El niño movido

modificar el comportamiento de los niños

Cuantas veces no hemos escuchado o afirmado: “soy como mi padre“, “es como su madre“, “tiene las mismas cosas que su abuelo“, “es tan movido como su tío“. Al hacer estas afirmaciones damos por hecho que hay una serie de comportamientos que son heredados, fruto de factores genéticos.

Lo que sí tenemos claro que puede heredarse son las características físicas, rasgos faciales, color de ojos y de pelo, pero cuando hablamos de herencia y comportamiento la cosa varía. Los problemas de comportamiento en el niño pueden serlo tanto por exceso como por defecto. La mayoría de los comportamientos en los niños son fruto de un aprendizaje, sin quitar importancia a la genética.

Muchas veces los padres favorecen comportamientos incorrectos en su niño. Generalmente,ante las pataletas o enfados, los padres han reaccionado prestándole una excesiva atención. Le han reñido, avisado, intentado calmarlo (“no toques eso”, “siéntate”, “deja eso“) y por el contrario el niño ha podido tener conductas adecuadas que no han sido reforzadas, y, por tanto, no se han consolidado, permitiendo que se establezcan las conductas poco adecuadas. Si aceptamos que muchos comportamientos son adquiridos también aceptamos que estos pueden ser modificados.

Comportamientos del niño que necesitan ser modificados

Hay niños que se caracterizan por ser muy movidos, gastan mucha energía, nunca parecen que están cansados, son inquietos, toquetean todo y además son niños que les cuesta centrar la atención y que fácilmente se distraen. A veces, este comportamiento es sólo en casa o sólo en la escuela, pero en muchos casos el comportamiento es generalizado. Estos comportamientos necesitan ser modificados por varias cosas:

  • Influye en sus relaciones sociales: los padres en su afán de evitar el conflicto o que sean molestos limitan sus salidas, visitas, y el entorno del niño queda reducido a lo estrictamente familiar, con lo que el problema se agrava e impide un adecuado desarrollo social.
  • Le cuesta adquirir los hábitos mínimos previos a cualquier aprendizaje: mantenerse sentado, atender al maestro, hacer una tarea que tenga que mantener una atención sostenida.

Ante esta situación, ¿qué podemos hacer entonces?

Lo primero es ver cómo está organizado su día a día. Un exceso de pantallas (televisión, tablet, móvil…) y un escaso horario de sueño pueden influir negativamente en su comportamiento mostrándose más irritable y estando en peores condiciones para portarse bien. Es complicado que un niño esté sereno si a su alrededor todos gritan, la televisión o la radio están puesta y los adultos están tensos y nerviosos. No podemos pretender tampoco que un niño centre su atención si le pedimos varias cosas a la vez o lo interrumpimos continuamente cuando está haciendo algo.

Es importante que tenga un espacio para juego ya que muchos niños carecen de este espacio o son víctimas de la obsesión de sus padres por el orden. También es bueno tener ratitos de interacción con él, enseñarle juegos, e ir ampliando actividades para que el niño en ocasiones pueda realizarlas solito.

Tenemos que tener en cuenta la importancia de crear buenos hábitos desde pequeñitos que luego irán ampliando con la edad.

En los casos en los que el comportamiento inadecuado del niño es generalizado habría que modificarlo atendiendo a unas pautas pedagógicas lo primero y en segundo lugar en torno a los 7 años hacer un diagnóstico por un profesional para descartar un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Cuanto antes de este diagnóstico apliquemos las pautas pedagógicas desde pequeñitos en los niños movidos, tengan o no un TDAH, mejor va a ser la evolución del niño. Por eso es fundamental que los padres refuercen en sus hijos los comportamientos adecuados e ignoren o modifiquen los inadecuados.

Lo que está claro que el niño movido es una realidad y que no por ello estamos hablando de un trastorno.

Yolanda Romero

Yolanda Romero

Psicóloga infantil en el Instituto Hispalense de Pediatría y coordinadora de Infancia y Familia en el Máster de Psicología General Sanitaria, de la Universidad Loyola Andalucía. Obtuvo el Premio Minerva, de la Junta de Andalucía y Vodafone, por el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la Psicología. Es educadora en sobrepeso y obesidad infantil, mediadora familiar e intergeneracional, y está especializada en trastornos asociados a la alta capacidad. Además es coordinadora de la Fundación Carlos Espigares, dedicada a la motivación y creatividad de los niños de zonas marginales, y coordinadora del curso de creación de ideas y modelos de negocio para adolescentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *