Ildefonso Camacho aboga por formar a una ciudadanía comprometida

Ildefonso Camacho, miembro del Consejo de UNIJES: “Hay que favorecer una ciudadanía consciente y comprometida”

Ildefonso Camacho SJ, es el presidente de la Fundación Universidad Loyola Andalucía y miembro del Consejo de UNIJES, la red de centros universitarios la Compañía de Jesús en España, que presentó el pasado mes de julio la Declaración “Por la regeneración democrática de la vida pública en España”. El documento, presentado en Madrid en la Universidad Pontificia de Comillas, reflexiona sobre la situación actual de la vida pública española y aporta un conjunto de propuestas para superarla.

Para conocer mejor la Declaración y los motivos que han llevado a presentarla, hablamos con Ildefonso Camacho SJ, que a su condición de miembro del Consejo de UNIJES, une la de presidente de su Comisión de Identidad y Misión. “Las instituciones universitarias ocupan un lugar de relieve en la sociedad, no solo porque preparan profesionales competentes, sino en cuanto forman personas y tienen una proyección social a través de variadas actividades” destaca.

¿Por qué se realizó esta Declaración?

Yo diría que por tres razones: la primera, aportar un conjunto de propuestas y asumir nuestra responsabilidad en el espacio público; la segunda, por el peso de la tradición educativa jesuita que consideró desde el principio a la educación como algo esencial en su actividad y a día de hoy sigue realizando esta misión educativa en más de 200 centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en los cinco continentes y la última, como compromiso de las instituciones firmantes con la sociedad española y con la regeneración de la vida pública. En estos momentos creo que no es un compromiso superfluo ni ambiguo, aún corriendo el riesgo de que pueda ser utilizada a partir de otras interpretaciones.

Hablemos de los firmantes. ¿Qué es UNIJES?

UNIJES es la red de los once centros universitarios de la Compañía de Jesús en España, que son la Universidad de Deusto; la Universidad Pontificia Comillas; ESADE; el Instituto Químico de Sarriá; la Facultad de Teología de Granada; el Centro Profesorado Sagrada Familia; CESTE, de Santander; INEA, de Valladolid; el Institut de Teología Fonamental de San Cugat del Vallés; Turismo Sant Ignasi de Barcelona y la recién nacida Universidad Loyola Andalucía, anteriormente ETEA.

Aquí hay dos tipos de centros: aquellos cuya última responsabilidad recae en la Compañía de Jesús, sea cual fuere su titularidad formal y aquellos otros que, rigiéndose por estatutos que los vincula de alguna forma a la Compañía de Jesús, asumen una identidad y misión homologable con las de los centros que dependen plenamente de ella. Unos y otros se comprometen a participar en líneas de acción y proyectos estratégicos conformes con la misión propia de la Compañía.

¿Y cuando nació UNIJES?

UNIJES nació en 2004. Pero hay un antecedente: COCESU (Comisión de Centros Superiores de la Compañía de Jesús en España), que desde los años 1980 actuaba como foro de intercambio de información y experiencias, de coordinación en acciones conjuntas y de reflexión sobre temas de interés común.

Esta iniciativa, de colaboración entre los centros que partió originariamente de ellos mismos, fue asumida a comienzos de los años 2000 por el gobierno de la Compañía. Cuando nació UNIJES, se definió como federación de centros, con un proyecto integrado y directrices vinculantes, con unos estatutos y con una estructura de gobierno que dependía últimamente del Provincial de la Compañía de Jesús en España.

UNIJES ha avanzando en una progresiva integración; recientemente lo ha hecho al hilo de la evolución de la Compañía de Jesús en España. Sabido es que el año 2010 el General de la Compañía puso en marcha un proceso para la unificación en una sola provincia jesuita de las cinco que existían en España. Y ha sido a partir de septiembre de 2012 cuando el sector de educación universitaria (UNIJES) ha pasado a jurisdicción directa del Provincial de España. Esto significa un gobierno último que es único y un funcionamiento incardinado dentro de la nueva estructura organizativa unificada de la Compañía en España.

Estos datos son útiles para entender mejor el esfuerzo que se está realizando para que los centros de UNIJES actúen cada vez de forma más integrada, aun cuando cada uno conserve la autonomía que es propia de toda institución universitaria. La Declaración  de la que hablamos es una manifestación, la primera, de esa voz común, al tiempo que un compromiso compartido.

