Ingeniería y cooperación

Recientemente se ha celebrado en la Universidad Loyola Andalucia un curso de energías renovables contra la pobreza, en el que se han visto representadas instituciones como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Junta de Andalucía, la Agencia Andaluza de la Energía, la empresa Abengoa y la propia Universidad a través de la Fundación ETEA para el Desarrollo y la. Cooperación.

Uno de los conferenciantes destacados fue Adolfo Martínez, presidente de la Fundación Hondureña de Investigación agrícola; entidad privada que cumple funciones semejantes al IFAPA andaluz, aunque quizá más orientado a la ayuda al desarrollo. Adolfo Martínez ofreció una valiosa lección sobre cómo los ingenieros pueden contribuir; desde su formación técnica, al desarrollo de comunidades desfavorecidas mediante la concepción de nuevos artefactos.

En la charla nos quedó claro que la ingeniería de ayuda al desarrollo puede no ser puntera en cuanto a incorporar las últimas innovaciones propias de la era de la conectividad y la información, pero ha de ser óptima, robusta, duradera, transportable, y autónoma. En definitiva, ha de ser ingeniería de la buena.

En el país centroamericano, unos dos millones de personas carecen de acceso al fluido eléctrico. La dificultad de acceso se debe en gran medida a que el 85% de la población vive en territorios escarpados. Y la inversión necesaria para realizar una red de transporte y distribución eléctrica con la capilaridad necesaria se hace inasequible a las arcas públicas.

La fundación FHIA ha desarrollado una propuesta técnica muy interesante al respecto. Con su propio diseño de turbina hidroeléctrica -basada en el clásico modelo Pelton- logran extraer energía de las corrientes de agua descendentes de las montañas y la canalizan hacia las poblaciones cercanas. Normalmente consiguen suministrar hasta 20kW por comunidad, cubriendo las necesidades básicas si se excluyen los frigoríficos, o incluso con unos pocos de ellos.

La tecnología de las turbinas es propia de la fundación, y la red de la distribución también es diseño propio, aunque poseen conciertos con organizaciones alemanas y estadounidenses, y universidades internacionalmente reconocidas como la Suiza ETH, para sufragar inversiones y desarrollar investigaciones.

Me llamó la atención la sensibilidad del presidente de la fundación a la hora de percibir realidad de los pueblos a los que ayudan con su labor. El factor humano requiere siempre un análisis profundo que no se acaba con el suministro del bien escaso, en este caso la energía. Nos explicó que la población hondureña es heredera de una cultura Maya que convive a diario con el humo. Se cocina durante largas horas en el interior de las viviendas, creándose un ambiente místico producido por el humo de la leña. Pese a los riesgos de salud que esto acarrea, no es sencillo que los habitantes ultramontanos abandonen ese estilo de vida dando paso a los utensilios eléctricos. Más aún, el material construcción de las viviendas es muy sensible al ataque de las termitas, y el hollín depositado por los fuegos con los que conviven es un imprescindible protector contra este insecto.

Todo ello nos sugiere que debemos enfocar los problemas de desarrollo al margen de la idealización tecnológica. Posiblemente en las sociedades muy desarrolladas la incorporación de nuevos artefactos y métodos se produce de manera natural y fluida, pero en otros entornos el impacto social debe ser estudiado al mismo tiempo que se desarrollan nuevos medios en favor del bienestar.

Debemos aceptar, también, como nos sugería el conferenciante, que las innovaciones no iban a aprovecharse siempre en favor de la salud y la alfabetización. De hecho, los primeros cambios derivados de la electrificación de estas poblaciones solían venir a menudo de la mano del fútbol televisado y la cerveza fresca. Al fin y al cabo carece de sentido exigirles que sean tan diferentes de nosotros.

Al margen de estas reflexiones, este encuentro nos brinda una excelente oportunidad para profesores, investigadores y estudiantes de ingeniería, para abrir vías de cooperación y ayuda al desarrollo, a partir de nuestra formación y experiencia técnica.

Autor

Fabio Gómez Estern

Año 2050. Sentado en un parque, un viejo profesor de ingeniería repasa mentalmente las revoluciones tecnológicas de la primera mitad del siglo XXI. Al hacerlo, se pregunta por las transformaciones sociales, culturales, económicas y medioambientales que éstas trajeron, y sobre el qué se pudo hacer. Alza la cabeza y cruza la mirada con un artilugio volador que en estático silencio levita frente a él. Ambos se adivinan el pensamiento. Este blog servirá al profesor Fabio Gómez Estern, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía, de guía en ese viaje retrospectivo, en forma de diminutos 'breadcrumbs''.

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