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Kahneman, y después Tahler, plantean que el ser humano está alejado de la racionalidad, debido a sus serias limitaciones cognitivas.

Kahneman, Tahler y los ingenieros

Ahora que pueblan los foros las perturbadoras revelaciones de las ciencias de la economía conductual -behavioral economics-, tras el Nobel de Richard Tahler, resulta oportuno traer a este rincón al que fue su inspirador y colaborador, Daniel Kahneman. Este psicólogo, también Nobel, en su libro de 2011 Pensar Rápido, Pensar Despacio nos sorprendió con una serie de evidencias científicas que ponían en un aprieto las clásicas teorías económicas que basan sus modelos en un comportamiento racional del ser humano.

Mediante una detallada cadena de experiencias realizadas sobre amplísimas muestras poblacionales, Kahneman, Amos Tverski y sus colaboradores fueron desvelando no solo que el hombre a veces es irracional e impulsivo, cosa que todos aprendemos pronto, sino que cuando pretende pensar de manera consciente y metódica, se aleja sistemáticamente de este ideal racional, según patrones de sesgo muy fáciles de identificar, y que nos inducen a errores con serias implicaciones en el curso de nuestra vida.

Planteamientos de Kahneman y Tahler

De manera simplificada, Kahneman, y después Tahler, plantean que el ser humano está alejado de la racionalidad, debido a sus serias limitaciones cognitivas, de fuerza de voluntad, y de identificación de los propios intereses.

En este blog hablamos de ingeniería, y se me antoja añadir que los sesgos cognitivos del ser humano en ciencias naturales son también muy pronunciados, y aún están a la espera de ser glosados por un psicólogo inquieto. Por ejemplo, el sesgo a la hora de estimar volúmenes es impresionante: si nos ponen un depósito de 1000l de agua delante de nosotros, y otro al lado de 2000l, nuestros sentidos nunca aceptarán que la relación volumétrica es 2 a 1, a lo sumo diremos 1.5 a 1.

Lo mismo nos pasa con ideas como la inercia: ¿cómo suponer que la tendencia de los cuerpos es la de mantener su velocidad indefinidamente, cuando nuestra intuición y experiencia nos sugieren que todos acaban parándose sin que nadie los frene intencionadamente? Este sesgo cegó nada menos que a Aristóteles y a Arquímedes, y hubo que esperar al siglo XVII para poner algo de orden.

Si además, incluimos el conocimiento aportado por la física en el siglo XX, con ideas insoportables para la intuición, como la dualidad onda-corpúsculo, las paradojas cuánticas, o la relatividad de longitudes, masas y tiempos, acaso podríamos concluir que nuestros sentidos han sido diseñados para permanecer invariablemente en el error.

En la labor diaria del ingeniero, estos sesgos también son comunes, y muy graves. El propio Kahneman advierte de ellos, por ejemplo, con lo que denomina la falacia de la planificación -the planning fallacy- según la cual los proyectos de ingeniería, ferroviaria en el caso analizado, tendrían desviaciones del presupuesto de un 45% en promedio, y las reformas domésticas de un preocupante 110%. Los errores debidos al exceso de confianza en la tecnología son tan frecuentes que nos hemos habituado a convivir con ellos, baterías que explotan, sistemas operativos que requieren parches casi a diario, etc.

Modelo de los dos “yoes”

Pero hay una idea en los planteamientos de Kahneman que nos pone una sonrisa a los ingenieros, y especialmente a los que formamos ingenieros. Se trata del modelo de los dos “yoes” -two selves- que pretende explicar gran parte de los sesgos cognitivos a partir de la interacción de dos partes diferenciadas de nuestra mente -no de nuestro cerebro, aclara Kahneman-.

El autor sugiere que en nuestra cabeza habitan dos personalidades que a veces cooperan y que muy a menudo se enfrentan. Uno de ellos, llamado Sistema 1, es intuitivo, capaz de reconocer patrones complejos con poco tiempo y esfuerzo, capaz de dar respuestas rápidas y afinadas en entornos que presentan regularidades, pero incapaz de incorporar conocimiento estadístico, cuantitativo o racional en sus juicios. El Sistema 1 está siempre activo y siempre interviene en los pensamientos con sus respuestas apresuradas.

El Sistema 2, por contra, es perezoso, lento, racional, metódico, requiere el pensamiento consciente y tiene, entre otras funciones, la de controlar los desvaríos y precipitaciones del Sistema 1. Pues bien, la mal ganada reputación de fríos y calculadores que padecemos los ingenieros puede deberse precisamente a un entrenamiento de años para que el Sistema 2 tome el control y evite que el Sistema 1 precipite soluciones tan apetecibles como disparatadas.

La teoría matemática, física y técnica que absorbe el ingeniero en su formación son herramientas para que el Sistema 2 alcance soluciones correctas y proporcionadas, y sepa rechazar las intuiciones apresuradas, por muy apetecibles que resulten.

El resultado puede ser la base de personalidades posiblemente menos atractivas desde un punto de vista romántico, no cabe duda. Pero estas investigaciones, y los testimonios de los insensibles algoritmos Big Data superando ampliamente en capacidad predictiva al juicio experto en nichos tradicionalmente reservados al dominio de la experiencia y la intuición -valoración de vinos, selección de jugadores deportivos, etc.- ponen de relieve la conveniencia de reforzar la formación racional, matemática y cuantitativa. Por supuesto, no solo la de los ingenieros, intuyo.

Autor

Fabio Gómez Estern

En este blog el profesor Fabio Gómez Estern, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía, despieza la actualidad desde una perspectiva dual: la tecnológica y la humana. En este análisis, basado en ensayos, publicaciones y eventos recientes, se trata de señalar qué productos de la ingeniería son susceptibles de modificar los usos sociales. Más que vaticinios, se aportan preguntas: ¿cómo y a qué ritmo se producirá este impacto?, ¿cómo debemos prepararnos para ello? ¿cuáles son las oportunidades que se abren? ¿Es preciso despertar el espíritu crítico e incluso oponer resistencia a dichos cambios? ¿Es, acaso, posible?

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