La acción social en perspectiva ética y del humanismo

Como nos enseña la filosofía, las ciencias sociales o humanas y la teología, por ejemplo el pensamiento social cristiano, cada una desde su especificidad, la acción social pertenece a la esfera de la ética y la antropología.

La persona es un ser en inter-relación con los otros, es constitutivamente un ser social, cultural e histórico, es pues un ser político. Ya que para ser persona hay que dar sentido y orientación a estas relaciones sociales, públicas e históricas. Y se hace por la acción social y política que es la virtud moral en la vida social, pública para la búsqueda del bien común y la justicia que configuren u ordene la sociedad e historia.

Como vemos, la vida humana y ética es constitutivamente social y política, en la entrega y servicio al bien común, a la paz y la justicia social, liberadora con los pobres de la tierra (empobrecidos, oprimidos y víctimas de la historia).

Esta vida moral en la ética social y política por el bien común y la justicia con los pobres, junto a (unido inseparablemente a) la contemplación-meditación y reflexión de la existencia (sabiduría espiritual), es lo que va realizando la felicidad personal y sociopolítica. En esta línea, no hay felicidad personal sin felicidad social y política. Es decir, sin entregarse, servir y comprometerse éticamente por la justicia con los pobres, por el bien común en la promoción de las condiciones humanas, sociales y políticas que posibilitan, a su vez, la felicidad personal, moral y espiritual.

Acción social

Como se observa, la acción social supone una antropología y espiritualidad. Una comprensión concreta del ser humano con su búsqueda del sentido y trascendencia en la vida e historia, de valores y principios, de emociones y sentimientos, etc. De esta forma, nos alejamos profundamente de la acción social y política en su concepción individualista, utilitarista y maquiavélica que es la que predomina hoy.

Como impone el neoliberalismo-capitalismo, es una acción social y política que se entiende como búsqueda del interés individual y del poder, como técnica y forma de fuerza, dominio y violencia para salvaguardar este poder económico y político a toda costa.

Contra el neoliberalismo y capitalismo que, como se ve claramente, es por esencia inhumano e inmoral, hay que promover la antropología comunitaria, solidaria e integral que, subrayamos, es la base de la ética social y política. Esto es, la antropología y ética social, política que busca el bien común, la paz y la justicia con los pobres, la fraternidad y la civilización del amor.

Un desarrollo humano y social, integral y global de todas las dimensiones de cada persona. Es una ética y desarrollo universal, en solidaridad y justicia mundial con toda la humanidad, un desarrollo liberador con los pobres de la tierra, en una ética global y cosmopolita. Frente a todo individualismo y dinámica o realidad de injusticia, opresión y exclusión.

En esta línea, ante una mala reacción o respuesta al individualismo e injusticia primera del capitalismo con su liberalismo economicista-posesivo y mercantilista,  tal como fue el comunismo colectivista o colectivismo (de tipo leninista-stalinista), hay que salvaguardar la libertad y protagonismo de la persona.

La persona es un ser llamado a la libertad y a la participación social, a ser protagonista de la vida pública, social y económica, ser gestora de la democracia. Y ningún estado, partido o agrupación política puede imponer a su libertad, a su vida y conciencia, que es sagrada,  unos valores, formas de vida y principios: que no respeten esta vida digna, moral y liberadora de la persona; que no posibiliten una democracia participativa, real y co-gestionada por todos los grupos o comunidades humanas, sociales y espirituales o religiosas.

Derechos humanos

Así, son básicos consolidar los conocidos como derechos humanos de primera generación. Tales como la libertad de asociación, económica- con el derecho a propiedad personal- y empresarial, la libertad religiosa y moral, a elegir las formas de educación, comunitarias o sociales y éticas.

El Estado no puede ni debe hacerlo todo y siempre de forma directa, debe respetar e impulsar el derecho de subsidiariedad por el que las diversas instituciones, grupos y organizaciones sociales, como las familias que es célula vital de la sociedad, son participantes y protagonistas de su existencia. Si no se hace, se cae en totalitarismos y dictaduras como el colectivismo. Y todo ello se realiza en el marco de la ética social y política, del bien común y la justicia con los pobres que debe respetar la vida digna, los derechos humanos y el destino universal de los bienes para toda la humanidad.

Como se observa, frente al capitalismo y su dictadura del mercado con su neo-liberalismo del individualismo posesivo, en lo social y político se deben asegurar siempre la solidaridad, la justicia global con los pobres y la igualdad social, los llamados derechos humanos de segunda generación.

Los derechos sociales o  socio-económicos, inviolables y de calidad, para toda persona. Como son la educación y la cultura. La sanidad y los medicamentos. La vivienda y un trabajo decente. Una renta básica y un sistema fiscal justo donde contribuyan más los que más tienen, los patrimonios más altos y capitales, las empresas multinacionales y la banca, corporaciones u operaciones financieras-bancarias.

Unos servicios sociales generales y especializados. Como ha estudiado la filosofía y las ciencias sociales y como recoge todo orden social, jurídico y constitucional ético, se trata de garantizar el estado social de derecho-s.

Con un trabajo digno y un salario justo por encima del capital; una economía y empresa humanizada, democrática y co-gestionada, con responsabilidad social y ética. Una  justa distribución de los bienes y recursos que está por encima de la propiedad privada. Ahora, frente al colectivismo o la social-democracia, este estado social no puede ser paternalista, burocrático y estatalista. Lo que impide la libertad, subsidiariedad y participación democrática en el protagonismo de la sociedad civil y de las comunidades éticas o espirituales. Frente a toda dictadura de estado y partido.

Tal como se ve, la acción social y política, la democracia, son mucho más (como se suele creer o decir) que solo la voluntad de las mayorías o el imperio de la ley. La actividad social, política y democrática se funda y realiza en el protagonismo, vida y dignidad  inviolables de las personas, en la ética y en los valores o principios éticos.

En la solidaridad y la fraternidad, la libertad y la igualdad, la participación social y la justicia con los pobres, en la vida y dignidad sagradas de los seres humamos. De lo contrario, como está ocurriendo hoy, está al acecho los diversos totalitarismos y fascismos.

Los fundamentalismos y extremismos, sean ideológicos, de derecha o de izquierda, religiosos, etc. Las desigualdades sociales-mundiales e injusticias globales entre los ricos y los pobres, en forma de paro y explotación laboral, empobrecimiento creciente y exclusión social, hambre y miseria  que son los principales problemas de la humanidad.

Y además, por más que sea necesario moralmente reconocer y luchar contra este conflicto social, violencia primera, entre los estratos más ricos y su injusticia estructural, violenta que empobrecen a la mayoría de la humanidad, lo social y político no se puede construir en la clave de amigos y enemigos.

No se puede hacer desde el odio, la venganza o la violencia del tipo que sea. Los fines y medios de la política deben ser morales, pacíficos, no violentos y nunca está justificado denigrar, acosar y violentar al otro, de la forma que sea. Lo cual llevaría a más violencia e injusticia, a conflictos bélicos y guerras….La historia y, nuestro caso, la fe así nos lo muestra.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos