Investigación: se buscan alternativas a los recortes

Como en todo comienzo de año que se precie hay que hacer previsiones, y a mí me toca hablar de la investigación en el ámbito universitario. Espero estar atinado, y ruego que me disculpen si dentro de doce meses comprobamos que me he equivocado. Aunque, bien pensado, y viendo el negro futuro que se avecina, igual es preferible que me equivoque.

Porque, salvo modificación de la política actual de los distintos gobiernos, la situación investigadora en las universidades españolas en general en 2014 será complicada. Sin embargo, las inercias son importantes, es decir, los investigadores con una reconocida trayectoria científica seguirán produciendo ciencia en la medida de sus posibilidades. Por tanto, las áreas que más se resentirán son aquellas que necesitan un presupuesto superior.

Por otro lado, la aplicación de la normativa que vincula en las universidades públicas la carga docente con la producción científica (sexenios o tramos de investigación), por la cual el número de horas de clase depende directamente del número de sexenios, cuanto menos sexenios más horas de clase, provocará, en mi opinión, una cada vez mayor separación entre el grupo de profesores ‘investigadores’ y el grupo de profesores ‘docentes’. Esta circunstancia probablemente afectará negativamente a medio-largo plazo a la calidad global del sistema universitario público español.

Para ‘combatir’ los recortes presupuestarios hay que buscar alternativas y, en este punto, la autonomía universitaria es esencial. Las universidades españolas deberían, en mi opinión, especializarse. Los modelos de macrouniversidades que atienden a todas las áreas de conocimiento son discutibles. Con toda probabilidad las macrouniversidades más prestigiosas sobrevivirán pero el resto debería plantearse un nuevo modelo.

En este sentido existen, que yo conozca, dos tendencias que afectan tanto a la docencia como a la investigación. La primera es centrar la universidad en determinados grados en los cuales se pueda garantizar una calidad y empleabilidad elevadas. En este caso, los postgrados y la investigación están limitados al igual que los doctorados, no se trata, por tanto, de alcanzar altos niveles investigadores sino excelentes profesionales.

La segunda tendencia consiste en especializar a la universidad en determinadas áreas de de conocimiento donde se garantice una calidad docente (grados, postgrados y doctorados) e investigadora (rankings internacionales) excelentes. En estos casos, la investigación científica es determinante y, por tanto, esta estrategia es mucho más sensible a las alteraciones presupuestarias. Cada vez más, la alternativa europea (horizonte 2020, por ejemplo) se nos presenta como decisiva a la hora de conseguir fondos para la financiación de la investigación científica.

¿Y las empresas? ¿Se incorporarán más agentes privados a la Investigación en esta coyuntura? Creo que no muchos más de los que en la actualidad ya están actuando. Las empresas que apuestan por la investigación científica vinculada a la universidad o a centros de investigación en España son escasas en número y se ajustan, por lo general, a un perfil multinacional o son organizaciones/empresas públicas. Esto no quiere decir que no existan PYMEs que tengan proyectos conectados con la investigación científica pero todavía son muy pocas. La transferencia de conocimientos entre la universidad y la empresa es todavía un tema pendiente en nuestro país, por lo que un nuevo régimen fiscal favorable a este fenómeno cambiaría completamente el marco actual.

Sin embargo el régimen fiscal no es todo, también existen problemas relacionados con la propiedad intelectual y con las discrepancias entre la forma de evaluar la actividad del profesorado universitario y las exigencias de rentabilidad empresarial. Me explico. Por un lado, los investigadores necesitan publicar sus descubrimientos en foros internacionales mientras que las empresas necesitan proteger estos mismos descubrimientos mediante patentes. Por otro, a los profesores universitarios se les evalúa muy fundamentalmente por la producción científica (artículos en revistas de prestigio, dirección de proyectos de I+D+i+t, etc.) en periodos largos (por lo general, de seis en seis años) mientras que la empresa necesita rentabilidades mucho más inmediatas.

Estas cosas, antiguas por otro lado y bastante resueltas en otros países de nuestro entorno, deberían abordarse al mismo tiempo o incluso antes (si no hay remedio, después) que una reforma fiscal.

Autor

Carlos García

Doctor Ingeniero Agrónomo, profesor del departamento de Matemáticas, Vicerrector de Investigación y patrono de la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación. Mi área de investigación es la Programación Matemática, estando mis intereses en la evaluación de la eficiencia, análisis espacial de datos y la teoría de la información generalizada.

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