Y hablando de la Declaración, ¿cuáles son sus contenidos?

El texto está dividido en cinco puntos, que resumiría así:

El por qué de esta Declaración. El motivo es doble: la situación de crisis económica que atraviesa nuestro país; la responsabilidad que sienten los centros universitarios firmantes, que reconocen no haber estado siempre a la altura de lo que se podría esperar de ellos.

El punto de partida. La Declaración parte de la decepción y falta de esperanza ante la política, pero también de las iniciativas que van surgiendo en la sociedad civil para regenerar la actividad política. Son como la cara y la cruz de una realidad a la que UNIJES quiere acercarse desde la doble condición de universitaria y jesuita: con creatividad y desde un humanismo cristiano pero abierto a otras mentalidades.

Los principios que la inspiran. Hay aquí una apuesta decidida por una política que se distancie de lo que estamos viendo cada día. Esta apuesta se traduce en una concepción de la política que se despliega en cuatro pilares:

1º) Sociedades plurales, que tienen que convivir y que comparten espacios y tradiciones, problemas y desigualdades inquietantes.

2º) Una política como servicio al bien común, orientada por tanto a crear las condiciones para que todos los ciudadanos puedan desarrollarse según sus legítimas aspiraciones (hacia su desarrollo integral).

3º) Una política que se articula con la economía para garantizar un equilibrio entre los intereses legítimos de los individuos y grupos y los intereses generales de la sociedad.

4º) Una política que cuenta con la responsabilidad y la participación de los ciudadanos (no reducidos a sujetos pasivos e indiferentes).

Sus propuestas. La Declaración sugiere nueve propuestas que tocan ámbitos diversos.

— Cuatro de ellas piden un mejor funcionamiento del sector público: más transparencia en general, una administración pública más profesionalizada, más eficacia y transparencia en el desempeño de los cargos públicos, lucha contra la corrupción y contra la economía sumergida (su mejor caldo de cultivo).

— Dos se refieren a la estructura del Estado: efectiva separación de poderes e independencia del poder judicial; reforma de los partidos políticos y democratización de los mismos.

— Una se ocupa de la ordenación del territorio y aboga por la recuperación de los consensos perdidos.

— Una sale al paso de las desigualdades económicas y pide un sistema fiscal más justo y progresivo.

— Otra por fin se refiere a los medios de comunicación para que sepan estar a la altura de su función con un ejercicio responsable de la libertad inspirado por la ética.

El compromiso universitario. No sería honesto exigir a los otros —en concreto, a los agentes más significados de la vida pública, a los se dirigen las propuestas anteriores— sin reconocer la propia responsabilidad de los firmantes. Y estas no pueden ser sino las propias de instituciones universitarias: ante todo, favorecer en la entera comunidad académica una ciudadanía consciente y comprometida en la construcción de la sociedad. Este compromiso tiene una densidad especial cuando se trata de los alumnos que acuden a estos centros, a los que se forma no solo como profesionales competentes, sino también como ciudadanos responsables y favoreciendo las vocaciones estrictamente políticas.

La Declaración concluye refirmando la condición universitaria y jesuita de los centros —donde reside a la vez, su poder social pero también sus condicionamientos y limitaciones— y renovando su disposición a colaborar con otras instituciones que quieran empeñarse en esta tarea de regeneración.

La presentación contó con unos invitados especiales, ¿porqué?

Quisimos hacer una presentación que tuviera cierta resonancia pública. Por ello se invitó a dos exministros de distinta filiación política (Javier Solana y Josep Piqué) y a un profesor de filosofía que viene aportando una rica reflexión sobre la política (Daniel Innerarity). El diálogo entre ellos estuvo animado por José Antonio Zarzalejos, conocido periodista vinculado al Grupo Vocento.

El acto se planteó con un objetivo: transmitir un mensaje ayudados para ello de una presencia pública comprometida. Pero no pretendimos nunca con la presencia de estas personalidades una simple puesta en escena. Como toda iniciativa de este estilo, el acto y la Declaración misma se prestaban a interpretaciones que podrían desvirtuar su sentido. Por eso el Presidente y el Director General de UNIJES, el jesuita Jaime Oráa y Carlos Losada, respectivamente, así como el también jesuita Julio Martínez, Rector de la Universidad Pontificia Comillas, anfitriona del acto, dejaron claro que no se trataba de presentar una alternativa política o una plataforma para ello, ni se buscaba ningún tipo de oportunismo.

