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Jornada de Acogida Ignaciana para los alumnos de la Universidad Loyola Andalucía.

Compartir y caminar con los compañeros en la Jornada de Acogida Ignaciana

Organizado por el Servicio de Evangelización y Diálogo (SED) de la Universidad Loyola Andalucía, compañeros de Córdoba y Sevilla hemos compartido una experiencia muy especial en Casa Emaús, con la idea de vincular ambos campus. Realmente se trataba de una Jornada de Acogida Ignaciana, una actividad con mucho sentido para los que formamos parte de esta universidad. Fue un día de marcha, de camino y encuentro para estrechar lazos y, por qué no, para soñar y vivir  juntos el sentido de la universidad a la ignaciana.

Compartir una Jornada de Acogida Ignaciana

Caminamos unos 15 kilómetros. Salimos de ‘Las Ermitas’ para llegar a ‘Casa Emaús’, en Santa María de Trasierra. Comenzamos la Jornada de Acogida Ignaciana mentalizándonos, conociendo la vida de San Ignacio de Loyola, del sentido de esta actividad para, después, emprender la marcha.

Durante el camino pudimos conversar, encontrarnos con el otro y compartir lo que nos mueve a todos para hacer algo así un sábado tan temprano. Lo teníamos claro, los que fuimos a Córdoba lo hicimos porque quisimos, porque sabíamos que queríamos ir. Me explico, para levantarse un fin de semana a las siete de la mañana,  tras una semana de clases, las ganas de vivir una experiencia como ésta son muy fuertes.

Llegamos a ‘Casa Emaús’ y comimos. Cada uno trajo lo que pudo y lo compartimos con los demás. Escuchamos los testimonios de los compañeros, eran palabras llenas de vida y de sentido, de intención de buscar, de querer encontrar el para qué de nuestro papel en este mundo. Sí, existen jóvenes con inquietudes y con verdadera intención de buscar la verdad.

Acabamos el día con la eucaristía, disfrutando del paisaje y dando gracias por el día que tuvimos. No fue una misa al uso, fue diferente, no me preguntéis por qué, solo tenéis que venir la próxima vez, a una Jornada de Acogida Ignaciana para comprobarlo.

El SED trabaja para servir a los demás desde la vida universitaria, quiere que los compañeros nos encontremos el uno con el otro, que compartamos nuestras vivencias y experiencias vitales y, así, nos introduzcamos en la Espiritualidad Ignaciana. Realmente hicimos una peregrinación, intentando, como ‘Ignacio el peregrino’, la búsqueda profunda, humana, sencilla y verdadera de lo qué pasa en nuestro interior para dar lo mejor a los demás.

Pues sí, cada día tenemos más claro la máxima ignaciana y, aunque nos cueste, siempre hay que intentar ‘En todo Amar y Servir’.

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