Las ideas no valen nada

Quizás he sido un tanto extremo al titular este post, porque evidentemente las ideas tienen valor pero no todo el que pensamos. Si no están de acuerdo hagan la prueba, salgan a la calle e intenten vender una idea y verán si es así o no. Las ideas son necesarias pero están sobrevaloradas.

Escribo este post porque continuamente recibimos o nos encontramos con emprendedores o personas que nos mencionan que tienen una idea, tan buena que no pueden contarla ya que si lo hacen corren el riego de que alguien se la copie. Cuando les dices que las ideas no valen nada se sorprenden.

Las ideas no dejan de ser un punto de partida, lo que realmente vale es la ejecución. Y cuando hablamos de ejecución nos referimos a la capacidad de convertirlas en un negocio que genere ingresos y beneficios. Hay grandes ideas que nunca llegaron a ser un negocio, y ha habido infinidad de ideas que a priori parecen normales o mediocres y que son negocios muy rentables.

Cada vez que se presenta esta situación aprovecho para mencionar una frase que leí a Javier Megias “No vendas lo que puedes construir. Construye lo que puedas vender”.

Las ideas hay que convertirlas en oportunidades de negocio, y para ello hay que enfrentarlas al mudo real, al mercado. Tenemos que contrastar si hay clientes que estén dispuestos a pagarnos por nuestro producto o servicio.

Desde hace ya tiempo, en todos los programas y actividades de la Universidad dirigidas a emprendedores o estudiantes, les pedimos que salgan a la calle, que hablen con potenciales clientes, que contrasten si lo que ellos ofrecen y lo que los clientes necesitan satisfacer coincide, que recojan información y vuelvan a diseñar el producto o servicio, etc.

Este año en Founder Institute hemos visto como muchos de los proyectos que iniciaron el proceso de aceleración han cambiado después de contrastarlos con el mercado, incluso dos de ellos decidieron abandonar la idea inicial al encontrarse que no aportaban valor y que no llegarían a convertirse en un negocio rentable. Lejos de frustrarse se han dado cuenta de la cantidad de tiempo y dinero que han ahorrado, que ahora dedican a otros proyectos que ya tienen clientes.

Autor

Esteban Almirón

Emprender comparte muchas similitudes con saltar en paracaídas. Ambas actividades son retadoras, requieren preparación y una ejecución casi perfecta. En ambas hay incertidumbre y mucho riesgo, pero ambas te recompensan con una sensación vital de realización y libertad. Desde 'El Salto', Esteban Almirón, director del Servicio de Empleabilidad y Emprendimiento de la Universidad Loyola Andalucía, analizará la actualidad del emprendimiento y los emprendedores. ¿Saltas?

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