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Para un desarrollo real que cumple con la justicia social y global en el reparto justo de los bienes, hay que defender un sistema fiscal equitativo mundial.

Desarrollo, ecología y justicia con la opción por los pobres

La Universidad Loyola Andalucía y su Revista de Fomento Social han realizado un caluroso homenaje a uno de los pilares de esta Institución, el jesuita canario José Juan Romero. Ya profesor emérito de dicha Universidad y que fuera  director de la citada Revista (2000-2008).

Por otra parte, el Papa Francisco confirma que Pablo VI será canonizado en 2018. Este artículo quiere ser un memorial agradecido a estas personas, que tanto han aportado a la fe e iglesia, por ejemplo, en una cuestión clave como es el desarrollo. Lo que, de una forma profunda, se une a al día mundial de la justicia social, que celebraremos este día 20 de febrero.

A continuación, vamos a recoger y actualizar las aportaciones del pensamiento social y la ética con su base en la antropología. Tal como nos muestra asimismo, desde su propia perspectiva, la doctrina social de la iglesia (DSI). Y, de esta forma, tratar de exponer el sentido y significado del desarrollo humano, solidario e integral. De la mano de corrientes como la teoría crítica, el pensamiento personalista y latinoamericano, con autores como Mounier o el jesuita I. Ellacuría. Junto a la DSI con los Papas y sus encíclicas como el citado Pablo VI (PP), Juan Pablo II (SRS), Benedicto XVI (CV) y el mismo Francisco (LS).

Todo este auténtico tesoro que es la enseñanza antropológica, moral y social  como es la DSI inspirada en la fe, nos muestra un cualificado y trascendente horizonte del desarrollo. El cual, en su integralidad y solidaridad, abarca todas las constitutivas dimensiones de toda la  persona e incluye, de forma universal, a todos los seres humanos.

Todo este auténtico tesoro que es la enseñanza antropológica, moral y social como es la DSI inspirada en la fe, nos muestra un cualificado y trascendente horizonte del desarrollo. Clic para tuitear

Por tanto, como nos enseña el pensamiento social, el auténtico desarrollo tiene su entraña en esta antropología integral, que respeta y promueve dichas constitutivas dimensiones de lo humano como es lo moral o lo espiritual. Y está basado en la ética solidaria que promueve la justicia, equidad y  fraternidad con las personas, los pueblos y los pobres de la tierra.

Desarrollo y ecología integral

Es un desarrollo que comunica una ecología integral para el buen vivir, la vida buena con las virtudes éticas, sociales y públicas. En la justicia y cuidado de la persona en una ecología mental, la justicia con los otros, con los pobres en la ecología social y con el cosmos para una ecología ambiental.

La clave epistemológica y la hermenéutica privilegiada para comprender lo que es el desarrollo, la ecología y la justicia: es la opción por los pobres. El conocimiento más real y verdadero es este amor solidario y compasivo que, en el principio-misericordia, asume los sufrimientos e injusticia que padecen los pobres. En un compromiso por su desarrollo liberador e integral.

Es la inteligencia del hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. Esa verdad de lo honradez con lo real como son los pueblos crucificados que, desvelando la mentira que encubre el mal e injusticia, son siempre los signos permanentes de los tiempos. Y es que los pobres son ese lugar social, ético y espiritual-teologal (teológico) en el que  se manifiesta la verdad real del sufrimiento, desigualdad e injusticia.

Al negar la universalidad de la fraternidad solidaria, de la justicia y de un auténtico desarrollo liberador. Tal como se nos revela en el Dios de la vida, Jesús Pobre-Crucificado, y su proyecto salvador, el Reino de Dios y su justicia liberadora con los pobres.

Frente a todo elitismo y paternalismo asistencialista (el asistencialismo que humilla), la clave de un verdadero desarrollo es que las personas, los pueblos y los pobres sean los sujetos de su promoción y liberación integral. Los pobres como actores y protagonistas de su desarrollo y gestión de la vida humana (humanizadora), social, pública, política, económica y cultural.

No hay verdadero desarrollo sin esta democracia real en el que las personas, la humanidad y los  pobres (los pueblos empobrecidos) son los autores de su existencia para promover la libertad ética y solidaria, la igualdad y la fraternidad universal. Una democracia que se lleva a todos los campos como es el de la agricultura, la ecología y la economía con la soberanía alimentaria, energética y agro-ecológica de todos los campesinos, los trabajadores, los pueblos indígenas, etc.

El desarrollo requiere el fomento de que todos estos pequeños agricultores, campesinos, trabajadores y demás personas pueden cultivar las tierras, el campo u otras actividades laborales. Con una agricultura y economía diversificada, saludable, a escala humana, con ética y responsabilidad social corporativa. En una forma cooperativa, social y sostenible ecológicamente.

Todo lo anterior, como principio básico de un auténtico desarrollo, supone el valor rector de la economía: el destino universal de los bienes, con una justa distribución de los recursos; tal como, por ejemplo, son las tierras. Y que conlleva todas las necesarias e imprescindibles reformas agrarias y expropiaciones, que hagan realidad esta socialización de los bienes con un reparto equitativo de estas tierras, suelos, aguas u otros recursos agro-ecológicos básicos.

El valor y derecho primero del destino universal de los bienes, con la equidad en la distribución de los recursos, está por encima de la propiedad que no es un derecho absoluto e intocable, es secundario a este carácter personal y social de las posesiones.

Justicia social

En esta línea, para un desarrollo real que cumple con la justicia social y global en el reparto justo de los bienes, hay que defender un sistema fiscal equitativo mundial. En donde los que más tienen, como son las herencias y fortunas o el capital con sus actividades financieras-bancarias, más contribuyen y pagan. Erradicando los inmorales e injustos paraísos fiscales u otros fraudes tributarios, que llevan a una auténtica estafa de la hacienda pública, social y ética de los países.

Para un desarrollo real que cumple con la justicia social y global en el reparto justo de los bienes, hay que defender un sistema fiscal equitativo mundial. Clic para tuitear

Otro principio esencial, en este desarrollo humano e integral, es que el trabajo está antes que el capital. El valor del trabajo vivo, humano y decente, con la dignidad y derechos del trabajador como es un salario justo, un valor ético-social básico, tiene la prioridad absoluta sobre el capital-beneficio. Es la civilización del trabajo y de la pobreza que, frente a la del capital y de la riqueza, promueve un desarrollo solidario con una economía ética al servicio de la vida y necesidades de los pueblos.

El desarrollo y felicidad real con la pobreza solidaria en el compartir la vida, los bienes y la praxis por la justicia liberadora con los pobres de la tierra. En contra de la egolatría e individualismo insolidario y posesivo con sus ídolos de la riqueza-ser rico, la codicia y la propiedad. Las idolatrías del mercado y capital, los falsos dioses del beneficio y tener que sacrifican al ser, dan muerte a las personas, a los pobres y a la solidaridad.

Hay que asegurar un sistema laboral internacional justo que impida las desigualdades e injusticias socio-laborales, principal causa de la pobreza, e inequidad en la división social del trabajo. Tal como son, por ejemplo, las llamadas flexibilización y movilidad laboral o deslocalizaciones que llevan a explotar (maltratar) al trabajador, en especial del Sur empobrecido.

Usados como mano de obra barata, para producir más y a menor coste salarial. Un auténtico desarrollo debe impulsar el comercio justo, con un consumo responsable. Un sistema comercial mundial con la equidad en el intercambio de bienes, con condiciones laborales dignas y protección ecológica. Acabando con los aranceles o barreras proteccionistas que se imponen unilateralmente sobre los países empobrecidos e impiden este comercio justo, con el dumping y subsidios que especula, arruina y empobrece a los productores del Sur.

Es clave para el desarrollo asegurar una banca ética, con un sistema financiero justo que acabe con el pecado de la usura: esos créditos con sus intereses abusivos e injustos, y que especulan con todo; que endeudan, empobrecen y destruyen a las personas, las familias y los pueblos.

En este sentido, hay que terminar con toda esta economía financiera especulativa que convierte al planeta en un casino global. Especulando con todo, con la vida y bienes tan vitales como por ejemplo son los alimentos. Y que genera permanente y sistemáticamente las crisis que, como verdaderas estafas y mentiras, enriquecen a unos pocos a costa de empobrecer, arruinar y destruir a la mayoría de los empobrecidos de la tierra. Dando paso a una economía real de bienes y servicios, con inversiones éticas para el empleo y el dinamismo social.

El desarrollo requiere la paz justa con los derechos humanos, terminando con las guerras en un desarme mundial, la perspectiva femenina con la dignidad y protagonismo de la mujer en todos los campos. Y el diálogo inter-cultural e inter-religioso. Una ética mundial y cosmopolita para el encuentro, convivencia y paz entre todos los pueblos, las culturas y las religiones con la civilización del amor.

La revolución de la alegría y ternura, que es la solidaridad fraterna de la familia humana. Una bioética global que defienda la vida en todas sus fases, dimensiones y aspectos. Con el amor fecundo, fiel y alegre del hombre y la mujer que conforman el matrimonio, la familia e hijos para la vida solidaria, el bien común y la lucha por la justicia con los pobres. A imagen y semejanza del Dios de la vida humamnizadora, plena y eterna.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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