Contextos que matan

Influencia de los contextos en la conducta humana

El análisis centrado en la persona tiende a atribuir la causalidad de los hechos a los individuos y sus características, lo que en el fondo es consecuencia de la ideología liberal-burguesa. Los problemas sociales se convierten así en problemas de personas, y los problemas políticos en problemas de caracteres o personalidades. Se incurre en el personalismo a todos los niveles, tanto para el éxito como, sobre todo, para el fracaso.

El problema es la «vagancia» de los campesinos, las tendencias paranoicas de los políticos o el carácter sociópata de los terroristas, y no los conflictos estructurales de fondo. De este modo, las soluciones sociales y políticas recomendadas por este tipo de análisis tienden siempre a asumir como intocable el sistema social establecido y a estimular a los individuos a plegarse a sus exigencias (Martín-Baró, 1983, p. 24).

La historia de la humanidad está plagada de multitud de situaciones en la que la destrucción y la maldad son las principales protagonistas. Las guerras, el terrorismo, la tortura nos muestran la capacidad que tiene el ser humano de dañar a otros individuos.

Roy Baumeister en su libro Evil: Inside Human Violence and Cruelty (1996), plantea cuatro raíces del mal: instrumentalidad: violencia como medio, amenaza al propio ego, idealismo y sadismo.  En multitud de ocasiones se tiende a explicar las conductas crueles o dañinas únicamente atendiendo a esta última raíz: el sadismo.

La maldad se percibe únicamente como la consecuencia de mentes enfermas ligadas a psicopatías, tales como una carencia de empatía.  Discursos en los que los terroristas se definen como enfermos mentales, o miembros de grupos violentos como sádicos, reflejan una visión simplista e incompleta de la realidad.

Aunque nos resulte incómodo reconocer, el mal en muchas ocasiones no es únicamente una característica de las personas, sino que también lo es de las situaciones, de los grupos, de los contextos. No podemos olvidar que hay condiciones contextuales que pueden promover que cualquiera de nosotros pueda cometer acciones de extrema maldad. De ahí la importancia de recuperar el contexto para poder explicar las distintas acciones violentas que protagonizan nuestra sociedad.

Una perspectiva psicosocial

En los años 50, Salomon Ash llevó a cabo una serie de estudios sobre conformidad, indicando como en muchas ocasiones la presión grupal promueve que, ante una sencilla tarea, los individuos emitan respuestas erróneas, simplemente para no contradecir al resto de los componentes del grupo.

Estos estudios demostraron como en determinadas situaciones nos conformamos con las decisiones de los otros, aunque no estemos de acuerdo, perdiendo nuestra independencia, simplemente por no contradecir al resto del grupo, para no “nadar contracorriente”.

Como indicó Ash, tras la realización de estos estudios, estos hallazgos tienen implicaciones importantes en la conducta humana: “El que la gente razonablemente inteligente y bienintencionada esté dispuesta a decir que el blanco es negro resulta preocupante. Plantea preguntas sobre nuestra manera de educar y sobre los valores que guían nuestra conducta” (Asch, 1962). De ahí, la importancia del grupo en nuestras decisiones y conductas.

Posteriormente, Stanley Milgram implementó una serie de controvertidos experimentos en los que indicó como en muchas ocasiones los seres humanos somos capaces de realizar conductas de extrema crueldad, tales como aplicar descargar eléctricas a personas inocentes, simplemente porque hay una autoridad que nos lo ordena. Antes de implementar el estudio, el equipo de Milgram estimó que, únicamente un mínimo porcentaje de participantes (los sádicos), aplicaría el voltaje máximo. La realidad mostró que el 65% de los sujetos que participaron en el experimento administraron el voltaje máximo (450 voltios).

En los años 70, Philip Zimbardo, uno de los grandes psicólogos sociales del siglo XX, realizó el famoso experimento conocido como el “Estudio de la prisión Stanford”. El objetivo de este estudio fue evaluar como las personas reaccionan ante determinados roles marcados por la relación de poder-sumisión y el papel del anonimato. Este estudio reveló como un determinado contexto promovió la transformación de personas normales, y hasta buenos ciudadanos, en completos sádicos, demostrando la fuerza de la situación en la conducta humana.

Zimbardo afirmó que los comportamientos de su experimento pueden considerarse patológicos, pero no desde el punto de vista individual, sino grupal. Como comenta Zimbardo   en su libro El Efecto Lucifer “la gente ordinaria, e incluso la gente buena, puede ser seducida, atraída y arrastrada a actuar con maldad bajo el influjo de fuerzas situacionales y sistémicas poderosas.”

Por tanto, estos estudios y muchos otros realizados en el ámbito de la piscología social, demuestran la importancia del contexto para poder entender como individuos sin ninguna patología mental puedan cometer atrocidades hacia otro ser humano. Si queremos crear sociedades pacíficas, seguras, respetuosas no podemos poner el foco únicamente en el individuo sino en los contextos donde los individuos se sociabilizan. No podemos negar que hay contextos que matan, de ahí que la psicología social tenga la obligación moral de analizar las variables que caracterizan estos contextos para poder prevenir su aparición.

Referencias

  • Asch, S. (1962). Psicología social. Buenos Aires: Eudeba.
  • Baumeister, R. F. (1996). Evil: Inside human cruelty and violence. WH Freeman/Times Books/Henry Holt & Co.
  • Martín-Baró, I. (1983). Acción e ideología. Psicología social desde Centroamérica (I). San Salvador: UCA Editores.
Pilar Aguilar

Pilar Aguilar

Profesora de la Universidad Loyola Andalucía. Doctora con mención europea por la Universidad Autónoma de Madrid (Programa de Doctorado con Mención de Calidad Interuniversitario sobre Comportamiento Social y Organizacional). Diploma de estudios avanzados en Psicología Social por la UAM y Posgrado Universitario Análisis e Intervención de Conflictos Sociales por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido becario FPI en la UAM hasta finales de 2014 e investigadora colaboradora en esta misma universidad hasta el 2015. Ha realizado estancias de investigación en Nevada University (USA) y en Essex University (UK). Ha sido miembro investigador de varios proyectos financiados del Ministerio de Ciencia e Innovación. Actualmente colabora con el Instituto de Estudios Avanzados (centro del CSIC) y con el Departamento de Social de la UAM, en varias líneas de investigación sobre los procesos psicológicos subyacentes a las decisiones morales. Además, participa activamente en otras líneas de investigación en el ámbito de la psicología, en el diseño e implementación de experimentos online.

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