Comunidad Universitaria

Este es el texto de la Homilía de la Eucaristía que, con motivo del Comienzo de Curso 2014-2015, ofreció Fernando Arjona SJ en el campus ETEA Córdoba de la Universidad Loyola Andalucía.

Por su interés, la ponemos a tu disposición: 

Esta mañana nos reunimos para compartir la fe y tomar conciencia de la presencia de Dios en medio de nosotros. Comenzamos el nuevo curso poniéndolo en sus manos, para que bendiga nuestro trabajo y nos ayude a dar el fruto que Él espera de esta Universidad. Por eso, siguiendo la tradición de la Iglesia, pedimos de un modo especial la venida de su Espíritu, que entre otras cosas es fuerza, sabiduría, capacidad de entender, ciencia[1]

Pedimos que genere Vida con mayúsculas de nuestro saber, de nuestras búsquedas, de nuestras cualidades y capacidades, de los grandes o pequeños proyectos… y también de nuestras torpezas y limitaciones, de los errores y fracasos. Envía tu Espíritu, Señor, sobre todos nosotros en este curso que ahora comienza.

Desde la fe nos sentimos Comunidad Universitaria, porque donde está el Espíritu de Dios se genera comunidad; que es mucho más que la suma de intereses. Comunidad es un modo de estar, de vivir, de mirar la realidad, de compartir alegrías e ilusiones, y también de sostenernos en los momentos difíciles que a todos nos llegan.

Comunidad es creer que no sólo Dios está con nosotros, sino que es Él quien nos convoca y, porque lo reconocemos en el centro de este “equipo”, necesitamos crear un ambiente de familia que posibilite vivir la fraternidad del Reino aquí y ahora, entre las aulas, jardines y pasillos. Ojalá seamos capaces de conseguirlo frente a las rencillas, rivalidades y “egos” propios de todo grupo humano que no se deja unir y orientar por el Señor.

Esta mañana, abriéndonos a la presencia y al actuar del Espíritu, renovamos nuestro deseo de ser Comunidad Universitaria. Y así es como oramos a comienzo de curso, todos juntos, desde la pluralidad que significa la Universidad como diversas eran las tareas de la comunidad de Corinto a la que Pablo se dirige en la primera lectura[2]: también nosotros somos un solo cuerpo con muchos miembros, con diversas sensibilidades y capacidades que aportar unos a otros: el alumnado, el Personal de Administración y Servicios, el Profesorado y el Personal Investigador, pero también las familias, los proveedores, las instituciones, empresas y universidades con las que colaboramos.

Más aún, reconocemos como parte de nuestra Comunidad a toda la sociedad cordobesa y andaluza desde donde somos y nos comprendemos, y al mundo entero al que aspiramos servir con nuestro trabajo. Muchos miembros formando un solo cuerpo que hoy se reúne en torno a la Mesa del Señor con el corazón y la mente abiertos, pidiéndole que nos envíe su Santo Espíritu para multiplicar nuestro esfuerzo cotidiano y que, además, lo hagamos “a su modo”.

Acudir cada mañana al Campus no es solamente venir al trabajo o estudiar la carrera que nos permita vivir bien; como creyentes concebimos nuestra presencia en la Universidad en clave de Misión. Hemos sido llamados, y se nos ha confiado una tarea con una finalidad que va más allá de nosotros mismos, nos trasciende: creemos firmemente que, como en los casos del Profeta Isaías y también de Jesús de Nazaret, “El Espíritu del Señor está sobre nosotros y nos ha ungido”[3] para algo grande.

Dios se ha fijado en cada uno para que, con nuestro trabajo diario, seamos portadores de una Buena Noticia que libere de tantas esclavitudes, individualismos y violencia como oprimen a la Humanidad, una Buena Noticia que abra los ojos y devuelva la dignidad a cada persona en cualquier punto del planeta. Ésa es nuestra tarea, lo que pretendemos con las largas horas de estudio y trabajo, ésta es la finalidad de la Universidad Loyola Andalucía.

Permitidme que insista: mirándonos con ojos de fe no somos nosotros los que optamos por la Universidad, sino Él quien nos llama a compartir su proyecto, ¡es el Señor quien nos ha traído hasta aquí! Creemos que hemos sido invitados, y aceptamos libremente su oferta a vivir desde el servicio porque reconocemos que así, y codo a codo con Él, es como tiene sentido nuestra vida. Eso es la vocación, nuestra vocación universitaria, porque solamente servir al ser humano puede ser la llamada de Dios para la Universidad Loyola Andalucía.

Tomando el testigo del Señor Jesús, el Espíritu de Dios está con nosotros para compartir su Misión de liberar, abrir los ojos y ser anuncio de Buena Noticia. Claro que con ésta se colabora en los voluntariados, a través de la participación en el Proyecto Baraka o desde la Fundación ETEA para el Desarrollo… pero no solo: también en los despachos, oficinas y en la Biblioteca, preparando clases o exámenes, en los distintos servicios y departamentos, atendiendo el teléfono o pasando la mopa, servimos esta Misión del Señor.

Todos, desde nuestras capacidades distintas y complementarias, pero unidos como un solo cuerpo conformado por diversos miembros. Éste es el encargo que el Señor nos confía a toda la Comunidad Universitaria, desde quien abre la cancela por las mañanas hasta el Rector, desde el que nos acoge con una sonrisa tras la barra de la cafetería o siega el césped hasta quien se encuentra inmerso en un valioso proyecto de investigación con el que poder hacer la vida más digna -más justa y solidaria- a los hombres y mujeres con los que compartimos la existencia, especialmente a los más desvalidos. “El Espíritu del Señor está sobre nosotros”, sí, y nos ha ungido para anunciar que la existencia avanza hacia parecerse cada vez más al mundo que Dios sueña, verdadera fraternidad.

La perícopa del Evangelio termina diciendo que tras proclamar Jesús en la Sinagoga el texto del Profeta Isaías todos tenían los ojos fijos en Él, y ante sus miradas Él les anunció “hoy se cumple esta Escritura”. Que éste sea el modo con que afrontamos el curso, esa mirada contemplativa que permite ver la realidad desde los valores del Evangelio, un estilo de realizar nuestro trabajo universitario que es capaz de reconocer ese algo nuevo que está germinando… y, teniendo los ojos fijos en el Señor que sale al encuentro de cada ser humano, comprendernos como parte de ese proyecto –su Misión– para el que cuenta con cada uno de nosotros. ¡Hoy, a principio de este curso académico, se cumple esta Escritura en la Universidad Loyola Andalucía!

Fernando Arjona, SJ

 


[1] Los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios (que no significa, ni mucho menos, temer a Dios)

[2] 1Cor 12,3b-7.12-13

[3] Is 61,1-4 y Lc 4,14-22a

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