La profunda huella de los Mártires de El Salvador

Hay poco que añadir en este 25 aniversario del asesinato en su residencia en la UCA de El Salvador de los 6 jesuitas (Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín‐Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López y López) y las dos trabajadoras (Elba Ramos y Celina) que las acompañaban en esa noche funesta.

Para los menos familiarizados con sus figuras y sus testimonios de vida es altamente recomendable el especial que les dedica El Faro, un medio digital salvadoreño que juega un papel muy relevante en la denuncia de la violencia que causan hoy la inseguridad y el crimen organizado pero que se alimenta de la misma desigualdad y pobreza que todavía experimenta tanta gente en Centroamérica.

La Universidad Centroamérica de El Salvador conmemora este aniversario de forma especial, con un programa de actividades de mucho interés que aparece recogido en una página web específica para los eventos y el recuerdo.

Pero quizás conviene compartir en nuestro entorno el mensaje que la propia Universidad Centroamericana insiste en trasladar en cada aniversario y foro o aprovechando el interés por los avances que la causa judicial experimenta con la aplicación de las acosadas leyes de justicia universal en España. Los Mártires de El Salvador son una representación de todas las víctimas que provocó el conflicto en El Salvador, y por qué no, en Centroamérica. Representan también una llamada de atención sobre los numerosos conflictos abiertos hoy en el mundo, algunos de ellos tan olvidados. Son un ruego para atajar el dolor y para promover la justicia y la verdad tras los conflictos.

Pero los Mártires y su recuerdo han dejado también una profunda huella en la naturaleza y  misión de las Universidades. Merece la pena revisar en las biografías de los 6 jesuitas la contribución intelectual en sus áreas de conocimiento, la experiencia universitaria o la conexión de ésta con el trabajo con las comunidades y a las personas.

La huella en las Universidades de la Compañía se percibe con claridad en los múltiples testimonios que llegan estos días de todas las universidades del mundo. Las que pertenecemos a UNIJES lo hemos hecho con una declaración por una Universidad al servicio de la transformación social, que es de los mejores homenajes que se puede hacer a su memoria.

Y se percibe como una gran fuerza inspiradora en un documento esencial para nuestra vida universitaria y para el proyecto de futuro de la Universidad Loyola Andalucía – la promoción de la justicia en las Universidades de la Compañía – que comienza recordando a los mártires y se cierra con esta frase de Ignacio Ellacuría:

“…responder a ellas (estas exigencias) auténticamente exige de la universidad

un permanente acto creador, que implica una gran capacidad intelectual colectiva,

pero sobre todo un gran amor a las mayorías populares, un indeclinable fervor por la justicia social y un cierto coraje para superar los ataques, las incomprensiones y las persecuciones que, sin duda, vendrán a las universidades que en nuestro contexto histórico configuren su quehacer

desde las exigencias de las mayorías populares”

(Ellacuría, 1982)

La huella se aprecia también con facilidad en la historia de ETEA/Loyola. Uno de los orígenes de nuestra presencia en Centroamérica y otras regiones del mundo, y de las líneas de investigación sobre desarrollo que impulsamos, fueron los contactos de Jaime Loring con Ellacuría en 1981 para animarnos a colaborar con las universidades de la Compañía en Centroamérica en aquel entorno de conflicto. Una propuesta que no se materializó hasta 1987 y que no se ha interrumpido desde entonces, sumando ya 27 años a una relación determinante en nuestra evolución y en nuestro lugar en el mundo.

Hay más huellas que este aniversario nos hace recordar pero quizás una de las más importantes es la transformación personal de tantos profesores que hemos recogido en El Salvador, en Nicaragua y en tantos otros sitios el testimonio de los que pusieron la vida en el empeño y de los que siguen dedicándola a los más desfavorecidos desde la Universidad.

Cierro esta celebración de la profunda huella de los Mártires hablando en primera persona porque mi experiencia personal es también  inseparable de esa huella. Llegué recién licenciado a Nicaragua en enero de 1990, a una región y una universidad sobrecogida por los asesinatos y su trama, con amenazas de intervención militar estadounidense tras la invasión de Panamá en ese mismo diciembre, con preparativos de movilización y resistencia a la invasión.

Sin embargo, otro efecto de aquellos asesinatos fue su contribución al abandono de las opciones militares en Centroamérica y el estímulo para buscar una respuesta regional, libre de injerencias externas, que promovió los acuerdos de Paz que desde 1990 a 1996 dieron lugar al proceso de Esquipulas. Me encontré en ese entorno con una iglesia, una Compañía de Jesús y unas universidades muy centradas en las mayorías y en los más desfavorecidos. Y esa guía nos enseñó y nos enseña a mirar la realidad de otra forma y a entender la misión de la Universidad desde esa mirada global.

Autor

Pedro Caldentey

La Universidad Loyola Andalucía nace de una experiencia de universidad local pero abierta al mundo. Pedro Caldentey estudió en ETEA pensando en Melbourne y Estocolmo pero empezó su carrera descubriendo el mundo en Centroamérica. Es profesor de economía aplicada en el departamento de Economía y ha dirigido hasta 2015 la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación que promueve la presencia de la Universidad en actividades de formación y asistencia técnica y en intervenciones de desarrollo en América Latina y Asia.

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