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Ignacio Martín-Baró: ‘otro’ martir de la UCA

Todavía nos llegan los ecos de la celebración, tan significativa, del XXV aniversario de los Jesuitas mártires de la UCA (Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas»), en el Salvador. Mucho se ha hablado y escrito, con toda razón, de Ignacio Ellacuría, pero en este post vamos a tratar sobre la vida y obra de ‘otro’ de estos mártires, menos conocidos, como es Ignacio Martín-Baró SJ.

Nacho, como le llamaban sus amigos, nació en Valladolid y fue Vicerrector, jefe de departamento y profesor de Psicología de la UCA. Además de ser reconocido como uno de los más significativos científicos sociales y psicólogos de América Latina- incluso a nivel internacional-, Martín-Baró destacó, como el resto de sus compañero mártires, por su entrega, servicio y compromiso social con los más pobres y excluidos; por la defensa y promoción de la vida, dignidad y derechos (humanos, sociales…) de las personas y pueblos, para su desarrollo y promoción liberadora e integral.

El conocimiento y tarea de la psicología social de Martín-Baró se propone desideologizar la realidad, desenmascarar aquellas ‘ideologizaciones’ que encubren la verdad real, que motivan la inhumanidad, desrealizan y alienan a las personas. Esas ideologizaciones  que sumen en el fatalismo, en la pasividad y resignación ante el mal e la injusticia para, de esta forma, sostener el injusto des-orden establecido. Quiere recuperar la memoria de los pueblos, sus historias, virtudes y luchas por la solidaridad y la justicia.

Frente al mal, la opresión e injusticia, como nos enseña el maestro P. Freire, hay que promover una lectura crítica y ética del mundo, de la realidad. Con una concientización y educación-formación liberadora, solidaria y social, democrática y transformadora desde los oprimidos. Tal como nos muestran, asimismo, otros autores imprescindibles de la educación o pedagogía, junto a Freire, como L. Milani o el mismo J. Dewey. Hay que promocionar la responsabilidad y el compromiso con  todos aquellos movimientos sociales, como el de los trabajadores o los ciudadanos en general, los movimientos morales y espirituales que opten por la justicia, el bien común y el desarrollo integral de los pueblos.

Marin-Baro, una vida imparcial

Aquí destacan los estudios, más desde el punto de la psicología de la religión, de testimonios espirituales como  Monseñor Romero, arzobispo de El Salvador, con el que colaboraron estrechamente los jesuitas de la UCA. Y que, 9 años antes, había sido asesinado asimismo por su defensa y promoción de la justicia y  la vida, de la dignidad y derechos de los pobres. La religión y la espiritualidad tienen, en su misma entraña, todo un potencial humanizador  y saludable, liberador y de compromiso ético-social, como se ejemplifica en el testimonio de Monseñor Romero. Aunque también se puede manipular por los poderes de todo tipo, y degenerar en deshumanización, alienación y fatalismo, resignación ante al mal e injusticia para mantener (naturalizar) el des-orden injusto establecido, complementando las perspectivas con la sociología de la religión.

Como se observa, la vida, obra y epistemología de Martín-Baró no es neutral e imparcial. Como se ha estudiado, lo más valioso y cualificado del pensamiento, de las ciencias sociales y psicología supone una antropología y filosofía subyacente. El optar y comprometerse por una serie de claves, valores y principios éticos-políticos y espirituales. Tales como la solidaridad, la justicia y liberación integral de los pobres. Lo cual no está reñido con la objetividad, ni mucho menos, al contrario. Ya que como es imposible la neutralidad científica e intelectual, el mismo conocimiento, que siempre está envuelto en un marco filosófico-antropológico y ético, lo honrado y coherente es explicitar las claves, los valores y criterios morales que están de fondo. Y, de esta forma, optar por la justicia, el desarrollo liberador y la fraternidad desde los pobres, en una psicología y ciencia social con conciencia, con aliento ético, social y liberador. Ya que no es lo mismo ver la realidad desde un lugar que desde otro, desde la víctima y los pobres que desde quien oprime y maltrata.

Como decía Adorno, el sufrimiento es la condición de verdad, y no querer reconocer ni asumir el sufrimiento e injusticia que padecen los oprimidos: es falsear la realidad; es negar la verdad real de la opresión y deshumanización que padecen las personas. De ahí que haya siempre que contextualizar e historizar el conocimiento, la psicología y la ciencia social. Los problemas psicosociales como la salud y la violencia, la pobreza o la marginación-exclusión, etc. hay que enmarcarlos en la realidad social e histórica, en las inter-relaciones e  ideologías,  en las estructuras sociales y sistemas económicos-políticos que favorecen o impiden el desarrollo liberador e integral de los pueblos.

Marín-Baró propuso así una ciencia social y una psicología realmente humanista, humanizadora y personalista, crítica y ética, política, liberadora y espiritual. Sustentada en una filosofía y antropología global que promoviera el bien común, el desarrollo integral y liberador desde (con) los pobres de la tierra. Para Martín-Baró, como para su compañero Ignacio Ellacuría, el bien común, el conocimiento y la verdad no solo es un asunto meramente teórico e intelectual. Sino que se realiza en la praxis histórica y ética, social y liberadora con los pueblos empobrecidos que sufren la injusticia e inhumanidad, frente a todo lo que impide su desarrollo integral.

Es el principio miseri-cordia, llevar la miseria del otro, del pobre, al corazón humano, que es la sede de lo más profundo y vital de las personas. Es la memoria passionis, subversiva, la cultura y ética de la compasión con el sufrimiento e injusticia, la gran olvidada en lo peor del pensamiento y conocimiento de la modernidad. Como nos enseña asimismo todo esto, insistentemente, J.B. Metz. Es la inteligencia social, ética y espiritual que no solo busca conocer de manera intelectiva, sino de forma real, verdadera. El conocimiento e inteligencia que busca la verdad real en el amar y practicar la justicia con los pobres, en promover la vida y la liberación integral en la realidad socio-histórica; en el principio-esperanza y futuro de los pueblos que buscan la justicia, el desarrollo y la liberación integral. Es la mayéutica histórica que alumbra la vida de los pueblos, que promueve la vida de las personas y comunidades frente a la cultura de muerte y sus estructuras injustas. Una filosofía de la natalidad, que con el alumbramiento de la vida suscita un nuevo horizonte y proyectos de futuro, nuevas esperanzas e ilusiones, en la senda de H. Arendt.

El martirio de Martín-Baró  por promover el desarrollo integral y la justicia con los pobres: es el mejor testimonio de que su conocimiento e inteligencia eran verdaderos, coherentes con lo más profundo de lo humano y del espíritu. El testimonio, la santidad más plena del mártir por la fraternidad y la justicia con los pobres, es quien mejor atestigua la verdad real. Es lo verdadero de la realidad y la felicidad en el amor, servicio y solidaridad entregada, para que otros tengan vida, en el compromiso social y militancia por la verdad en la justicia con los pobres.

Fue la última y mejor lección del maestro Nacho. Es, para la fe, la sabiduría, el conocimiento y verdad que se revela en plenitud en el Dios-Crucificado, Jesús a quien siguió hasta entregar la vida como Él, y en los pueblos crucificados por la injusticia, en la pascua liberadora del amor y la justicia con los pobres. El dinamismo y vigor de la Ciencia del Crucificado y de los crucificados, la debilidad y la esperanza liberadora de los pobres de la tierra, de las víctimas de la historia, contra toda des-esperanza e infelicidad.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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