La Universidad desde los Jesuitas-Mártires de la UCA

En estos días hemos estado celebrando, con multitud de actos, el XXV Aniversario de los Jesuitas Mártires de la UCA.  En el año 1989, resultaban asesinados los profesores de la UCA (Universidad de El SalvadorIgnacio Ellacuría SJ e Ignacio Martín Baró SJ, junto a cuatro compañeros  jesuitas más y una trabajadora de la UCA con su hija.

Ellos, con su vida y obra, nos revelan que otra Universidad es posible.  Son testimonios de una cultura y educación-formación liberadora e integral al servicio del desarrollo de las personas y pueblos, de la solidaridad, paz y justicia con los pobres de la tierra. Pusieron en primer lugar la realidad humana, social e histórica, el protagonismo, promoción y liberación integral de los pobres y pueblos crucificado por la opresión e injusticia; por encima de toda visión economicista, mercantil y competitiva de la educación y de la universidad.

Para ellos, la Universidad tenía un constitutivo carácter social, público y ético-político en la búsqueda y servicio al bien común, en el compromiso por la realidad socio-histórica y una sociedad-mundo más reconciliado, pacífico y justo con los pobres.

Es una Universidad transformadora y liberadora de todo mal e injusticia, de las ideologizaciones, relaciones e instituciones-estructuras sociales (económicas, políticas e internacionales) que causan las condiciones injustas: de la miseria y de la pobreza; del paro y la explotación laboral; de la violencia y de las guerras; de la destrucción cultural y ecológica; de la deshumanización y alineación.

Dese todo lo anterior plantearon la Universidad, con sus planes de estudios y currículum, con su actividad educativa y académica, de formación e investigación, de proyección social. Y lo hicieron en especial, tal como corresponde a una Universidad y en particular a una Universidad de inspiración cristiana (católica y jesuita), desde una orientación humanista y espiritual, desde el cultivo de las humanidades como son la filosofía, las ciencias humanas o sociales, la teología, etcétera.

Con esta perspectiva humanista, interdisciplinar, enseñaron y promovieron toda una serie de valores y principios, de claves y propuestas filosóficas y antropológicas, sociales y éticas-políticas, teológicas y espirituales.

Tales como la promoción de unas personas para y con los demás, al servicio del bien más universal, de solidaridad y de la justicia con los pobres. Unas personas religadas a la realidad humana, social e histórica que van conociendo, capacitando y posibilitando, transformando y trascendiendo, a esta realidad, la van humanizando, revirtiéndola en la justicia y esperanza con los pobres de la tierra. El protagonismo y la vida, la dignidad y los derechos humanos de toda persona, la liberación de los pueblos crucificados por la injusticia, son siempre el signo de los tiempos, la clave en la realidad educativa, social e histórica, y  se han de encarnar e historizar en dicha realidad.

Se trata de realizar un conocimiento e inteligencia sentiente, sentimental y ética, compasiva, social e histórica. La contemplación e inteligencia en el amor, en la misericordia y acción por la paz, reconciliación y justicia liberadora con los pobres. Es un proceso epistemológico, de discernimiento y praxis. El hacernos cargo de la realidad, con un ver o mirada de amor compasivo, desde el principio misericordia, el  conocer globalmente con las mediaciones socio-analíticas de la ciencias humanas o sociales, de la filosofía y el pensamiento. El cargar con la realidad,  el juzgar o valorar (discernir) y asumir de forma compasiva-solidaria los sufrimientos e injusticias, las luchas o proyectos emancipadores y esperanzas de los pobres, de los pueblos crucificados por la opresión. El encargarse de la realidad, el actuar y transformar con los pueblos y la sociedad civil, con los movimientos sociales y ciudadanos o populares; con la utopía (anuncio) del amor fraterno, paz y justicia con los pobres y, a la vez, el profetismo (denuncia) que lucha contra todo mal, relación o estructuras opresoras.

En el fondo, es el dejarse cargar por la realidad, acoger el don de la realidad y de la vida, del Otro y los otros, de la solidaridad y de la justicia liberadora con los pobres. Se trata de realizar la civilización de la pobreza, de este compartir solidario de la vida, los bienes y las luchas por la justicia con los pobres; frente a la civilización del capital y de la riqueza, del ser rico que no es humano ni ético. Contra el  tener por encima del ser solidario, la propiedad y el beneficio que se antepone, de forma injusta, a la solidaridad, necesidades y dignidad de los trabajadores, de las personas.

Toda una alternativa al capitalismo que es el que domina y que, por naturaleza, es inmoral e inhumano, ya que no trae la justicia social-global ni ecológica, no lleva a la ética universal. Tal como nos mostraba todo esto Ellacuría. Con un desarrollo humano y ecológico, liberador e integral que va promoviendo las capacidades y posibilidades de las personas y pueblos, la libertad y la igualdad, la humanización y felicidad en el compartir, servicio y lucha por la justicia.

Los jesuitas mártires de la UCA nos muestran así una vida espiritual y ética. La experiencia del Dios del amor, de la vida y de los pobres en el seguimiento de Jesús y la conversión a su proyecto, al Reino de Dios y su amor, paz y justicia con los pobres para realizarlo en la historia. Ellos expresan la vida teologal de la fe, del amor en la justicia liberadora con los pobres y de la esperanza que promueve la vida en plenitud, la vida eterna que vence a todo mal, injusticia y muerte; contra la geopolítica de la desesperanza, del no se puede cambiar la realidad y el  mundo, del no se puede hacer nada.

Todo lo anterior es el la memoria y el legado de estos mártires para otra Universidad posible, más solidaria, más justa y liberadora frente a todo poder que esclaviza u oprime. Y así, todo ello, nos lo está enseñando asimismo el Papa Francisco.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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