El estrés ¿enemigo o aliado?

El estrés ¿enemigo o aliado?

Por fin han terminado los exámenes, una época de emociones encontradas, de sonrisas y lágrimas, donde en las aulas y pasillos rezuma el eco de una palabra, estrés. ¿Es tan malo el estrés? El término, tal y como lo entendemos hoy en día, lo acuñó Hans Selye en 1936 para describir el conjunto de síntomas físicos que experimentaban animales de laboratorio cuando eran sometidos a estímulos nocivos.

Se consideran eventos estresantes aquellos relacionados con grandes catástrofes humanitarias, con sucesos vitales como una enfermedad o un cambio de trabajo, y contrariedades cotidianas como quedarse sin batería en el móvil, o un examen para el que no estamos suficientemente preparados. La clave está en la interpretación que hacemos de estas situaciones.

Cuando se valoran como excesivamente demandantes y no tenemos los recursos para hacerles frente nos sentimos desbordados y frustrados y es a esto a lo que llamamos estrés negativo o distrés.

El estrés positivo

Sin embargo, cuando las impresiones del mundo exterior y/o interior no producen un desequilibrio orgánico sino que el cuerpo es capaz de enfrentarse a ellas produciendo incluso sensaciones placenteras, hablamos de estrés positivo o eustrés, que se caracteriza por incrementar la vitalidad, la salud y la energía, lo que a su vez facilita la toma de decisiones.

EstresEsto de alguna forma está relacionado con las respuestas evolutivas de huida/lucha que heredamos de los primeros hombres de la tierra. Cuando detectamos una situación de ‘amenaza’, en nuestro cerebro tienen lugar una serie de cambios que nos permiten estar más alerta, ver con mayor claridad y responder de forma eficaz.

Está demostrado por ejemplo que trabajar con una fecha límite mejora nuestro rendimiento, por el carácter de amenaza que la fecha en sí representa.

No obstante, cuando el eustrés se mantiene por periodos prolongados de tiempo se transforma en distrés, el estado de excitación permanente termina afectando negativamente a nuestra salud manifestándose a través de sintomatología específica de fatiga como insomnio, irritabilidad, falta de concentración, agotamiento, desajustes orgánicos que finalmente pueden desencadenar trastornos como la ansiedad y la depresión.

Es por ello aconsejable aprender a manejar niveles moderados de estrés por periodos cortos de tiempo que favorezcan el rendimiento y trabajar en técnicas de afrontamiento para aquellas situaciones que estén por encima de nuestros límites.

Mencía Ruiz

Mencía Ruiz

Profesora del Departamento de Psicología, Sociología y Trabajo Social de la Universidad Loyola Andalucía. Doctora en Psicología por la Universidad Camilo José Cela, Máster en intervención sobre la ansiedad y el estrés. Experta en investigación sobre servicios de salud mental, ha participado como miembro de la Asociación Psicost en proyectos europeos y nacionales en evaluación de servicios y sistemas de financiación: REFINEMENT (investigación sobre sistemas de financiación en servicios de salud mental en Europa) eDESDE-LTC (descripción y evaluación de servicios de atención a largo plazo en Europa), Atlas de Salud Mental de Vizcaya, Guipúzcoa, Cataluña, Madrid, y el Atlas de Salud Mental sobre 8 Comunidades Autónomas de España para el Ministerio de Sanidad. Investigador de proyectos de discapacidad intelectual: TRINNODD (Transferencia de Innovación para personas con diagnóstico dual); Pomona II (Indicadores de Salud para Personas con Discapacidad Intelectual), FIL (Guía de Consenso sobre el Funcionamiento Intelectual Límite).

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