La caja de herramientas del mediador para aplicar en la resolución de conflictos.

La caja de herramientas del mediador

Para los amantes de la mediación es básico contar con una completa “caja de herramientas del mediador” (técnicas o habilidades le llaman), que les permita realizar con éxito las diferentes tareas cuando entramos a conocer el conflicto.

Por eso, siempre he defendido en mis cursos de formación, que nos sintamos “artesanos”, carpinteros de las relaciones humanas. De ahí, que me permita elaborar una lista con los elementos básicos e imprescindibles en toda caja de herramientas que se precie y que todos debemos tener en nuestros despachos de mediación.

A grandes rasgos, una completa caja de herramientas para el bricolaje de los “sentimientos, con las que atender el conflicto a reparar, se compone de numerosos utensilios cada uno de los cuales abarca diferentes tipos de intervención y una utilidad específica. Vamos a clasificarlos y, con ello, ver la similitud con nuestro trabajo, día a día, en la gestión de los conflictos.

Caja de herramientas del mediador

Me gustaría que me ayudarais a “enseñar” estos utensilios.

Herramientas del mediadorDestornillador. Existen diferentes tipos de destornilladores y, por tanto, es importante tener un surtido de cada uno de ellos en sus diferentes medidas. De esta forma, siempre tendrás uno que se adapte correctamente al trabajo de que se trate.

Saber cuando nos encontramos en un conflicto, explorar a las personas, puede suponer “sacar” hacia fuera cual ha sido el verdadero detonante del conflicto. Cual es el tornillo que está incrustado y no nos deja “reparar”, “lijar” y “reponer”.

Tienes que tener en cuenta que, si no coincide, puedes hacer que ceda el cabezal a atornillar y, por tanto, quede inutilizado el objeto. Así cada caso ofrece un “destornillador” distinto: de estrella, punta plana o grosor. Los mediados, por tanto, tienen derecho a que les apliquemos el correcto.

Atornillar y desatornillar, apretar o aflojar en mi pretensión o respecto al otro, es algo que veremos en el comienzo de las sesiones, incluso hasta el final de las mismas. Se “atornilla” la postura propia, manteniendo la que creemos nos beneficia y, sin embargo, se pretende “desatornillar”, aflojar, hacerle ceder, al otro en sus demandas o posicionamiento.

Taladradora / Atornilladora. A una taladradora / atornilladora se le puede acoplar diversos accesorios, como por ejemplo: discos de lijar, de pulir, etc… Con los que es posible hacer más trabajos aparte de agujerear y atornillar. Sólo hay que tener en cuenta la potencia de la máquina para determinados trabajos.

La taladradora puede servir para aplicar primero el disco de pulir o la lija, según cada caso, donde quitamos durezas y asperezas al conflicto con seducción, los asuntos accesorios, terceros que interfieren y que pueden dañar el resultado final ( acuerdo). Una vez limpia la zona y creado el ambiente propicio de colaboración mutua es posible hacer el agujero que entre el fondo del conflicto ( rencores pasados, visitas o pensión de hijos, bienes a liquidar, desconfianzas profundas).

Herramientas del mediadorMartillo de carpinteroTodos los martillos de carpintero se caracterizan por tener una peña más delgada, con la utilidad de clavar el principio del clavo en la madera. Una vez se sostiene el clavo solo y no hay peligro de que se tuerza se puede terminar de clavar con la parte más contundente (bordón).

Es difícil decir que un martillo nos pueda ayudar en un proceso de gestión de un conflicto, pero me atrevo a proponer el “acierto”, cuando estamos explorando los sentimientos de las personas que tienen el conflicto y como tenemos que insistir “martilleando una vez y otra”, en lo que verdaderamente va a conseguir co-construir su solución. Necesitamos “dar un golpe certero” para que no se desvíe.

Las tenazas y la “tenacidad no están reñidas en la mediación. Efectivamente, con ellas podremos construir una “historia nueva” porque trataremos de sacar aquello que no interesa. Me gustaría también dar una oportunidad a aquello que sacamos con las tenazas, porque si bien en un momento no sirvió, si hemos logrado poder sacarlo sin causarle daño, lograremos poderlo utilizar si fuera necesario después.

Llave corrediza inglesaTiene la peculiaridad de que se puede ajustar a diversos diámetros de tubos, gracias a su abertura “de cremallera”. Además, tiene la boca dentada para que no resbale al apretar o aflojar.

