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Josep Artigas, profesor del Máster Universitario en Neuropsicología de la Universidad Loyola.

Josep Artigas: «Hay que ser muy sensible hacia las habilidades de cada niño, mucho más que a sus inhabilidades o torpezas»

Josep Artigas ha trabajado durante más de 30 años como neuropediatra y psicólogo con especial dedicación a los trastornos del neurodesarrollo sobre todo en el autismo, TDAH y trastornos del aprendizaje. Con más de cien artículos científicos y dos libros publicados (‘Trastornos del Neurodesarrollo’ y ‘El Niño incomprendido’), actualmente se dedica en exclusiva a dar conferencias y colaborar en másteres y cursos de formación centrados en el campo del neurodesarrollo y en su vertiente emocional. En Loyola Másteres, la escuela de postgrado de la Universidad Loyola, imparte clase en el Máster Universitario en Neuropsicología.

(P): ¿Qué son los trastornos específicos del aprendizaje?

(R): Los trastornos específicos del aprendizaje conforman un concepto que hace referencia a un colectivo muy extenso de personas que, a pesar de tener una capacidad de inteligencia que se considera normal, muestran dificultades en mecanismos cognitivos relacionados con distintas vertientes de la lectura, la escritura y las matemáticas.

La arbitrariedad de este concepto, como constructo diagnóstico, es obvia si se toma en consideración la diversidad de perfiles cognitivos de las personas, pues no existe un parámetro objetivo para determinar en que medida la causa del fracaso es atribuible al propio individuo o a un sistema pedagógico rígido que no contempla las diferencias en las habilidades de cada uno. Un sistema pedagógico basado en el individuo disminuye de forma radical el fracaso escolar. Tradicionalmente, España es el país con mayor abandono escolar de la comunidad europea a pesar de la gran cantidad de deberes escolares y horas lectivas.

(P): ¿Por qué se especializó en Neuropediatría y Psicología con especial dedicación a los trastornos del neurodesarrollo? 

(R): Fue como un final de trayecto de lo que sin ser del todo consciente iba buscando desde el inicio de mi carrera profesional. El atractivo de los trastornos del neurodesarrollo, desde mi punto de vista, reside en el hecho de aglutinar distintas disciplinas que históricamente han evolucionado a espaldas unas de otras y con un claro grado de indiferencia e, incluso, hostilidad en algún caso.

Si hablamos del desarrollo de los seres humanos es irracional parcelar el estudio de la evolución personal sin aglutinar distintas miradas que conjuntamente aportan una excelente percepción sobre porqué y como nos vamos adaptando a nuestro entorno para vivir conjuntamente de la forma más placentera. Cada persona es una unidad donde inciden de modo coordinado e indisociable el desarrollo de su sistema nervioso, su vida profesional y social y los valores culturales que le rodean. Concurren, por tanto, las aportaciones tradicionalmente ubicadas en el campo de la neurología, la genética, la psicología, la psiquiatría y la filosofía; sin olvidar los valores culturales. Sin muchos puentes y amalgamas entre estas aproximaciones cualquier conocimiento estaría sesgado. Desde esta panorámica, el mestizaje disciplinar como objetivo es lo que me ha encaminado hacia al campo del neurodesarrollo.

(P): ¿Cómo podemos detectar si un niño padece déficit de atención o hiperactividad?

(R): La cuestión no debería ser detectar o no detectar. El punto crítico es escuchar o no escuchar. Escuchar a los padres, a los profesores y, sobre todo, al propio niño. Y escuchar con la mente muy abierta para buscar una explicación que encaje con los tres relatos. No es infrecuente que ante problemas de conducta, de rendimiento escolar y de autoestima, la explicación más razonable coincida, en mayor o menor grado, con lo que en los manuales se denominan criterios diagnósticos del TDAH. Sin embargo, el problema real no es tanto la falta de diagnóstico como la falta de comprensión del niño como persona implicada. El diagnóstico es un recurso artificial para superar las miopías que limitan una percepción clara de una realidad sesgada por moldes sociales preconcebidos (irresponsable, maleducado, rebelde…) o por falsos dogmas pedagógicos (vago, tonto, desobediente…).

(P): ¿De qué manera puede afectar a un niño en su desarrollo una ausencia de diagnóstico y de tratamiento?  

(R): Depende de cada caso. No creo que exista un patrón común pues estamos hablando de personas muy diversas. En cualquier caso el problema no es tanto la falta de diagnóstico, sino la falta de comprensión del problema o de los problemas. Un diagnóstico no es ninguna garantía si no se ajusta el entorno escolar y familiar para evitar la percepción de fracaso o marginación. Sobre todo se deben ajustar las expectativas de cada niño, teniendo muy en cuenta que la escuela es muy importante, pero la escuela no es lo más importante ni debe ser la causa del fracaso. Hay que ser muy sensible hacia las habilidades de cada niño, mucho más que a sus inhabilidades o torpezas. Es necesario destacar y potenciar las competencias favorecidas y evitar el aburrimiento y la desmotivación derivada de tareas monótonas, memorísticas, repetitivas e inútiles. Es necesario que los niños ­–todos– vivan la escuela como un espacio motivador, gratificante y lúdico, donde es primordial pasárselo bien.

Y si el tratamiento farmacológico puede contribuir a mejorar el panorama, bienvenido sea.

En mi experiencia la mayoría de niños que han sido diagnosticados de TDAH tienen una buena evolución si se actúa correctamente.

Las consecuencias del fracaso y perdida de autoestima son sobradamente conocidas y es fácil imaginar hasta donde pueden llegar.

(P): ¿Cuáles serán los principales retos a los que tendrán que enfrentarse nuestros estudiantes cuando comiencen sus prácticas profesionales?

(R): El reto de ser capaces cada día de entusiasmarse y disfrutar de su elección.

(P): ¿Qué recomendación les da a los estudiantes del Máster, que le hubiese gustado a usted recibir cuando comenzó a trabajar en este mundo?

(R): Sapere aude. (Horacio)

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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