La burbuja del emprendimiento

Emprender o morir en el intento. Ahora resulta que éstas parecen ser las dos únicas opciones laborales que existen actualmente en nuestro país. La crisis económica y las dificultades para encontrar empleo por cuenta ajena u optando a la Función Pública están llevando a muchos jóvenes y a otros no tan jóvenes a apostar por el emprendimiento, una palabra que ya resulta muy manida por su reiteración hasta la saciedad y porque frecuentemente se usa de mala manera, sobre todo por parte de las distintas administraciones y de aquellos que nunca han creado una empresa ni saben lo que ello supone.

Quienes gestionan las instituciones públicas animan a todo hijo de vecino a emprender con sus planes e incentivos y dirigen sus esfuerzos, sobre todo, a los universitarios y a los parados. Por ello, a partir de este planteamiento encontramos una realidad: sólo durante el primer semestre de 2013, un total de 42.261 personas capitalizaron el paro y se dieron de alta en la seguridad social como autónomos. Esto ha supuesto, por tanto, que se hayan fabricado una serie de emprendedores que surge como resultado de una estrategia para aumentar el número de empresarios o trabajadores por cuenta ajena en nuestro país.  Sin embargo, este tipo de iniciativas, que pueden ser buenas a corto plazo y que ayudarán sin duda a dinamizar en cierto modo el mercado laboral y a reducir la tasa de paro, no están exentas de riesgo a medio y largo plazo para el futuro de España.

Y es que este proceso, a mi juicio, está consolidando algo que podemos denominar como burbuja del emprendimiento, cuya explosión se producirá tarde o temprano y arrastrará a los valientes menos formados y con proyectos poco competitivos. Si no se sientan bases más sólidas en esta estrategia de generación de nuevos autónomos y/o empresarios, corremos el riesgo de que la cruda realidad económica en la que nos encontramos se lleve por delante a aquellas personas que, motivadas por la situación de un mercado laboral ayuno de otro tipo de salidas laborales, se ven obligadas a crear su propio puesto de trabajo. Porque no debemos olvidar que muchos de estos nuevos empresarios carecen a buen seguro de las actitudes que caracterizan a un emprendedor de raza, pues del mismo modo que no todo el mundo vale para ser empleado o funcionario, tampoco todo el mundo tiene aptitudes para iniciar y desarrollar un negocio.

Lo que debe fomentar la administración desde las primeras etapas educativas es la mentalidad emprendedora para tener los mejores profesionales, ya sean notarios, administrativos o empresarios. Cada uno tiene que dedicarse a lo que le apasiona, a lo que le hace más feliz. Si lo que te ilusiona es poner en marcha tu proyecto y eres capaz de asumir el riesgo y de vivir por y para él, no lo dudes: ¡Ponlo en marcha! Emprender un negocio aporta muchas satisfacciones.

No obstante, todo esto tiene una importante parte positiva. Gracias al boom del emprendimiento, se está creando en España de forma gradual un ecosistema emprendedor donde están presentes todos los agentes: inversores, empresarios, universidades y profesionales con talento. De este modo, si la administración quiere de verdad asumir un compromiso para que en España haya más personas que emprendan un negocio con éxito y generen puestos de trabajo sólo debería hacer una cosa: reducir la burocracia y mimar a quien decide iniciar una aventura para generar empleo y riqueza.

 

* Alejandro Posadillo es fundador del buscador www.dondelocompro.es

 

Autor

Alejandro Posadillo

Fundador y gestor de empresas de base tecnológica especializadas en el sector biotecnológico y en todo lo relacionado con las TIC. Biólogo de formación, es también investigador y desde hace años, convierte en realidad sus ideas y traslada sus conocimientos a otras iniciativas empresariales, a las que asesora regularmente. En los últimos años ha recibido diversos premios y reconocimientos empresariales de administraciones e instituciones públicas. Puedes seguirlo en @AlePosadillo

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