Gracias a la peculiaridad de la herramienta me puedo adaptar a cualquier tipo de diametro haciendo su abertura más grande o pequeña, abriéndola más o menos según la pieza que tenga que apretar. Que es pequeña, cierro un poco más, que es grande, abro, en definitiva la adapto según la necesidad. Me suena a mediación porque analizando el conflicto y a las personas voy a adaptarme y utilizar las técnicas adecuadas para cada momento y sabré cuando tengo que abrir más, o al contrario, cerrar.

Herramientas del mediadorAlicates universales. Permiten realizar multitud de trabajos ya que son un “mix” entre las tenazas, la llave inglesa y los alicates planos. Tienen la punta dentada para sostener fuertemente cualquier objeto independientemente de la forma y además sirven para cortar cables eléctricos.

El alicate es una herramienta imprescindible en cualquier caja de herramientas, cumple con muchas funciones, una de ellas es la de sujetar pequeños elementos, partes, materiales, etc. El mediador puede utilizarla para contener ciertas actitudes, para sostener el proceso y que así no se le escape.

Pero además el alicate es usado en electricidad para pelar los cables y poder unir los conductores y crear conexiones, es decir, herramienta imprescindible para un mediador, “pelar la superficie” destapar las capas superiores, que nos impiden ver la esencia de las personas o de los conflictos, para encontrar entre ellas los elementos conductores, elementos que les conectan.

Si bien permiten realizar multitud de trabajos, es un “mix” entre varias herramientas. Como mediador, la utilizaría para sacar, usando todas sus funcionalidades, de las palabras y gestos de los mediados, la solución de y para ambos, sujetándolos y ayudándolos fuertemente a llegar a ello. También con el alicate universal, extraería los sentimientos de ellos, para que una vez cortados, no interfieran en su solución.

Llaves planas e inglesas. Las llaves planas se fabrican con una medida fija que ha de coincidir exactamente con las tuercas o pernos a apretar o aflojar. Si no coincide la medida, se debe utilizar una llave inglesa de abertura variable, ya que si no, la llave “patinaría” y se podrían redondear los bordes de la tuerca.

Esta sirve para apretar tuercas, que con la mano no podemos, y para darle una fuerza extra que no se es capaz de otra forma. Esta llave esta echa específicamente para esta situación y podemos encontrarla en diversos tamaños. Es aquí donde encuentro la similitud con la mediación.

La mediación tiene como uso especifico un conflicto, que al igual que las tuercas, puede ser mayor o menor, aunque este tamaño realmente nos lo presta las personas con las que mediamos. Por lo que la mediación sería como un proceso de apretar tuercas.

En primer lugar, la tuerca esta vacilante y sin fuerza, como la persona que acude a mediación se encuentra totalmente fuera y, realmente, no sabe ya como acatar ese conflicto. Es entonces donde el mediador-artesano, por medio de sus hábiles preguntas y experimentadas técnicas, va poco a poco enroscando el conflicto y ajustándolo, hasta que llega el momento en que aparentemente la tuerca está pegada a la superficie.

Y, por último, recordar que no es la llave inglesa (mediador) el que enrosca la tuerca, sino la tuerca (partes del conflicto) la que con ayuda de la llave inglesa (mediador) consigue enroscarse de forma duradera.

Serrucho de carpintero. Este modelo de sierra es el más convencional y el más utilizado. Se caracteriza por unas medidas muy estandarizadas, de 50 cm de largo y 8 dientes por pulgada, lo que permite cortar cualquier tipo de madera con bastante facilidad.

Tambien los mediadores pueden utilizarla en ocasiones puntuales. Nos encontraremos situaciones en las que las partes entren en insultos, descalificaciones e, incluso, episodios violentos. En estos casos, el mediador debe “sacar su serrucho de mediador” y cortar de inmediato esta situación, ya que esto no nos aporta absolutamente nada al proceso. En este sentido, el mediador debe ser firme y no permitir este tipo de comportamientos.

Cúter. Es una cuchilla provista de una empuñadura para conseguir una buena sujeción y evitar que nos resbale al cortar y podamos sufrir algún corte. Tiene la utilidad que las cuchillas son desechables y así no hace falta afilarlas. Se utiliza para cortar plásticos, papel o piezas de cuero. Desde mi humilde óptica, creo que en la primera o primeras sesiones que podamos tener con las partes en conflicto, va a ponerse en funcionamiento nuestra intuición.