Volviendo a la Declaración, ¿Qué es lo que puede contribuir realmente a la regeneración de la vida pública?

Creemos que hay que huir de dos extremos que desgraciadamente abundan hoy: una sociedad que se desentiende sistemáticamente de la política y una clase política que se cierra sobre sí misma y parece ajena a lo que ocurre en la sociedad. La regeneración de la vida pública exige la política en sentido estricto pero no puede reducirse a ella. Quizás nuestra sociedad ha establecido una separación casi insuperable entre lo privado, lo público y lo político; quizás también es ahí donde radica uno de los males de nuestro mundo de bienestar. Por eso es precio recuperar la política en su sentido más profundo, pero al mismo tiempo todos tenemos que recuperar el sentido de la responsabilidad política ciudadana. Si avanzamos en esa doble dirección, es de esperar que ambas se refuercen recíprocamente. Al final todos saldremos ganando.

Para terminar me gustaría hacerle alguna pregunta sobre la Universidad Loyola Andalucía, que es ya una realidad. ¿Cómo ha vivido el proceso y el trabajo estos años?

Para empezar tengo que decir que todo lo hemos vivido en el marco de esta realidad que hemos descrito a propósito de la Declaración de UNIJES: con la ilusión de sentir que completamos y reforzamos este mapa de la presencia jesuita en el panorama universitario español, pero también con la confianza del apoyo que ese marco supone para nosotros. Poner en marcha una universidad no es tarea sencilla, y menos en tiempos como los que corren. Las dificultades han sido de muy distinto orden. Además, aunque el proyecto ya ha arrancado y es una realidad, hay que consolidarlo. Para mí estos años han sido una experiencia muy gratificante del aprecio a la Compañía en general y como institución universitaria, y de la confianza y apoyo que eso suscita en muchos ambientes. Este apoyo confiado al proyecto lo hemos experimentado en primer lugar en quienes han sido los artífices directos de su puesta en marcha: un equipo de personas que no ha ahorrado esfuerzos ni horas de trabajo, que ha puesto toda su creatividad en juego para abrir camino en una coyuntura tan complicada. Pero este apoyo lo hemos encontrado también en muchas instituciones y personas (entre ellos, muchos antiguos alumnos de ETEA), que han reaccionado con ilusión ante la noticia de que una universidad privada de inspiración jesuita se instalaba en Andalucía y nos han ayudado en múltiples direcciones.

Pero, con tantas universidades como existen hoy, ¿qué supone esta nueva universidad en el conjunto del sistema universitario andaluz? 

Yo diría que una aportación más cualitativa que cuantitativa. No aspiramos a ser una universidad con muchos alumnos, sino de mucha excelencia. Ahora bien, esta limitación cuantitativa no debe interpretarse en el sentido de que vamos a ser una universidad elitista, en el sentido de limitarnos a admitir a los más privilegiados, sobre todo en términos económicos. Yo admitiría lo de “elitista” solo si lo entendemos en relación con la calidad de nuestra formación: queremos formar personas competentes en el campo profesional que cada uno elija; pero queremos ir más allá y dar una formación humana integral, formando personas y no solo técnicos; queremos formar personas comprometidas en la transformación de la sociedad; y queremos −como no podría ser menos en una institución de inspiración cristiana− que nuestros alumnos tengan la oportunidad de abrirse y de cultivar la dimensión espiritual y religiosa de la existencia. Y todo esto, no solo a través de la docencia, sino también de la investigación y de otras formas de presencia social. Ese será nuestro criterio fundamental de selección: queremos alumnos, pero también profesores y personal en general, capaces de comprometerse con este modelo de persona. Desde ahí competiremos en el espacio universitario andaluz. Y esa es una competencia completamente leal y además −creemos− beneficiosa para todos, y tanto más en un sociedad tan postrada y sin horizontes como es nuestra Andalucía hoy.

Autor

Eusebio Borrajo

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. eborrajo@uloyola.es

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