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La gran estafa americana

Durante las últimas semanas hemos asistido a una nueva operación del ejército israelí en la Franja de Gaza. Una actuación desmedida y falta de toda proporcionalidad por parte del brazo armado de un Estado al que no negamos el derecho a la propia defensa, pero que se ha extralimitado en una guerra desigual que tiene alarmantes rasgos de genocidio y de la que las principales víctimas han sido civiles palestinos, en particular mujeres y niños.

Estados Unidos, fiel al papel de gendarme mayor del mundo que ejerce complacientemente desde el final de la segunda guerra mundial (y sobre todo desde la caída del muro), ha intentado tradicionalmente mediar en este conflicto aparentando total neutralidad. Sin embargo, a la inoperancia de las instituciones internacionales surgidas en 1945 (fruto, precisamente de las potencias vencedoras, entre ellas los propios EEUU), se une la falta de equidad del supuesto juez imparcial.

Más allá de los enormes problemas que se esconden en el origen y desarrollo del conflicto palestino-israelí, en el cual ambos bandos comparten culpas, lo que está en juego una vez más es el respeto de los derechos humanos, así como de las normas del derecho internacional.

Y al respecto el señor Obama, Premio Nobel de la Paz en 2009, en esta ocasión (más allá de Guantánamos no cerrados, Bin Ladens no esclarecidos, CIAs de juego sucio, etc.) desempeña un triste papel desde el momento en que está soportando económicamente a Israel y, sobre todo, le suministra armamento para continuar con esta guerra injusta y criminal. Los actos terroristas de Hamás son absolutamente despreciables y rechazables, no cabe duda de ello.

El papel de Occidente

Pero la cuestión es si la guerra emprendida por Israel es el medio más adecuado para poner fin a una situación compleja en la que existen múltiples elementos originantes. Al respecto, el papel de las potencias europeas en todo este conflicto es crucial desde los inicios del mismo. Pero diversos intereses provocan que, igual que ya lo hiciera en otros casos (sin ir más lejos, Yugoslavia o Ruanda), Occidente mire para otro lado ante una actuación israelí de rasgos que recuerdan en muchos aspectos al Holocausto que los propios judíos sufrieron hace 70 años.

Triste es la mala memoria, así como comprobar que el mayor desarrollo del Estado israelí no se corresponde con un comportamiento más ético de sus gobernantes y buena parte de su electorado. Pero más lamentable es a nuestro juicio el papel que el gigante norteamericano ha jugado muchas veces en el mundo durante el último siglo largo. Y es que no parece haber aprendido la lección tras los tristes hechos de las torres gemelas (si aceptamos la versión oficial de los hechos).

Desgraciadamente, el gran sueño estadounidense parece tornarse una pesadilla (si bien algunos prefieren no despertar de ella si la siguiente viene desde la tierra de Mao). De este modo, podríamos plenamente constatar que la tierra de las libertades, el adalid de la democracia, no es sino la gran estafa americana.

Pablo Font Oporto, profesor e investigador de la Universidad Loyola Andalucía.

Autor

Equipo de Humanismo y Ética

El equipo de Humanismo y Ética Básica de la Universidad Loyola Andalucía está formado por José María Margenat SJ, Ignacio Sepúlveda, Pablo Font, Manuel López Casquete y Eduardo Ibáñez. A través de este cuaderno, proponemos compartir con la comunidad universitaria su reflexión y análisis sobre temas de actualidad, de manera que podamos profundizar con nuestra mirada, más allá del posibilismo inmediato, hacia horizontes de vida digna y buena.

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