Sobre este punto deseo incidir, porque recopilar información es fundamental en el proceso de mediación, pero también lo es que no se eternice. Inevitablemente, en la sesiones hay que desechar o apartar emociones negativas entre las partes, informaciones confusas, intentando que todas las manifestaciones sean lo más objetivas posibles y fructíferas. Sabemos que es difícil o muy difícil en muchas ocasiones.

En la conducción del conflicto, a mi juicio, hay que “cortar”(con el cúter) o desechar todo lo residual. Ello no quiere decir qu,e no tengamos la obligación de detectar que una trivialidad o algo material e irrelevante, sea el nudo del conflicto. Será una intuición, más que el propio razonamiento en sí, ya que son las partes las que deben encontrar la solución y cualquier razonamiento sesudo por nuestra parte puede llegar a ser erróneo, por más tiempo que empleemos en la reflexión.

Dicha intuición o intuiciones lógicamente tienen que ser inteligentes. En relación a esta reflexión, me gustaría aportar la idea de este autor, Malcolm Gladwell, quien afirma que la inteligencia intuitiva es la facultad de extraer conclusiones a partir de una pequeña selección de datos significativos no es un don: es una capacidad inherente al ser humano, que debemos tomar en serio y aprender a cultivar en nuestro favor.

Metro plegable y cinta métrica. El metro plegable puede ser de plástico o de madera y su medida es de 2 metros. La cinta métrica es una cintHerramientas del mediadora metálica enrollable, con un gancho en la punta para que se aguanta sobre el objeto a medir. Las largadas son variables y van desde los 2 a los 10 metros y está provista de un sistema para evitar que se enrolle involuntariamente.

Yo tomaría el metro al principio de cada sesión de mediación para medir la distancia existente en el desencuentro, discrepancia, desacuerdo o desencuentro, entre las partes en conflicto. Si la toma de “medida” disminuye respecto a la tomada en la primera sesión, es señal de que se está en el buen camino y es posible el acercamiento final. Si por el contrario las distancias no se acortan, incluso que crecen, es cuestión de pensar en cambiar la estrategia o desistir. Así pues el metro y su uso debe ser, como para el carpintero, una herramienta fundamental para el mediador.

Con el metro puedes “medir” las circunstancias anteriores para llegar al conflicto, esa radiografía del conflicto que debemos hacer al iniciar una medición. El metro nos va a permitir medir hasta donde tengo que llegar para encontrar el “conflicto”. Habrá ocasiones que con poca cinta llegue al conflicto y, otras muchas, que aún utilizando los dos metros que me permite medir, no llegue al “conflicto” y tenga que seguir midiendo.

Escuadra. Para marcar y hacer cortes en ángulo totalmente recto, la escuadra es la herramienta ideal.

La escuadra suele emplearse apoyándola sobre una regla o un cartabón para trazar líneas que confluyan en un punto común, con lo cual obtenemos una perspectiva. Si trasladamos ese uso de la escuadra al ámbito de la mediación, veremos que el punto común en el que confluyen finalmente todas las líneas, es el acuerdo alcanzado en la gestión del conflicto. Ese punto común no existía antes de hacer uso de la escuadra. Era un punto imaginario que estaba en la mente del mediador.

El mediador ha ido deslizando la escuadra por la regla o el cartabón hasta detenerse en un lugar concreto, desde el cual ha trazado una línea. Posteriormente, ha variado la posición de la escuadra y la ha vuelto a deslizar por la regla o el cartabón y, nuevamente, se ha detenido en un lugar, que ha considerado idóneo, para trazar otra línea que ha confluido en un punto con la anterior. Y así, sucesivamente, ha ido trazando líneas, una tras otra, haciendo confluir a todas ellas en ese mismo punto común.

El punto de partida de cada una de esas líneas ha estado siempre en la regla o el cartabón, no en la escuadra. La escuadra sólo ha sido el instrumento, que ha servido para trazar una línea recta entre dos puntos: el conflicto y el acuerdo.

