Libros sin portada

Tengo una amiga que tiene una sana costumbre: cada mes se compra un libro. A primera vista no parece nada extraordinario. Quizá esperabas que mi amiga hiciese algo más exótico -más cool, que dicen los pijos- que gastase su dinero en algo sorprendente o excitante o morboso. Pues no, lo siento. Retira de sus exiguos ingresos mensuales un poquito para, fíjate qué contracultural, comprarse un libro.

Lo curioso del caso no es la compra en sí. Lo curioso del caso es que ella es, “simplemente” (va, fijaos en que pongo entre comillas lo de “simplemente”), una lectora. Y como tal, a veces compra porque alguien le recomienda un título, pero no es lo habitual. Tampoco es una fetichista literaria, fiel a unos pocos autores. De hecho, rara es la vez que recuerda el nombre del escritor o escritora del último libro que leyó. Lo que ella hace, atención, es dedicar una hora mensual a deambular por la librería de unos grandes almacenes y curiosear por entre los estantes de novela (solo lee novelas) como quien pierde la tarde en Zara o en Mango mirando una blusa o un pantalón. Y por sus manos pasa un libro tras otro hasta que una portada (sí, sí, una portada) despierta su interés. Este es el primer filtro, porque el segundo suele ser el título. No hay sinopsis que valga. Cuando me lo contó me pareció maravilloso: pasar olímpicamente de las listas de éxitos, de los escritores/as de renombre, de las recomendaciones interesadas, para dejarse sorprender por un título creativo o una portada atractiva. Con este método me descubrió, por ejemplo, un libro con un títulofascinante y una portada seductora: La chica con pies de cristal, de Ali Shaw.

Yo hace mucho tiempo que tengo claro lo importante que son un buen título y una buena portada. Pues bien: ahora voy y me encuentro con algo que hace tambalear mi fe ciega en las portadas. Es una iniciativa de una librería que envuelve sus libros en papel de estraza (el papel marrón de envolver paquetes de toda la vida) y solamente le añade una pequeña descripción del contenido. Todo para que lectoras y lectores no prejuzguen el libro solo por la portada. Y, mayor que se hace uno, también me parece una idea maravillosa.

No se lo he contado a mi amiga, así que no sé qué opinaría ella si, de pronto, se quedara a oscuras, le apagaran la luz de su espacio de novela de unos grandes almacenes y no pudiese dejarse llevar por un buen título o una hermosa portada.

Autor

Juan F. Plaza

Docente e investigador en Comunicación. Profesor de Comunicación Escrita en la Universidad Loyola Andalucía, coordinador del Aula Literaria Loyola y escritor. Mi investigación está orientada al estudio de las representaciones de varones y mujeres en los medios de comunicación de masas. De vez en cuando, escribo para no odiar. Puedes seguirme en Twitter: @woodyplace y en mi blog juanplaza.es

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