La Ética y la toma de decisiones financieras

“La finalidad de toda acción humana voluntaria es

 pasar de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio”.

Hace años, mientras cumplía con el ya olvidado “servicio militar obligatorio”, solía tomar un tren de cercanías que me llevaba a Madrid. En mi mente quedó grabado el comportamiento de algunos militares post-adolescentes que sistemáticamente eludían el pago del billete de tren. Su comportamiento, lejos de ser asumido como reprochable o simplemente ilegal, era explicado por sus autores desde una perspectiva absolutamente racional y financiera: “el revisor nos multará dos veces al mes y aun así pagaremos menos que tú”.

Desde que nos iniciamos en el estudio de las finanzas se nos inculcan paradigmas que asumen el comportamiento racional de inversores y consumidores en la toma de decisiones. Fórmulas como VAN, TIR o periodos de recuperación son explicadas en las aulas como soluciones mágicas para alumbrar las futuras decisiones cuando trabajemos en una empresa o afrontemos nuestras finanzas personales.

El comportamiento de aquellos jóvenes en los trenes del lejano 1990 no es diferente del observado en algunos directivos y financieros en 2017. Aplican con destreza el descuento de “cash-flows” y ponderan con habilidad sus probabilidades de ocurrencia. Calculan asépticamente el valor actual de sus actuaciones futuras y deciden acometerlas si “crean valor” para sus finanzas o las de sus empresas.

Todo se resuelve con una falsa ecuación coste-beneficio personal que incluye exclusivamente los ingresos y gastos que obtendrá la empresa o el individuo, ignorando las consecuencias éticas (monetizables o no) que las frías decisiones de inversión tomadas provocan en la sociedad.

formula

La tasa interna de retorno, TIR, es una tasa de actualización financiera y se identifica con la rentabilidad mínima que se exige a la inversión (Iₒ), utilizando múltiples referencias como el coste de los recursos para la empresa o la rentabilidad de proyectos alternativos. Por su parte, los flujos de caja (FF) incorporan todas las entradas y salidas monetarias relevantes que las inversiones o actuaciones provocan.

En realidad, el modelo coste-beneficio que se usa para tomar decisiones en combinación con estas herramientas incluye en una de sus últimas fases la determinación de la tasa de descuento social. Es decir, el modelo no ignora que, para la toma de decisiones, se debería incorporar los flujos de caja provocados en terceros en el numerador y el coste social de nuestras acciones en el denominador.

La otra variable que incide negativamente en la toma de decisiones éticas es el acortamiento del horizonte temporal de los proyectos, con la justificación de la enorme velocidad actual de variación de escenarios y la dificultad de estimar flujos y tasas de descuento futuras. En ocasiones, la valoración de los flujos se limita a un par de ejercicios económicos o al periodo en el que el tomador de la decisión permanece en el puesto (dilema usual en políticos, pero también en directivos de la empresa privada).

Pese a todo y en el mejor de los casos, las herramientas y programas financieros solo nos indican las acciones que podemos hacer y no las que debemos hacer.

Es labor de los docentes financieros explicar correctamente los modelos y no transmitir una falsa seguridad cuantitativa y mecanicista en la toma de decisiones empresariales. Nuestra responsabilidad incluye recordar que la toma de decisiones financieras debe considerar sus consecuencias para accionistas y directivos, pero también para empleados, clientes, proveedores y el resto de la sociedad; sus efectos a corto y también a largo plazo para las siguientes generaciones.

Autores: José Antonio Arcenegui y José Manuel Martín.

Autor

José Antonio Arcenegui

Profesor de la Universidad Loyola Andalucía. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y doctorado por la Universidad de Córdoba. Máster en Gestión de Entidades de Crédito.

Comments

7

  1. Si se toman decisiones sopesando estadisticamente la posibilidad de que se nos penalice, el perjuicio que se provoca puede ser enorme: escalada de actitudes no éticas, quebranto económico a terceros que repercutirá negativamente en futuros consumidores, impuestos no repercutidos que disminuiran la inversión pública, mal ejemplo para generaciones venideras……
    Las actitudes poco eticas son como tirar agua contra el viento: algo nos salpicara.

  2. Tienes razón José Luis.
    El problema se agudiza cuando el modelo de toma de decisiones bajo un prisma parcial coste-beneficio exclusivamente individual o muy a corto plazo se adopta por agentes con poder político, económico o social.
    Existen generaciones que han crecido y se han formado frente al espejo de un modelo de éxito profesional nada edificante desde el punto de vista ético.

