La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija cuenta con variedad de estilos y épocas.

Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva

La construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva comenzó en la segunda mitad del siglo XIII, y fue teniendo posteriores reconstrucciones y añadidos hasta el siglo XVIII. La principal ampliación tuvo lugar en el siglo XVI. Es, por tanto, una edificación cargada de historia, que conserva partes de cada una de las épocas en que fue reconstruida.

Por citar alguno de los datos más importantes, los tramos de la iglesia se compartimentan por medio de arcos de herradura apuntados, que se apoyan sobre pilares a los que se adosan columnas de piedra y ladrillo, con una serie muy interesante de capiteles decorados con motivos de inspiración románica, gótica y almohade.

Esta enorme variedad de épocas y de estilos en la construcción de esta iglesia la hacen una de las más interesantes en su conjunto arquitectónico.

Variedad de estilos en la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva

Tanto el retablo mayor como los demás de esta Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva muestran la misma variedad de estilos y épocas, todos dentro de una riqueza significativa.

El retablo mayor destaca entre todos: es una obra del gran artista Alonso Cano (1601-1667): esta obra la realizó entre 1629 y 1631, sucediendo a su padre, Miguel Cano, que fue el artista escogido.

Alonso Cano aplica una nueva manera de concebir la gran estructura arquitectónica, apartándose de las fórmulas clasicistas desarrolladas por Juan Martínez Montañés, según indica el Prof. Hernández Díaz. El mérito de Alonso Cano está en un nuevo concepto estructural y decorativo, que empezó el jesuita Alonso Matías en el retablo mayor de la iglesia de la Anunciación en Sevilla.

Las pinturas para esta obra fueron hechas por el artista Pablo Legot (1598-1671), que también se encargó de la policromía del retablo.

En el camarín central está la gran imagen de la Virgen de la Oliva, de Alonso Cano. Dos grandes imágenes de San Pedro y San Pedro coronan el retablo, que en su centro culmina con una escultura impresionante de un Crucificado, atribuida a José de Arce (escultor flamenco que muere en Sevilla en 1666).

No cabe duda que este retablo de Lebrija es uno de los más grandiosos de la Archidiócesis de Sevilla, en el que se han reunido grandes artistas para realizar esta obra que enriquece la iglesia de Nuestra Señora de la Oliva.

Autor

Fernando García S.J.

Jesuita. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. En 1956 marcha a Japón, en donde es profesor de Historia del Arte Oriental en la Universidad Sophia (Jochi Daigaku) de Tokio. Es Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, y Académico Correspondiente de la de Bellas Artes de Cádiz y de la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez. En 1993 le fue concedida por el Emperador de Japón la cruz de la "Orden del Tesoro Sagrado, con distintivo de Rayos Dorados y Rosetas". En la actualidad es Delegado Diocesano del Patrimonio Histórico-Artístico de Sevilla.

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