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La cuestión social de las migraciones

Se ha publicado el documento “Superar Fronteras”, realizado por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) España y, unido a esto, en el ámbito de la Compañía de Jesús se ha estado reflexionado sobre esta realidad de las migraciones. A continuación recogemos y profundizamos claves sobre dicha realidad, que nos posibiliten conocerla y comprenderla de una forma adecuada.

Lo primero que hay que anotar es que la inmigración es una realidad compleja, que tiene diversos aspectos y dimensiones que tratar. En esta línea, la inmigración es una cuestión social, en el sentido de rechazo y marginación a los pobres, a los excluidos.

Migrantes ricos y pobres

Ya que los migrantes con posibilidades económicas, los más ricos, no se les considera apenas como tal, son aceptados y bien visto, no se les margina y excluye. Pensemos por ejemplo en todos los “famosos” como futbolistas, jeques árabes o empresarios, etc. Para ellos no hay  fronteras ni barreras, no son mal vistos, sospechosos, ni excluidos.

Pero para una ética cosmopolita, universal y en clave espiritual o cristiana no hay diferencias de clases económicas o sociales, no hay barreras ni fronteras en la acogida y hospitalidad de las personas migrantes; no hay pues seres humanos “legales o ilegales”, “regulares o irregulares”.

Lo que existen son seres humanos con su vida y dignidad sagrada, personas que son imagen e hijas de Dios como nosotras, hermanas nuestras, pertenecientes todas a la misma familia y condición humana.

Ciertamente tiene que haber un orden político y jurídico, también que trate la realidad de la inmigración, pero lo primero (lo esencial) es siempre el servicio y acogida de las personas migrantes. Lo cual, evidentemente, tiene que ser a nivel europeo e internacional para la hospitalidad de tantos hermano/as que vienen huyendo de la injusticia del hambre y la miseria, de la guerra y violencia.

Hay recursos y capacidades, más que de sobra, para que en España, en el resto de Europa y del mundo se realice esta política migratoria ética y social, para la acogida-hospitalidad de todas las personas migrantes.

Derechos y leyes de extranjería

En esta línea hay que tener claro que el derecho a migrar, por el motivo que sea, es un derecho humano más que reconocido en el orden ético y jurídico actual. Y que estas personas migrantes son sujeto de derechos, de forma incondicional, como son los derechos a la educación y a la sanidad, a un trabajo decente y a una vivienda digna, etc.

Y los países receptores nunca pueden negárselos, como ha pasado en España con el derecho a la salud, ya que conculca la vida, dignidad y derechos de las personas que son inviolables. Un caso claro y fragrante, asimismo, de esta violación de los derechos humanos son los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES), tal como ha sido estudiado por organizaciones de la Compañía y otras.

En donde se convierte una “supuesta” infracción administrativa, que se le imputa a las personas migrantes, en un delito con penas injustas de privación de libertad, sin las condiciones y derechos propios de las personas, tal como se hace de una forma impune en estos CIES.

Y es que, como estamos viendo, las leyes de extranjería no han respetado ni respetan la libertad, dignidad y derechos de las personas migrantes. No posibilitan la acogida y hospitalidad adecuada de estas personas, por ejemplo través del empadronamiento (censo poblacional) o permiso de residencia, ni el acceso al empleo: y estos dos condicionamientos se excluyen mutuamente, en un círculo vicioso y espiral sin sentido; lo que no permite a las personas migrantes desarrollarse de forma humana e integral.

Lo cierto es que estas leyes y demás medidas migratorias lo que producen es mano de obra barata migrante a la que explotar y oprimir, se convierte en un negocio de exploración laboral y social que enriquece a muchos.

Es importante reconocer que hay ciertas corrientes racistas o xenófobas en nuestra sociedad y mundo, y así ir contribuyendo a que estas desaparezcan. En este sentido, no hay que caer en los estereotipos y prejuicios hacia los migrantes como, por ejemplo, el de creer que vienen a “llevarse lo nuestro”, nuestro trabajo, nuestros servicios y derechos, etc.

Cuando, además, todo lo anterior no es cierto. Porque, como se ha estudiado, la migración, y menos en España, no es tan numerosa como se pretende hacernos pensar. Tal como se impone con ese lenguaje tan alarmista, del miedo empleado muchas veces por los medios de comunicación, que califica de “avalanchas, invasión”, etc. a la llegada de personas migrantes a nuestras tierras, que vienen en busca de un futuro más digno y justo.

Y porque gracias a las personas migrantes los países del Norte enriquecido, como España, han podido mantener ciertos índices de natalidad o población, de ocupación en las tareas o trabajos que muchas veces no queremos o no podemos hacer. En esta línea, las personas migrantes han sostenido nuestra seguridad social, nuestras pensiones, sanidad, etc. Y encima todo ello, muchas veces, en situaciones de precariedad social, de explotación laboral y marginación como ya indicamos

Este sesgo racista, xenófobo, o simplemente desconocimiento, tiene mucho que ver con eso que decimos que son las personas migrantes las que se tienen que “integrar” en nuestra cultura. Y no respetando así nosotros sus tradiciones culturales, espirituales…, siempre claro está que no vayan en contra de los derechos humanos; imponiéndoles nosotros nuestra cultura individualista, consumista y productivita que no es humana ni ética y que ellas, muchas veces, es obvio que la van a rechazar.

En este sentido, la inmigración no es un problema y menos una amenaza, sino una fortaleza y oportunidad de aprender los unos de los otros, una realidad muy fecunda con la diversidad de culturas, de espiritualidades, de tradiciones morales y costumbres, etc.

Lo principal para abordar la migración, como cualquier realidad o cuestión social de las migraciones, es ir la raíz y causa de la misma. Y como bien conocemos, el factor más importante es la injusticia y desigualdad social-mundial que, en forma de miseria y violencia, sufren estos países empobrecidos. Lo cual es causado por el neoliberalismo y capitalismo global que impide un desarrollo mundial solidario y justo, pacífico y sostenible.

El capitalismo, por esencia y sistema, cada vez más hace que los pobres sean cada vez más numerosos y más empobrecidos, una pobreza en extensión e intensidad como muestra Caritas. Ello a costa de que (generado porque) los ricos son cada vez menos y más enriquecidos, una acumulación cada vez mayor de más bienes y recursos en menos manos. Esto es, la injusticia e inmoralidad de la riqueza, del ser rico como nos enseña la ética y la fe.

Tal como se lleva todo esto mostrando y denunciando, hace ya mucho tiempo, en la iglesia y en la sociedad, en las organizaciones sociales y ciudadanas, en los estudios sociales e informes de todo tipo. Por lo que hay que luchar y comprometerse por la paz, la justicia social-global y el desarrollo humano; y contra el capitalismo que en su entraña misma es injusto e inmoral, por naturaleza genera la desigualdad de la pobreza y de la violencia.

Como se comprenderá, toda esta injusticia social-global y la violencia que lleva consigo: hace que muchas personas, que no quieren migrar, tengan que dejar forzosamente su tierra, sus familias, amigos…Tal como pasó en Canarias y en el resto de España en el siglo pasado y ahora, con la crisis, está volviendo a suceder: Lo cual no hay que olvidar y recodar, hacer memoria que fuimos y somos todos extranjeros, que la persona migrante es mi hermana.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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