se les administró una bebida artificial en la que se manipulaban los niveles de triptófano. Los autores descubrieron que, cuando estos niveles eran bajos, era más probable que las personas se vengaran al ser tratados injustamente (Crockett, Clark, Tabibnia, Lieberman y Robbins, 2008).

Los titulares garantizando los poderes de la ingesta de queso (un alimento rico en triptófano) en la toma de decisiones, no tardaron en aparecer. Seguro que ya sabéis identificar el error de esta conclusión.

neurociencia y marketing
Fuente de la imagen: www.independent.co.uk

Lo «neuro» está de moda y no son pocos los científicos (sí, en la ciencia también hay marketing), empresarios y medios de comunicación que se aprovechan para lograr fondos para una investigación, otorgarse una apariencia de importancia, o llenarse los bolsillos con productos o terapias inventadas. ¿Cómo? Incorporando el prefijo neuro a su nombre o añadiendo una imagen de un cerebro a sus productos (véase, de nuevo, la imagen de las «neurobebidas» más arriba).

Las fotos de cerebros tienen propiedades especiales hasta el punto de que las explicaciones de fenómenos psicológicos son mejor consideradas cuando incluyen referencias a la neurociencia. En un estudio se pidió a un grupo de personas que leyeran un artículo científico y valoraran su grado de acuerdo con las conclusiones que en él se exponían.

Para la mitad de las personas el artículo contenía la imagen de un cerebro, mientras que para la otra mitad no aparecía nada más que el texto. Los resultados mostraron que el nivel de aceptación de las conclusiones se disparaba cuando el artículo contenía la imagen de un cerebro (McCabe y Castel, 2008; véase también Hook y Farah, 2013).

Construir un pensamiento científico sólido

Nos congratulamos de las cosas tan asombrosas que se descubren constantemente gracias a la neurociencia, al mismo tiempo que nos lamentamos de la facilidad con la que se propaga la desinformación en nuestro siglo, del analfabetismo científico de nuestra sociedad.

La enorme cantidad de datos falsos sobre los que se construyen titulares y productos grandilocuentes es una realidad palpable hoy día en las redes sociales. Y es aquí, ante las modas pasajeras y propagandistas de la ciencia, donde debemos mostrarnos cautelosos.

La gran cantidad de variables que influyen en el comportamiento humano hace casi imposible hacer una predicción totalmente certera sobre él. El comportamiento es una expresión del sistema nervioso resultado de una ingente mezcolanza de variables internas y externas, por lo que resulta peligroso concluir que una determinada bebida o comida es la solución mágica a parte de nuestros problemas.

Hoy día resulta imprescindible la inversión en educación y en ciencia para construir un pensamiento científico sólido en nuestra sociedad; para impedir que declaraciones exageradas aparten los recursos y la atención que se merece de una ciencia de la que pretenden aprovecharse pseudocientíficos y «pseudocharlatanes».

Así que cuando os enfrentéis a situaciones como las descritas más arriba, en las que impera el reduccionismo científico, no dudéis en pedir las evidencias, preguntar por la parte que no se cuenta, acudir a las fuentes originales y, sobre todo, ser críticos con la realidad que os tratan de vender.

Referencias

  • Crockett, M. J., Clark, L., Tabibnia, G., Lieberman, M. D., & Robbins, T. W. (2008). Serotonin modulates behavioral reactions to unfairness. Science, 320, 1739-1739.
  • Hook, C. J., & Farah, M. J. (2013). Look again: effects of brain images and mind–brain dualism on lay evaluations of research. Journal of Cognitive Neuroscience, 25, 1397-1405.
  • McCabe, D. P., & Castel, A. D. (2008). Seeing is believing: The effect of brain images on judgments of scientific reasoning. Cognition, 107, 343-352.
Luis Morales

Luis Morales

Doctor Internacional en Psicología Experimental y Máster Universitario en Neurociencia Cognitiva y del Comportamiento en la Universidad de Granada. Becario FPI-Junta de Andalucía hasta 2013 y miembro del grupo de investigación de Memoria y Lenguaje de la Universidad de Granada desde 2007 hasta la actualidad. Estancias de investigación en Penn State University (Pennsylvania, EE.UU.) y Max Planck Institute (Holanda), así como numerosas aportaciones a congresos internacionales y publicaciones en revistas científicas internacionales de alto impacto. En la actualidad, profesor e investigador del Dpto. de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía. Líneas y proyectos de investigación sobre acceso léxico y control de idiomas en monolingües y bilingües, y control ejecutivo en bilingües, entre otras.

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