Javier No, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Loyola Andalucia.

Javier Nó: “Las universidades deben replantearse cómo abordar cada una de sus funciones”

Javier Nó Sánchez es un brillante académico, investigador y gestor en materia educativa y comunicación con más de 25 años de experiencia solvente. Doctor en Pedagogía y catedrático de Tecnología de la Información, ha sido vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde también asumió otras responsabilidades como la del decanato de la Facultad de Comunicación. Como investigador ha participado en diversos proyectos de desarrollo regional y tecnologías de la información, además de impartir cursos de doctorado en universidades de Brasil, Chile, Estados Unidos, Colombia y Portugal. Hoy atiende a Loyola And News como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Loyola Andalucía.

Pregunta (P): Las nuevas tecnologías han posibilitado un acceso inmediato y global al conocimiento ¿Cómo afecta esta revolución al ámbito de la docencia universitaria?

El acceso a la información ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad, de los negocios al arte; del transporte al ocio. La universidad es una institución con una trayectoria de siglos, que la hace muy compleja, por lo que a pesar de una cierta resistencia, no puede evitar que le afecten dichos cambios en muchas de sus facetas. La docencia es una de ellas, pero las instituciones de educación superior se deben replantear el modo de abordar cada una de sus funciones en este nuevo contexto.

En cuanto a la función docente pensemos, para comenzar, sólo en un aspecto: hasta ahora el profesor era el encargado de gestionar las fuentes de información y los recursos necesarios para la preparación de los estudiantes. Lo que no se presentara en la clase presencial, había que entregárselo o ellos mismos tendrían que acudir a bibliotecas u otros centros de documentación. Ahora un estudiante avispado tiene la posibilidad de acceder a información de primera mano, fuentes de la máxima calidad o hasta profesores, pensadores o científicos del área que quiera del máximo nivel. Dispone de tutoriales para las cuestiones más prácticas realizados por personas con alta capacidad de comunicación y recursos. Si quiere, puede incluso seguir un MOOCs o cualquier otra modalidad de contenido abierto producido por especialistas de prestigio internacional. Como decían los primeros navegantes que cruzaron el ecuador terrestre: “están cambiando las estrellas”.

(P): En ese sentido ¿Cuál es el papel del docente en esta sociedad del conocimiento? ¿Cuáles deben ser sus competencias profesionales clave?

Como decía, no podemos continuar como si nada hubiera ocurrido. A todos nos interesa que los estudiantes universitarios tengan altas competencias en los ámbitos de exigencia de la sociedad actual: capacidad de adaptación, selección de información relevante, actitud colaborativa, recursividad ante los desafíos, etc. Pues bien, los jóvenes que despliegan o deseamos que desarrollen estas capacidades necesitan que la experiencia de clase sea algo más que una transacción de información, ya sea oral, pintada en el Power Point o animada con Prezi.

“Al docente de hoy le toca ser: impulsor, animador, catalizador y, sobre todo, diseñador de entornos de aprendizaje tanto dentro como fuera del aula”

En las universidades presenciales se entiende que hay una apuesta importante por la experiencia vivida, así que al docente le corresponde diseñar los espacios de aprendizaje de modo que se produzcan situaciones en las que aflore la reflexión, el análisis, el desafío, el descubrimiento, la construcción, la creación y la innovación. Al docente de hoy le toca ser “the guide on the side” en lugar de “the sage on the stage”: impulsor, animador, catalizador y, sobre todo, diseñador de entornos de aprendizaje tanto dentro como fuera del aula.

(P): Ante estos nuevos desafíos, ¿está la universidad preparada para transformar su modelo pedagógico?

Si hablamos de la universidad como conjunto de entidades de educación superior en el mundo, obviamente la variabilidad es muy grande. A pesar de lo mucho que se está hablando en los últimos años sobre la inevitabilidad de un cambio continuo en estas instituciones, me atrevo a decir que la inercia de los siglos pesa demasiado. Por supuesto que no todos los modelos universitarios ni entornos geográficos responden igual, en España, con una fuerte herencia del modelo napoleónico, resulta complicado desechar ciertas estructuras y la idea arraigada de que la labor docente es un traspaso de conocimiento del que sabe hacia el que no sabe. Aunque por supuesto hay instituciones y docentes con gran vocación y aportaciones muy valiosas, la tendencia hasta ahora ha sido perpetuar los métodos y rutinas a pesar de los cambios teóricos de modelo animados por las diferentes reformas de la educación superior.

En el contexto americano, sin embargo –norte y sur- los grados de libertad del sistema, junto con la competitividad, favorecen, o se podría decir incluso que exigen, una adaptación más diligente a la nueva situación. Es por eso que nos encontramos ya muchas experiencias de cambio tanto en los procedimientos pedagógicos como en la flexibilidad o desagregación estructural, que abre las puertas a un modelo totalmente nuevo.