Iguala. Es un listón metálico totalmente recto para comprobar si una superficie es totalmente plana. Por ejemplo: nivelar un suelo antes de enmoquetar o colocar unas baldosas. También puede servir como regla o guía.

Uno de los principios de la mediación es la igualdad de las partes, igualarlos ante y en el proceso y ante ellos mismos. Por tanto, el mediador ha de vigilar que las partes están al mismo nivel, en el mismo plano, la no existencia de subordinación de una a la otra y, si en en sesiones conjuntas, no se consigue habrá que hacer una sesión particular y darle las “instrucciones” correspondientes para que esté a la altura de su contrincante.

Con la iguala ambos mediados están al mismo nivel. Una vez obtenida la igualdad de las parte en el proceso de mediación, entraría en la lima, con la cual, poco a poco, desbastaría, limaría el problema, el conflicto, intentando llegar al fondo del mismo, al verdadero origen y lo contextualizaría para que, mediante la escuadra, fijarlo, marcarlo, lo que sería la guía a seguir en todo el proceso de mediación.

Es útil porque sirve para nivelar o equilibrar las diferencias que se vayan produciendo a medida que vamos actuando entre las partes en conflicto, es decir, si los interesados, durante la mediación se produce o vemos un desequilibrio, colocamos la regla y pegamos un golpecito con el martillo, y así, si existe alguna desproporción, se igualan (esto es lo que se hace para alicatar o ensolar, si hay un resalto, al poner la regla, se observa el desnivel y se golpea con el martillo de goma, de esta forma se van nivelando los azulejos o losetas).

Lima. En el mercado se pueden encontrar multitud de limas, para metal, madera, cuadradas, triangulares, de media caña, planas, redondas y de muchos tamaños. La más polivalente es la de media caña. Con su uso se van obturando las hendiduras de la hoja, se han de ir limpiando con cepillo metálico para que mantengan su rugosidad y poder de abrasión.

Al contrario que la lija, es una herramienta más perdurable en el tiempo y más oportuna para el carpintero, debido a la gran cantidad de tipos de lima que existen, puesto que cada una de ellas se “especializa” en una forma definida y particular. Pero a la vez tenemos una lima “universal” que es capaz de ayudarnos en un momento dado, cuando no somos capaces de encontrar esa justa que buscamos dentro de nuestra caja de herramientas del mediador.

La lima deja “el camino” más liso, más llano, quita asperezas consiguiendo apartar las “virutas”, “bordes” y “rebordes”, obteniendo así poder continuar la elaboración del proyecto que se nos presenta. Pero a la vez, la lima no altera la esencia del material que trabajamos, ya que con un simple cepillado la superficie queda limpia, podríamos decir que incluso más limpia.

Herramientas del mediadorCepillo carpinteroEl cepillo carpintero sirve para rebajar la madera, pero en capas más finas. Aunque es posible variar la profundidad del corte moviendo la cuchilla, que se fija mediante un calzo.

El cepillo de carpintero, como herramienta que sirve para desbastar la madera e ir sacando finas capas, rebajándola, quitando lo accesorio que muchas veces impide delimitar el conflicto para, después de identificarlo, poder buscar la mejor solución al mismo.

En la mediación, creo que es una herramienta que usaremos en numerosas ocasiones ya que debemos eliminar de las partes, las asperezas, irregularidades en la relación entre ellos como puede ser un desequilibrio de poder, para dejar el problema “al desnudo” (como dejaríamos la madera: en bruto y sin tratar) y poder aplicar el tratamiento adecuado, en función de lo que nos encontremos debajo de todas esas capas que quitamos, descubriendo nuevos aspectos conflictivos a medida que ahondamos en el problema. Así solucionaremos punto por punto a medida que quitamos capas.

Cerramos la caja de herramientas del mediador y algún día, cuando te vea en el camino de la mediación, te la regalaré para que la uses allá donde la demanden.

Javier Alés, carpintero y mediador de profesión (con la colaboración inestimable de las opiniones vertidas por mis alumnos/as de cursos de formación).

Autor

Francisco Javier Alés

Abogado y Mediador, Director de la Escuela Sevillana de Mediación desde el año 2007, es Asesor y Delegado en Andalucía del World Mediation Forum, y Embajador de la Paz de la Fundación Argentina CERECO. Se incorpora a la Universidad Internacional Loyola Andalucía como Director del Foro Internacional de Mediadores Profesionales.

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