  3. Tal y como dice Jose Luis, las actitudes poco éticas son como tirar agua contra el viento. En el caso del cercanías, quizá la decisión era demasiado simple y no podría tener muchos efectos a largo plazo, salvo la multa. Pero cuando hablamos de decisiones financieras, los efectos pueden ser más fuertes, lo que aparentemente puede salir bien, puede acabar no siendo tan bueno. Al final las finanzas no dejan de ser un “juego” con el dinero, lo invertimos en un sitio, le conseguimos rentabilidad, sacamos el dinero de esa inversión y lo metemos en otra que nos proporcione más rentabilidad y así continuamente… Puede que incluso la jugada a nivel personal nos salga bien, pero a niveles financieros lo que puede ser bueno para ti, puede ser malo para otro. Al fin y al cabo lo que se quiere con la ética es el bien común para la sociedad y con este tipo de decisiones, nunca será posible llegar a un bien común global.

  4. Me parece un comentario muy interesante el que hacen ustedes aquí. La ética en la toma de decisiones ha sido un tema durante mucho tiempo olvidado y que, a raíz de los escenarios financieros que encontramos en la actualidad, se ha llegado a convertir en “trending topic”; señalado cómo uno de los elementos clave en la recesión de 2007(creditos subprime, CDO´s, etc).

    Sin duda los valores éticos por los que la economía se ha regido en los últimos tiempos quedan muy alejados del principio de no maleficencia(primum non nocere), el cual, de ser tenido en cuenta, aportaría una perspectiva social necesaria para evitar o minimizar las posibles externalidades derivadas de una decisión profesional.

    Es definitivamente un punto positivo el enseñar unos valores éticos profesionales que además de la búsqueda de beneficio, guíen al individuo hacia el crecimiento personal con uno mismo y con los demás.

  5. Es algo mas que evidente que hay que tener una ética no solo en las finanzas sino en las acciones cotidianas de cualquier persona. Sin embargo, en las finanzas no debería ser algo superfluo o tomarse la RSC como un elemento para “cumplir” con una buena imagen de la entidad debido a que la mala gestión de una entidad financiera puede poner en jaque la economía mundial (ya lo vimos en 2008). Mucho me temo, que mientras sigan de directivos la misma generación de directivos que nos llevó al abismo hace casi una década el problema no podrá ser resuelto, en el numerador seguirá estando los flujos de efectivo y en el denominador la tasa interna de rentabilidad dejando la Responsabilidad Social para las páginas web y las cartas al director anuales que realizan las entidades.
    En definitiva, siguen actuando como cuando cogían el tren hacia Madrid, se toman las multas como un impuesto y es que cabe recalcar que las multas impuestas por parte de los bancos centrales a las entidades financieras son unas cosquillas para ellos. Por lo tanto, me atrevería decir a que es un problema ético, pero lo es también cultural, una cultura avariciosa impuesta por las grandes firmas de Wall Street caracterizada por el “quédate con todo a cualquier precio” por lo que mi esperanza la pongo en las generaciones venideras de directivos financieros porque en la actual la perdí hace mucho tiempo.

    1. Gracias a Blanca y a Pablo por vuestros comentarios.

      La sensibilidad que mostráis ante estos aspectos son una semilla de esperanza para hacer unas finanzas más “humanas”.

      Pedro Pablo. Lamento el tono de tu respuesta, aunque las evidencias te dan la razón. Vosotros sois la generación venidera. Seréis los profesionales mejor preparados que han conocido los mercados financieros. Haced de la ética vuestra bandera.
      Un saludo a todos.

  6. Actualmente vivimos en una sociedad donde se fomenta la competitividad y el quedar por encima de los demás a toda costa, y tristemente, se intentan alcanzar unos objetivos o un beneficio superior al que se podría obtener de manera legal. Estos objetivos o estos beneficios provocan en numerosas ocasiones que las personas pierdan el norte y clamen que el fin justifica los medios, cuando realmente nunca debería ser así.
    El problema lo encontramos cuando no es sólo una persona la que lo hace, sino tantas personas que, al final, lo que no es correcto acaba convirtiéndose en algo normal y lo que es normal acaba siendo repudiado por todos con la frase de: sólo un tonto haría eso.
    En resumen, es necesario que la sociedad vuelva a enderezarse moralmente y actuar de manera ética incluso en las pequeñas decisiones, ya que unos estudiantes pueden decidir no pagar un billete de tren pero, ¿que pasará cuando uno de esos estudiantes se convierta en un directivo con poder? ¿seguirá teniendo el mismo pensamiento para decisiones de más envergadura?
    Enhorabuena por el artículo.
    Un saludo

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