Reflexión sobre el legado de Ellacuría y sus compañeros mártires de la UCA en educación, universidad y conocimiento.

Educación, universidad y conocimiento desde I. Ellacuría

En esta semana del aniversario de los jesuitas mártires de la UCA, queremos de nuevo hacer memoria de la obra y legado de I. Ellacuría, Martín-Baró y sus compañeros. Ellos nos transmiten una forma actual, cualificada y profunda de comprender y vivir la educación, universidad y el conocimiento en general al servicio del desarrollo humano, social e integral.

Con su filosofía, ética y pensamiento psico-social nos presentan una cosmovisión humanista, antropológica y socio-política que contempla y abarca la realidad en sus diversas dimensiones respectivas e interrelacionadas: las personales, sociales, estructurales e históricas. Todo lo cual ha inspirado, en muy buena medida, los diversos viajes, conferencias, ponencias y clases que, en este último tiempo, he realizado en diversas Universidades, Congresos o Jornadas en Ecuador, México, Colombia y Perú.

Ellacuría y sus compañeros mártires nos legaron una educación con un conocimiento crítico e inteligencia social, histórica y global que es honrada con lo real; que se hace cargo de la realidad multidimensional, estructural y trascendente con sus capacidades y posibilidades. Para dar de sí procesos de humanización y desarrollo integral, de bien común universal y liberación integral.

Una inteligencia ética y compasiva que, desde el principio-misericordia, carga con la realidad (contemporánea y actual), con sus causas y raíces perversas del sufrimiento mal e injusticia que padecen las personas, los pueblos y los pobres. Como son las ideologías e ideologizaciones que encubren y niegan la verdad con la injusticia, al servicio de los poderes que oprimen y empobrecen a los pueblos y a los pobres.

Las relaciones inhumanas y las estructuras sociales de pecado, con sus sistemas políticos, laborales y económicos injustos, los mecanismos, comerciales y financieros perversos. Es la civilización del capital que provoca el mal común, las desigualdades e injusticia sociales y globales.

Nuestra civilización del capital está basada, como motor estructural de la historia, en el lucro, beneficio y ganancia que impide estas posibilidades y capacidades humanas, sociales e históricas para el desarrollo liberador e integral. En contra de esta civilización del capital, con dichos sistemas políticos y económicos inmorales e injustos, debemos posibilitar y capacitar la realidad humana, social e histórica.

Con el protagonismo de la sociedad civil, de los pueblos y de los pobres en sus procesos liberadores. Frente a los elitismos, selectos y “liderismos” caudillistas, hay que encargarse de la realidad con una educación e inteligencia de la praxis liberadora. Por la que las personas, los pueblos y los pobres con sus movimientos civiles, ciudadanos y sociales son los sujetos protagonistas del desarrollo humano e integral, de los procesos emancipadores.

Los pueblos crucificados por el mal e injusticia y los pobres de la tierra son los sujetos de los proyectos de cambio y transformación social, estructural y global con la promoción y liberación integral que antepone la civilización del trabajo a la del capital.

Hay que promover la transformación social-estructural que haga que la política y la economía estén al servicio de las necesidades, posibilidades y capacidades de los pueblos y de los pobres. Para el desarrollo humano, social, mundial e integral con los valores éticos y principios morales. Como son el trabajo humano y humanizador, con los derechos como es un salario justo, que está antes que el capital.

El destino universal de los bienes, con la justa distribución de los recursos, que tiene la prioridad sobre el derecho de propiedad. Hay que revertir esta civilización del capital que impone el mal común e impide los derechos humamos como son la alimentación y el agua, la educación y la cultura, la sanidad y tratamientos médicos o farmacéuticos, la vivienda e infraestructuras básicas como las energías y transportes.

Lanzamos así la historia en otra dirección más humanizadora y liberadora con el estado social mundial de derechos, de justicia social y global, con el trabajo decente y un sistema fiscal justo. En donde los que más tienen más pagan, el capital y los más enriquecidos, para una seguridad social con re-distribución de los bienes.

Lo que hace posible el establecimiento de las políticas sociales que, con los servicios públicos, aseguran todos estos derechos humanos. Más este desarrollo y revertir la historia tiene que enraizarse en la libertad personal, ética y conversión, en el cambio de la persona, con la civilización de la pobreza frente a la de la riqueza. Es la transformación espiritual y mística, la espiritualidad de la santidad en la comunión fraterna y solidaria de vida, de bienes y de luchas por la justicia con los pobres la tierra. En oposición a los ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia.

Como se puede observar, de esta forma nos abrimos a un desarrollo con una ecología trascendente e integral en la comunión con Dios (ecología espiritual), con el clamor de los pobres en el compromiso por la justicia (ecología social) y de la tierra con el cuidado de esa casa común que es el planeta (ecología ambiental).

Educación y universidad

Se promueve pues una educación integral y una universidad que se responsabiliza por el desarrollo en el mundo, el cambio social y la transformación global; con personas conscientes, compasivas, capacitadas y comprometidas para toda esta vida de servicio, solidaria y fraterna. Son hombres y mujeres para servir a los demás, al servicio de la fe, la cultura y la justicia con los pobres de la tierra que desarrollan toda esta espiritualidad de servicio al bien más universal y de la comunión solidaria.

En comunidades de solidaridad que con esta vida sobria, austera y de pobreza solidaria desarrollan unos ejercicios espirituales con la contemplación en la acción, en el  compartir la vida, los bienes y las luchas por la justicia con los pobres de la tierra. En oposición a todas estas idolatrías de la riqueza-ser rico, del poder y de la violencia, del poseer y del tener que se impone sobre este ser solidario, fraterno y espiritual.

La educación y la universidad deben promover todas estas personas y comunidades de solidaridad que desarrollen toda esta vida de servicio al bien universal, de pobreza  solidaria y de compromiso por la justicia con los pobres.

Lo que posibilitará el desarrollo y liberación integral de todos estos ídolos del mercado y del capital, de la competitividad y del consumismo que están causando todas estas desigualdades e injusticias sociales y globales, la destrucción de los pueblos, de los pobres y del planeta.

Con su martirio, en el seguimiento de Jesús y la realización del Reino de Dios con su justicia en la historia, los jesuitas de la UCA nos testimonian al Dios de la salvación liberadora y de la vida humana, espiritual, plena y eterna. Todo ello es el tesoro, actualidad y profundización del legado de Ellacuría, Martín-Baró y sus compañeros mártires de la UCA que nos transmite la fe e iglesia. Tal como está enseñando y testimoniando actualmente nuestro querido Papa Francisco.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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