La ocupación va aumentando pero…

Por el 20 mayo 2015
En el blog de economía de la Universidad Loyola Andalucía se analizan las condiciones laborales actuales y políticas de empleo.
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Debemos felicitarnos porque la ocupación ha aumentado en los últimos doce meses en 504.200 personas. Concretamente, la tasa de desempleo, según datos EPA de primer trimestre de 2015, se sitúa en el 23,78%, es decir, 5,44 millones de desempleados cifra menor que la media anual de los últimos tres años. Sin duda un dato positivo, aunque tampoco se puede decir que sea una cifra como para congratularnos demasiado. De modo que, por un lado, está funcionando la reducción nominal y real de salarios, o como se suele llamar devaluación salarial, que comenzó en 2010.

Con aspectos tan “destacables” como la menor percepción salarial media de unos 5 euros hora que, en 2014, los trabajadores a jornada parcial cobraron con respecto a los de jornada completa. Por otro lado, va dando su fruto el haber flexibilizado el mercado de trabajo. El empresario parece tener menos reticencias a contratar, aunque los contratos temporales parecen seguir siendo la opción más segura y en los últimos doce meses de cada 100 contratos realizados, unos 40 eran de duración determinada.

Además, y como se ha podido ver en distintos medios y muchos twists, los universitarios tienen una menor tasa de desempleo (14%) frente a aquellos que cursaron tan solo estudios primarios (38%) o los que hicieron educación secundaria (23% aproximadamente para ciclos formativos superiores).

Las mujeres, por supuesto, presentan tasas superiores a los hombres como es costumbre; aunque hay que decir que durante la crisis se han despedido a tantos hombres con educación primaria o menos que sus tasas de paro casi se han equiparado a las femeninas. Y se ha llegado a decir que este hecho, el que hubiese disminuido la brecha en la tasa de desempleo, era una mejora de la igualdad…. cuestión de opinión.

Sin embargo, y volviendo a los universitarios, aquellos que tienen entre 25 y 29 años aparecen con tasas de desempleo del 19,82%. Por tanto, la probabilidad de estar parado se duplica para nuestros recién licenciados. Nada comparable al 49,65% de paro cuando se es joven y solo se tienen estudios primarios.

Ante todo esto surgen dos reflexiones. La primera se ha de plantear sobre las condiciones de trabajo. Cualquiera sabe que tener un empleo, incluso indefinido, ya no te garantiza la seguridad en tu vida.

Este cambio de mentalidad que se ha de producir en los trabajadores no es necesariamente malo, ya que puede incentivar la productividad y autoformación continua, pero siempre que se den dos condiciones de base: algún que otro empresario también ha de cambiar de mentalidad y empezar a darse cuenta que no se puede despedir al más productivo porque sea más caro para reemplazarlo por un becario; y que una persona que trabaja no puede ser catalogada como pobre, estando debajo de la renta mínima fijada para subsistir por la Unión Europea.

Impulso del empleo juvenil

La segunda, es aún más complicada si cabe, y se trata de cómo vamos a impulsar el empleo juvenil. La Unión Europea está financiando distintas medidas contra el desempleo joven a través del Fondo Social Europeo, como por ejemplo la garantía juvenil.

Ésta consiste en cosas tan bonitas como garantizar que los Estados miembros pongan a disposición de los jóvenes (menores de 25 años, ya con 27 te tienes que buscar la vida solo) un empleo de calidad, educación continua, formación de aprendiz o período de prácticas en un plazo de cuatro meses tras acabar la educación oficial o quedarse en el paro. Esto lo tienen que poner en práctica los servicios públicos de empleo.

Todo ello basándonos en la experiencia de Austria y Finlandia. ¿Cómo? ¿En serio? Y además en Andalucía ya tenemos el Programa Operativo de este Fondo para 2014-2020, una lectura bastante entretenida.

Melania Salazar

Melania Salazar

Secretaria Académica del Departamento. Profesora adjunta. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por ETEA, Facultad adscrita a la Universidad de Córdoba, y Titulada Superior en Desarrollo Rural por la Universidad de Córdoba, es Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sevilla. Becaria FPI en el Instituto de Investigación y Formación Agraria (IFAPA) entre 2004 y 2008. Ganadora del VII premio de investigación del Consejo Económico y Social de Andalucía y del premio de Unicaja de investigación agraria en 2009 y 2010. Investigadora en temas relacionados con economía agraria y desarrollo rural en Europa y países en vías de desarrollo.

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