Ese vestido…

Los efectos del famoso vestido azul

Ese vestido, ese vestido. De todas las cosas posibles que podrían conseguir que el mundo hable de una misma cosa,.. ¿fue el hambre, la paz mundial, el calentamiento global, la sustitución de Isco y el pinchazo del Madrid? No, ¡fue aquel vestido! Entonces, ¿qué pasa con ese vestido? Nuestra percepción del color se basa en los siguientes tres factores.

El primer factor es la propiedad del objeto que estamos viendo. Estrictamente, ni los objetos ni la luz poseen ningún color. En cambio, la luz está compuesta de diferentes longitudes de onda, y cada objeto refleja una mezcla diferente de longitudes de onda. Nuestros cerebros inventan/perciben el color basándose en la combinación de longitudes de onda recibidas por el ojo.

Fuente del archivo gif: http://www.wired.com/2015/02/science-one-agrees-color-dress/
Fuente del archivo gif: http://www.wired.com/2015/02/science-one-agrees-color-dress/

Las longitudes de onda cortas dan lugar predominantemente a la percepción de tonos azules y las largas predominantemente  a la percepción de tonos rojos, con otros colores cayendo entre estos dos extremos.

Sin embargo, para el propósito de esta discusión vamos a suponer que, por ejemplo, un “objeto amarillo” principalmente refleja “la luz amarilla”. Así, un plátano nos parece amarillo porque aunque refleja todos los colores de la luz, refleja más luz amarilla que cualquier otro color, y entonces percibimos el plátano como amarillo.

El segundo factor es la propia luz. El plátano, obviamente, no genera su propia luz. Vemos el plátano porque refleja la luz que viene de otro lugar. Normalmente, este lugar sería el sol, o una bombilla de luz blanca. Sin embargo, ¿qué pasaría si en vez de luz blanca, el plátano se iluminara con sólo luz roja? Esto es fácil de comprobar.

Coloca un pedazo de celofán rojo sobre una linterna e ilumina un plátano. El plátano ahora se verá de color rojizo-anaranjado. ¿Por qué? Si ninguna luz amarilla llega al plátano no se puede reflejar luz amarilla – sólo se puede reflejar la luz disponible. Si sólo la luz rojiza llega, sólo la luz rojiza se puede reflejar.

Por lo tanto, el color que percibimos de cualquier objeto se verá afectado por el tipo de luz que ilumina la escena. Otro ejemplo se puede ver en este breve vídeo (publicado por El País) que muestra un vestido que se mueve desde la luz hacia la sombra.

Sistema visual

Mientras que los dos primeros factores son externos (propiedades de la luz y del objeto) el tercer factor es interno. Nuestro sistema visual ha evolucionado para ver el color en un mundo iluminado por el sol. Sin embargo, la luz del sol no es constante. Por las mañanas, a menudo tiene un tono rosáceo-rojo, al mediodía es más una luz de color blanco azulado, y al atardecer tiene otra vez un tinte rojizo.

Como se explica en el segundo factor más arriba, luz cambiante así normalmente cambia nuestra percepción de los colores de los objetos. Sin embargo, nuestros cerebros han evolucionado para darnos algo que se llama “constancia del color”.

En breve, nuestros cerebros tratan de compensar las condiciones de luz ambientales para crear la misma percepción de los colores, sin importar las condiciones de iluminación. Sin tener que preocuparnos por ello, nuestros cerebros intentan adivinar de qué color era la luz antes de ser reflejada por el objeto y ajustarla a éste, esencialmente restando ese color de la percepción para obtener el “color real” del objeto.

El ajuste exacto hecho por el cerebro depende de varios factores, incluyendo el color de los objetos del fondo de la escena. En cuanto a la luz del día, si vemos  los objetos en la mañana temprano o al atardecer, el cerebro podría descartar algunos de los colores rojizos y tratar de dar una verdadera percepción, mientras que en la mitad del día intentaría eliminar un poco de luz azul para obtener una verdadera percepción. (Otro ajuste parecido que hace el cerebro alterando la estimulación actual para darnos una percepción más acertada se llama “constancia de la luminosidad”, y se puede encontrar buscando el término “tablero de ajedrez de Adelson” en wikipedia).

Normalmente, nuestros cerebros compensarían de la misma manera. Es decir, si dos personas vieran una escena al amanecer, sus cerebros «descontarían» algo de la luz roja excesiva en un intento de dar una percepción más real de los objetos que estaban viendo.

Sin embargo, en el caso de «el vestido», parece como si la iluminación general de la foto se encuentra en algún tipo de umbral o límite. Los cerebros de algunas personas reaccionan como si vieran la foto en el momento de amanecer/atardecer, mientras que para otros su cerebro reacciona como si estuvieran viendo la foto al mediodía. Entonces, algunas personas eliminan el lado azul, en cuyo caso acaban viendo blanco y dorado, mientras que otras personas eliminan el lado rojizo-naranja (dorado), en cuyo caso obtienen azul y negro.

Si la foto hubiese sido sacada bajo condiciones de iluminación diferentes, es probable que hubiera estado más lejos de este umbral, y todo el mundo habría percibido el vestido de la misma manera – blanco y dorado, o, azul y negro, como se ve en está imagen.

Independientemente de cómo se percibe el vestido, episodios como éste nos enseñan que ¡más gente debería estudiar psicología!

Ian Simpson

Ian Simpson

Profesor del Departamento de Psicología, Sociología y Trabajo Social de la Universidad Loyola Andalucía. Doctor en Ciencia Cognitiva por Macquarie University (Australia). Máster en Ciencia Cognitiva por la University of New South Wales (Australia), y licenciado en Ingeniería de Informática por University of Technology, Sydney. Ha realizado estancias postdoctorales de investigación en Sydney University y en la Universidad de Granada como Marie Curie Fellow. Desarrolla su labor investigadora en dos líneas: procesos básicos de lectura y escritura, y procesos de aprendizaje implícito. Desde 2013 es evaluador experto por la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva de España (ANEP). Ha desarrollado labores docentes en Australia y España en los Grados de Psicología y Logopedia.

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