(P): ¿Cómo se está afrontando este reto desde Loyola Andalucía?

El hecho de que la Universidad Loyola Andalucía sea de reciente creación provoca que esté pensando absolutamente en todos los aspectos que afectan a estas instituciones hoy en día. Desde los puramente legislativos hasta los más visionarios. En ese sentido, el reto que supone la nueva realidad descrita, lejos de abrumar a este colectivo, le supone un acicate para asumir que el cambio ya es permanente, que la diversión no acaba con unos retoques en el sistema o un lavado de cara. Desde el primer momento en el que nuestra universidad se ha planteado crear las bases para un modelo pedagógico acorde con todo lo descrito, el entusiasmo de la comunidad Loyola Andalucía se ha dejado notar.

“Desde el primer momento en el que nuestra universidad se ha planteado crear las bases para un modelo pedagógico acorde con todo lo descrito, el entusiasmo de la comunidad Loyola Andalucía se ha dejado notar”

Se ha estado trabajando a fondo durante los dos últimos años en un modelo teórico sólido que sustente esta transformación y ahora estamos en la fase de hacerlo realidad. El cambio afecta no sólo a los profesores y su función docente, pensemos que toda la estructura y organización clásica de la universidad (la nuestra y otras) está pensada para responder al modelo tradicional de enseñanza. Horarios, espacios, logística, regulación, etc. constituyen una larga lista de elementos organizacionales al servicio de dicho modelo. Este está tan interiorizado que la labor se está diseñando en todos los frentes simultáneamente: cultura organizacional, infraestructuras, normativa académica, procedimientos y, sobre todo, un equipo docente entusiasmado, formado y dispuesto. Sin olvidar a los estudiantes. Ellos provienen de la misma inercia social y educativa que tan interiorizada tenemos todos y, a pesar de su juventud y cercanía a la tecnología digital, necesitan saber que las competencias que deben desarrollar para su crecimiento personal están lejos de la comodidad de mantenerse en su área de confort.

(P): El modelo pedagógico desarrollado por el equipo de docentes de la Universidad Loyola Andalucía se basa, a grandes rasgos, en la metodología de la “flipped classroom” o “clase invertida” aunque con ciertas matizaciones ¿Cuáles son esas novedades?

Sí, a nosotros nos gusta más hablar de espacio de interacciones o espacio de aprendizaje. Según este modelo, la función esencial del docente es el diseño de las condiciones, recursos y estrategias que permitan a los estudiantes el desarrollo de las competencias necesarias para afrontar el mundo profesional. En la medida que dichas competencias estén muy bien definidas, el docente puede delimitar mejor ese espacio de aprendizaje. Pero como hemos dicho, ese espacio hoy en día no se puede limitar al encuentro físico en un aula; disponemos de un acceso envidiable a las fuentes de información; los recursos digitales y herramientas de ayuda a la colaboración, el contraste de propuestas, la discusión o la resolución de problemas, por poner algunos ejemplos, nos abren las puertas a estrategias muy efectivas de enseñanza-aprendizaje; la capacidad para poner al estudiante en situación de desafío o de proyecto verosímil o de dilema moral, con recursos extraídos de la realidad vivida en cualquier confín del mundo, debe impulsarnos a un replanteamiento del tiempo de clase.

“La función esencial del docente es el diseño de las condiciones, recursos y estrategias que permitan a los estudiantes el desarrollo de las competencias necesarias para afrontar el mundo profesional”

Es por eso que, como consecuencia de entender el aprendizaje como el conocimiento que cada uno y cada colectivo construye en ese espacio, necesitamos redefinir qué se lleva a cabo en el tiempo en que todo el grupo está trabajando físicamente con el profesor y qué es más conveniente que esté diseñado para su desarrollo en otros momentos. Esta redefinición del trabajo colectivo y el trabajo individual es la que enlaza nuestro modelo con la actual tendencia del “flipped learning”.

Si pensamos en términos de qué es adecuado que se trabaje en el espacio individual y para qué reservamos los tiempo comunes ya sean virtuales o presenciales, buena parte de nuestra función docente se ve modificada, desde el desarrollo de los materiales hasta la evaluación o la relación con otras asignaturas del mismo u otros grados.

Obviamente, hay una gran labor que llevar a cabo para que todo esto se haga realidad sin abrumar a nadie pero sin pausa. En esta universidad nos hemos comprometido con un horizonte a dos años para la adopción de un modelo que al mismo tiempo sea vivo y transferible.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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